Gabriel Senanes: "El Teatro Colón es de todos, pero no para todo"

El director del coliseo más importante de la Argentina sostiene que su prioridad es ordenar la administración, pero también aboga por que la sala recupere sus mejores tradiciones y -sin demagogia- atraiga a una mayor cantidad de público
Lorena Oliva
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23 de febrero de 2003  

En el despacho de Gabriel Senanes se percibe cierta tensión entre viejas y nuevas tradiciones. De mobiliario vetusto versus nuevas tecnologías: dos celulares, una palmptop y una secretaria a la que le pide el café sin azúcar por Internet. También, entre presupuestos y papeles, se asoma la partitura del Viola Concerto de Bela Bartok, que dirigirá el 28 del mes próximo en ese mismo teatro que, desde septiembre del año último, lo tiene como director general y artístico.

Este hombre de 46 años ha tenido, lo que se dice, una vida intensa. Periodista y médico, desde junio de 2001 se atrevió a la función pública. Simultáneamente, la música motoriza sus movimientos: es compositor, director de orquesta y toca varios instrumentos. Sin embargo, un hombre tan ecléctico en sus inquietudes dice haber llegado al Teatro Colón para poner orden: en las cuentas, en la administración y en el funcionamiento de la temporada. Y espera despojarlo de cualquier barrera que impida el contacto entre la música y su público.

-En una entrevista usted dijo que el Colón es un teatro de ópera, música sinfónica, de cámara y ballet. Pero también reconoció que siempre hubo un pequeño espacio para otros géneros. ¿Cómo debe ser ese espacio?

-Es cierto que en la historia del Teatro Colón ha habido muy esporádicamente noches en las que actuaban artistas populares como premio a su trayectoria. El que actuaba ahí era el público retribuyéndole a ese artista su vida dedicada a tal o cual género. Por lo tanto, históricamente, la inclusión de otros géneros en el Colón ha sido excepcional. Y tiene que ser excepcional en su cantidad y en su calidad.

-El año pasado en el escenario se escuchó desde folklore hasta rock...

-La línea de nuestra programación habla de retomar las mejores tradiciones del Colón. Las mejores tradiciones suponen, de todas maneras, añadir nuevas capas y otras novedades que eventualmente podrán transformarse a su vez en tradición.

-¿Cree que en el imaginario colectivo el Teatro Colón es considerado un teatro popular?

-Por supuesto que no. Lo popular genera resistencia.Pero esa idea muchas veces se confunde con los géneros musicales populares. Lo que yo digo va mas allá. El arte que se expresa aquí no son géneros clasificados como populares en lo musical, pero su sustancia sigue siendo popular.

-¿Qué criterios se utilizan para arrendar las instalaciones?

-Obviamente, tiene que producir beneficio al teatro y tiene que ser un beneficio económico que justifique el arriendo, que no interfiera con sus actividades ni con su línea artística. El Teatro Colón es de todos, pero no para todo.

-¿Cabría pensarlo en algún momento como un teatro superavitario?

-Por supuesto. Claro que hay un nivel de gasto que haría muy difícil pensar eso. Por otro lado, con la cultura no debemos olvidar el concepto de inversión. El objetivo debería ser aumentar la inversión más que pensar en términos de ganancia.

-¿Existen estudios sobre el tipo de público que asiste actualmente? -No tenemos un estudio profundo. De todas maneras está habiendo mayor nivel de concurrencia de sectores que tenían un cierto temor a las barreras que el Colón podía, en cierto sentido, interponer. No eran económicas sino simbólicas.

-¿De dónde obtiene el teatro las fuentes para su financiación?

-En ese sentido, éste es el teatro más popular quizá del mundo porque está sostenido por los dineros públicos.

-Eso lo convierte en un teatro popular sólo en lo económico...

-Lo sostienen los contribuyentes, por lo tanto es popular en lo económico. Pero a su vez genera recursos, tiene una boletería. La combinación de los dineros que el Estado destina a solventar los gastos de personal y de funcionamiento se complementa con estos ingresos, que son importantes, y que están directamente destinados a la autofinanciación de la temporada.

-Su gestión comenzó en el tramo final de un año difícil. ¿Qué balance puede hacer de estos meses?

