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El paisaje jujeño oculta otro Valle de la Luna

Además del famoso sanjuanino, hay uno en el Norte
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7 de febrero de 2003  

SAN SALVADOR DE JUJUY.- El paisaje, ora llano, ora suavemente ondulado, se parece a las sierras de Balcarce o de Tandil. O bien al sur de Córdoba. Colinas por acá, alguna montaña más allá. Y un camino que se pierde en la lejanía.

El escenario hace olvidar al viajero que en realidad está circulando a más de cuatro kilómetros sobre el nivel del mar. Y que las colinas son formidables montañas de 5000 metros de altura, o más.

También la toponimia regional suena inusual para los oídos del forastero: Cara Cara, Vizcachayoc, Chajarahuaico y Coipayo son nombres del idioma quechua, que aquí casi todos los pobladores entienden, y muchos todavía hablan.

Es la Puna jujeña. Terruño de extremos. Ese altiplano donde raras veces una nube se atreve a eclipsar el sol pues se dan apenas 40 jornadas por año con cielo cubierto. Y una atmósfera cuya sequedad corta los labios y raja la tierra. A través de este paisaje casi irreal serpentea un camino de ripio partiendo de Abra Pampa en dirección al Monumento Natural Laguna de los Pozuelos. Pasa por Tanquiches y Abra Moreta para cruzar el curso del Colquimayo.

Luego vienen Rinconada de Oro, que queda a un costado del itinerario, la altísima Abra Fundiciones y por fin Liviara, en una encrucijada de caminos.

Pueblo joven

Liviara tiene apenas cinco años. Nació de la iniciativa de un hombre que se empeñó en obtener tierras, créditos, ayuda, subsidios, donaciones. En muy corto tiempo el vecino Santiago Trejo logró que se construyeran sala de primeros auxilios, puesto policial, sala comunal, escuela y varias casas de material, y que la calle principal del incipiente pueblito se convirtiera en un bulevar con árboles. Hay también una fonda combinada con almacén de ramos generales.

El GPS (aparato para el sistema de navegación satelital) colocado sobre el tablero de instrumentos de la 4x4 marca exactamente 3943 metros sobre el mar. Es una clara advertencia al viajero de no sentarse a pedir una milanesa a caballo con papas fritas pues lo indicado es ingerir algunas galletitas y un poco de té dulce, nada más. Por aquello del apunamiento, el temible mal de las alturas que en estos parajes puede atacar al más robusto.

Liviara, que aún no figura en las cartas viales, es una importante bifurcación de caminos.

Tres en uno

Por aquí pasa la ruta que de Abra Pampa se dirige al establecimiento minero Pirquitas, y se abre el desvío que conduce a poblados perdidos como Cusi Cusi, Paicone y San Juan de Oro. No existen cartas viales con distancias en estos pagos. Las consultas que uno formula a los lugareños tienen por únicas respuestas los tiempos de viaje: dos, tres horas, medio día.

Hay que seguir este solitario desvío para alcanzar la región limítrofe con Chile y con Bolivia cuyo punto compartido es el volcán Zapaleri.

El recorrido rodea en amplio círculo la prominencia mayor de toda esta comarca: el cerro Granados. Un estrato volcán de casi 5700 metros a cuyo cráter le falta una porción, que seguramente voló en la última gran explosión. La leyenda dice que el cono primitivo fue proyectado a gran distancia y cayó al sur de la laguna de los Pozuelos, como a 50 kilómetros de distancia: es el Pan de Azúcar. El Granados queda ahora siempre a mano izquierda y sirve como hito de orientación inconfundible. Casi no existen carteles indicadores, pero de todos modos los pocos que hay llevan leyendas extrañas: Guari Huasi, Palca Huasi, Viscachani, Quiopujio, Totorayoc. Media hora, una hora ha pasado desde Liviara.

Muchas viviendas y escuelas de la región tienen paneles solares y a menudo un invernadero. En el campo hay llamas y ovejas en abundancia.

La sorpresa

No puede faltar mucho para Cusi Cusi. De repente los sentidos se estremecen ante una vista grandiosa. Un cartel con una cámara fotográfica pintada reza Valle de la Luna . Pero por la tonalidad de las formaciones rojizas debería llamarse Valle de Marte.

Las cámaras de los sorprendidos turistas entran en acción; zumban las filmadoras. Es un día radiante, cerca del medio día, y Febo se encuentra en posición inmejorable bañando la amplia hoyada en su coloración más viva posible.

¡Vaya sorpresa! En medio de este paisaje de volcanes, de efluvios de lava negra y gris, de riscos de basalto y de arenales, ¡semejante poema polícromo!

Sin embargo, para presenciar este espectáculo es imprescindible enfrentar y resistir la falta de oxígeno. Es que la Puna impone severas restricciones, y por este solo hecho no serán en el futuro muchos los turistas que se atrevan a encarar esta excursión.

La sesión de fotografía resulta de todos modos un buen descanso para todos. No demasiado lejos ya, aguarda Cusi Cusi. Allí conviene tomarse un tiempo antes de emprender el regreso. Hay que bajar con tiempo a Humahuaca, a fin de poder dormir mejor a menor altura. Y soñar con esta maravilla que es aquel valle de los mil colores.

Cómo llegar

El Valle de la Luna se encuentra en el paraje Matancillas, próximo a la localidad de Cusi Cusi, en la Puna de Jujuy. Se accede desde Abra Pampa, que dista 1923 kilómetros de Buenos Aires por la RN 9. De Abra Pampa son 52 kilómetros -todo por ripio- por la RP 7 hasta el cruce de Ciénaga Grande, y de aquí otros 36 kilómetros por Abra Fundiciones (4333 msnm) hasta Liviara. Por fin a partir de esta localidad se recorren otros 32 kilómetros atravesando caminos provinciales sin nomenclatura en dirección a Cusi Cusi.

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