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AFA: 110 años

La entidad que rige al fútbol argentino celebra hoy un nuevo aniversario en medio de numerosos logros deportivos; la rica historia comenzó con el sueño del profesor inglés Alejandro Watson Hutton y llega hasta el prolongado mandato de Julio Grondona
Daniel Meissner
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21 de febrero de 2003  

Cuando Alejandro Watson Hutton, un estricto profesor británico del English High School fundó el Buenos Aires Football Club dentro de la misma entidad educativa, dio el puntapié inicial. El siglo XIX vivía su crepúsculo y el que sería el deporte más popular de la Argentina empezaba a mostrar síntomas de orden.

Así nació, el 21 de febrero de 1893, la Argentine Association Football League y el propio Watson Hutton fue su primer presidente. Un “inglés loco”, de acuerdo con los comentarios de la época, ya que según muchos, su fanatismo por el creciente deporte lo hizo importar pelotas de cuero desde Inglaterra para “profesionalizar” a los entusiastas.

Diez años después, el novel emprendimiento mutó su nombre por el de Argentine Football Association, y en 1902, frente a Uruguay, se presentó por primera vez el seleccionado albiceleste con una contundente victoria: 6 a 0. El siguiente paso fue afiliarse a la FIFA; eso ocurrió en 1912, cuando el fútbol argentino, aún poblado de apellidos ingleses, empezaba a ganarse respeto en el mundo.

Lo que siguió fue una sucesión de cambios de denominaciones que no aportó mucho. Finalmente, tras una fusión concretada el 3 de noviembre de 1934 entre la Liga Argentina de Football y una asociación de jugadores amateurs y profesionales, se llegó al actual nombre: Asociación del Fútbol Argentino. Su función es la de organizar los campeonatos, fiscalizar los reglamentos e impulsar la competencia del equipo nacional en cada certamen organizado por la Confederación Sudamericana o la FIFA.

Si como muchas veces se dice el fútbol funciona como el país, entonces la AFA pasó a ser lo más parecido a la Casa de Gobierno. Del mobiliario de la calle Viamonte salieron leyes, resoluciones y decretos de toda clase, brillantes y disparatados. Y su vereda, más de una vez, fue la plataforma de celebraciones o de airados reclamos de hinchas disconformes. Soportó años tumultuosos y tuvo dirigentes íntegros cuyos nombres perduran en el tiempo, como el de Valentín Suárez, que con un ánimo renovador les dio vida a los campeonatos nacionales y acercó la televisión en directo, en 1951.

También engrandeció la entidad Raúl Colombo, quien creció dirigencialmente desde su club, Almagro, hasta llegar a la presidencia de la AFA. Político y conocedor de las necesidades de los clubes, postuló al país como sede para los mundiales de 1962 y de 1970. Y si bien éstos no se concretaron, dejó el camino allanado para su realización en 1978. Lamentablemente, la gestión de Colombo quedó opacada por el fracaso argentino en Suecia 58, por aquello del exitismo que siempre prima. Otra vez, el árbol tapaba el bosque.

Los últimos 30 años, como los de la Argentina, fueron convulsionados, porque la AFA siempre caminó de la mano de la actualidad nacional. Durante los períodos de dictadura, era habitual que el sillón principal lo ocupara un interventor.

Con la renuncia masiva de los dirigentes tras el golpe de 1976, Alfredo Cantilo se hizo cargo de la presidencia y, bajo su mandato, la Argentina organizó y ganó su primer Mundial, en 1978. En 1979, llegó el tiempo de Julio Grondona, cuyo longevo gobierno llega hasta nuestros días. Se cristalizaron muchos triunfos, como el Mundial 86 (con Bilardo) y los éxitos juveniles de Japón 79 (con Menotti), Qatar 95, Malasia 97 y Argentina 01 (con Pekerman); las Copas América 91 y 93 (con Basile) y una medalla plateada en los Juegos de Atlanta 96 (con Passarella).

Con un predio ejemplar en Ezeiza y una sede reciclada acorde con las exigencias de sus compromisos, pero también con ciertos desajustes organizativos, varios clubes empobrecidos y una marcada subordinación al poder televisivo, la AFA, de la mano de Grondona, sopla hoy 110 velitas. Con buenas y malas. Como la realidad misma.

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