-Nuestra gestión programó, en un tiempo muy corto, lo que restaba de la temporada 2002, construyó la del 2003 y lanzó los concursos artísticos en los cuerpos estables después de 10 años, amén de la estabilización de otras líneas de trabajo, como El Colón por dos pesos. También publicamos todas sus cuentas en Internet.

-¿Cuál es en su opinión el dato más saliente de las cuentas publicadas en Internet?

-Debo decir que el detalle más saliente es en principio la mera publicación. Porque en torno del Colón creo que había una especie de halo de magia y de misterio (se sonríe).

-Parecería que antes los números no eran tan accesibles...

-Sobre eso no puedo decir nada. Si yo supiera algo que tenga que ver con actos de poca transparencia, estoy obligado, por suerte, a denunciarlo.

-¿Y cuáles son los desafíos actuales?

-No nos proponemos inventar la pólvora. Nos interesa que las previsiones se cumplan. Este aspecto es prioritario. Las cuestiones estéticas no tienen sino que beneficiarse con esto. No tenemos una idea estética singular para proponer sino una idea plural que haga lugar a distintas tendencias y visiones del arte.

-Usted es médico, periodista y músico. ¿Estas profesiones guardan algo en común con la función pública?

-En todas las actividades siempre hay un motor relacionado con cierta vocación de servicio. Cuando era estudiante soñaba con otro país y pensaba que podía contribuir en la medida en que me capacitara y desplegara ciertas cosas. Esa idea todavía no me abandona.

-La gestión cultural de un gobierno parece quedar siempre supeditada a vaivenes de tipo político. ¿No se dificulta la planificación de una política de largo plazo?

-Claro que sí. No acuñamos aún un punto cardinal para la vida de cualquier país: que el bien común cultural y su gestión no deben estar supeditados a los plazos electorales. Yo creo que hoy la ciudad tiene una gestión cultural y que no hay un filtro mediado por adscripciones partidarias. A mí nadie me preguntó si estoy afiliado o no a un partido político.

-¿Cree que el resultado de las elecciones a jefe de gobierno previstas para este año no van a alterar su permanencia en el cargo?

-Eso es otra cuestión. Mi permanencia estará sometida o no a la lógica electoral. Pero el Colón no puede programar de una semana para la otra, ni de un mes para el otro ni de un año para el otro. Le conviene económicamente y es imprescindible en lo artístico tener otros plazos.

-En un año y medio de ejercicio de la función pública pasó a estar al frente del Teatro Colón. ¿Cómo cree que fue interpretada su designación?

-(Pausa. Piensa.) Sé que la elección de mi figura marca una diferencia muy importante en términos generacionales y no sólo generacionales. Ha sido leído como una novedad, una nueva tradición que quizá se pueda generar otro dinamismo.

-¿Qué le parece que representa el Teatro Colón en el imaginario social?

-Más que un símbolo de nuestra cultura musical es un símbolo de toda la cultura argentina. El viejo cantito "Al Colón" puede ser aplicado a todo a lo que se le atribuya un valor fuera de lo común. Seguramente es más usada por quienes nunca han venido al teatro. Siempre pienso que, en 1908, cuando se inauguró, la ciudad que había alrededor del teatro era más chica. El teatro debía de ser enorme en relación a Buenos Aires. Casi un siglo después, la ciudad creció, el tamaño del Colón es el mismo, y sin embargo sigue siendo enorme. Pero ya no sólo por su edificio, sino también porque lleva creando y cobijando belleza, leyendas y mil y una noches de gloria artística desde hace casi un siglo. En su dimensión cultural, el Colón vive y crece. Y como símbolo, también.

El perfil

Inquietudes varias

Gabriel Senanes nació en 1956. Casado, con tres hijos, es periodista, médico oncólogo, compositor y director de orquesta. Aunque hoy lamenta no disponer de tiempo, le gusta practicar deportes, entre otros el boxeo.

Obra musical

Músico profesional desde los 16 años, toca el piano, el saxo, guitarra y percusión. Muchas de sus obras han sido ejecutadas, editadas y grabadas por solistas, orquesta y conjuntos de cámara en la Argentina y el resto del mundo. Desde septiembre del año último es director general y artístico del Teatro Colón.

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