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Una comedia sobre la transexualidad

"Adelante mi coronel", de Bricaire y Lasaygues. Intérpretes: Rodolfo Ranni, Silvia Montanari, Antonio Grimau, Romina Gay y Pablo Saile. Escenografía: Roberto Almada. Dirección: Santiago Doria. Duración: 85 minutos. En el Neptuno. Nuestra opinión: Bueno
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6 de enero de 2001  

MAR DEL PLATA (De nuestra enviada especial).- En tiempos donde la genética ha hecho posible la inconcebible fantasía de "Frankenstein", creada por Mary Shelley, ya no extraña que el cambio de sexo sea una moneda corriente y cada vez más accesible.

La transexualidad, hoy una realidad, remite a una técnica quirúrgica y a un cambio hormonal que permite a un hombre convertirse en mujer. Lo difícil de imaginar es que una mujer pueda transformarse en hombre y mucho menos que este "nuevo" hombre llegue a ser un miembro de las fuerzas armadas norteamericanas.

Este es el punto de partida de esta obra de Bricaire y Lasaygues, conocida originalmente como "Masculino singular". Más allá de la originalidad del tema, la propuesta revela las complicaciones que podría acarrear en cualquier familia el hecho de que una esposa y madre se transforme en un representante del sexo masculino.

El "qué" está planteado. Ahora el "cómo" lo desarrollaron los autores, o los traductores, es otra historia.

Es una comedia livianísima donde las acciones dibujan una sola situación, apoyada fundamentalmente en los diálogos. Bricaire y Lasaygues no plantean un desarrollo más profundo que hubiera enriquecido la pieza, sobre todo cuando hay características de los personajes que así lo permiten. Porque para un hombre que se considera viudo, porque su esposa desapareció un día y nunca más se la volvió a ver, encontrarse 25 años después frente a ella, transformada en hombre y militar, puede dar lugar a mil y una situaciones disparatadas.

Pero si este señor, en vísperas de una nueva boda, además es un político de renombre, la situación puede volverse muchísimo más complicada que en "La jaula de las locas", por ejemplo. En cambio, esta propuesta se queda con el trazo grueso de la historia y no se permite bucear un poco más en las vidas de estos personajes, sobre todo cuando en este lío también está sentimentalmente involucrada la amiga íntima de la ex mujer.

Sin demasiados riesgos

Si bien, como comedia, "Adelante mi coronel" aporta un leve entretenimiento, las actuaciones logran superar las debilidades estructurales. Frente a Rodolfo Ranni, con una presencia escénica que logra llenar baches y un oficio que le permite mostrar su labor de comediante sin demasiados esfuerzos, se encuentra Antonio Grimau en el papel del coronel. Y aquí se encuentra uno de los sostenes de la pieza, porque, en la composición, Grimau recurre a sutilezas que le permiten escapar de la caricatura burda y facilista con que lo tienta el personaje. Mesurado, con pequeños gestos, el actor consigue un resultado verosímil y convincente.

Silvia Montanari es otra actriz que se ve muy cómoda sobre el escenario a la hora de hacer lucir la comedia, en consecuencia el público encuentra en estos referentes una respuesta a sus expectativas.

A ellos se suman los juveniles Romina Gay y Pablo Saile, que sobrellevaron bien lo poco que les permitió el papel.

Santiago Doria, desde la dirección, sacó la comedia a flote al apostar a la prolijidad, a la ductilidad de los actores y a una atractiva escenografía. No mucho más.

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