Paraíso escondido en el río Filo Hua Hum

A 58 kilómetros de San Martín de los Andes se encuentran un castillo que imita a otro del siglo XV y una estancia con camping
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28 de enero de 2003  

SAN MARTIN DE LOS ANDES.- Está en el medio del Corredor de los Lagos, pero alejado de los mochileros que trajinan el camino.

El lago Filo Hua Hum es un miniparaíso para el amante del bosque, el verde, la tranquilidad y la pesca. A 58 kilómetros de esta ciudad es un buen lugar para pasar el día, alojarse en una de las dos estancias turísticas de la zona o acampar junto al espejo de agua transparente.

Hay que alejarse del camino de los Siete Lagos, por la ruta 63, hacia el paso Córdoba, camino a Confluencia y a Bariloche, y 30 kilómetros de ripio después, una señal del Parque Nacional Lanín indica el acceso al río Filo Hua Hum y más allá, al lago. Quedaron atrás el cielo nublado y el viento cortante que sopla aquí. Esta es una zona casi virgen, templada por el sol.

Camping con radio VHF

Casi al final del camino se llega al lago, donde funciona el camping. Scarlett Easman, a cargo del lugar, no para un minuto. La enérgica angloargentina se encarga de todo: atiende la radio VHF (único lazo con el resto del mundo), la proveeduría de troncos, adornada con astas de ciervo, y a las familias que acampan aquí. "Tenemos carne de la estancia. El jueves carnean, así que avísenos qué va a necesitar", informa.

La estancia Tres Lagos, donde funciona el camping, es una enorme propiedad de 12.000 hectáreas de los Fernández Beschtedt sobre dos parques nacionales, el Lanín y el Nahuel Huapi. Ellos tienen cuatro cabañas de lujo que componen el lodge . Los pescadores extranjeros pagan 230 dólares por día, con las comidas incluidas. Los argentinos, 100 dólares.

Para el camping, en cambio, bastan cuatro pesos por persona por día. Para comerse un asado al mediodía cobran 5 pesos por el uso del fogón, la parrilla y las mesas y sillas, por supuesto de troncos. El rincón secreto ya fue descubierto. Hay 33 acampantes que se distribuyen en medio del bosque, junto al lago, donde no dejan navegar embarcaciones a motor y sólo se puede pescar una trucha diaria.

Carlos Pescader y su esposa, María, junto a Elisa, Inés, Andrés y Facundo, se alojan aquí. Profesores de la Universidad del Comahue, en General Roca, eligieron la tarde para hacer tortas fritas al calor del fogón a leña. Ellos se enteraron del lugar por amigos, como funciona la comunicación en la Patagonia, de boca en boca.

Libre de estrés en cinco días

El ingeniero Alejandro Bechis, de Martínez, y su esposa están acampando un poco más allá. Cinco días aquí alcanzarán para desestresarse.

El lugar sedujo a empresarios o nobles alemanes y de otros países de Europa central, que se afincaron aquí tras comprar sus estancias. Rupert von Haniel y su esposa acaban de concluir la construcción de un castillo, similar al que tenían en Europa, en su estancia Lemu Cuyen (Bosque de luna). La imponente mansión, edificada sobre los planos de una fortaleza románica del siglo XV, con tejas negras, se ve desde la ruta, enmarcada por el lago y el río. Se alza sobre tres plantas y dicen aquí que está decorada con muebles del 1500. También es posible alojarse en la estancia. Hay 12 cabañas, con precios que varían entre los 120 y 180 pesos diarios, para 6 u 8 personas, respectivamente. La cocina es a leña y provee, además, el agua caliente, informa Catalina Morello, encargada de la administración. No quedan plazas disponibles, pues familias de Buenos Aires, Córdoba y Mar del Plata ya las ocuparon. Hay tres ríos (Filo Hua Hum, Meliquina y Caleufú) y dos lagos (Hua Hum y Meliquina) para recorrer sin salir de la estancia; es lo que grandes y chicos hacen, a pie o a caballo.

Se trata de una gran explotación forestal de unas 4000 hectáreas, la mitad de ellas, con pinos. Es una inversión sólo comprensible en la mentalidad de un europeo que sembró pinos para verlos en su plenitud, talarlos y generar divisas dentro de 30 años, para que las disfruten sus hijos. Así lo hizo en su otra mansión, de Australia. Los hijos serán los que vuelvan a plantar para sus sucesores. El empresario tiene dos pasiones en su vida, "bailar y plantar pinos", según sus amigos.

De regreso a San Martín de los Andes, es imposible no tentarse con una parada en el río Meliquina. Como lo hizo la familia chilena de Juan Ignacio Jirozo. Son seis chicos y el matrimonio, uno de los tantos chilenos que se animaron a cruzar la Cordillera, atraídos por el favorable tipo de cambio. Los chicos pescan, corren y el padre prepara sándwiches para un batallón en la caja de su camioneta.

El lugar está creciendo sorprendentemente. Nuevas casas aparecen esparcidas contra la montaña todos los meses y se respira un aire fundacional, como de nacimiento de un nuevo pueblo.

El camino de regreso sigue bordeando estancias, como la San Jorge, del príncipe alemán Jorge Von Waldburg Zeil; pasa frente a Parque Diana, la estancia de Fernando de Santibañes, jefe de la SIDE durante el gobierno de Fernando de la Rúa, y la residencia de la familia de Alfredo Yabrán, El Viejo Botín. Dejado atrás el ripio, el asfalto de los primeros kilómetros del camino de los Siete Lagos, el viento fuerte y el cielo nublado indican que se está de regreso en San Martín de los Andes.

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