Cuatro años después, reabre La Clocharde

Se reinaugurará en marzo, en Recoleta
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27 de febrero de 2003  

Café de por medio, un poco resignada, hace cuatro años Susy Chebar daba la mala noticia: “Cierro La Clocharde...” Hoy, sonriente y con energías renovadas, vuelve a la carga; a mediados de marzo, La Clocharde reabrirá, esta vez muy cerca de la avenida Alvear.

“Cerré después de 30 años y en la primera etapa lo tomé como un descanso: ya no daba más y, dada la situación económica, era un momento para bajar la cortina. Nunca me desenganché del todo porque me divierte mucho este trabajo. Y hace un tiempo pensé en hacer algo menos complicado, traer suéteres y pantalones importados. Pero había que comprar un año antes y disponer de un gran stock. León (su marido) me decía: Dale, hacé algo. Pero yo tenía mis reservas...”, cuenta Chebar, una pisciana inquieta.

La Clocharde marcó una época en la moda de Buenos Aires, con un estilo a la medida de la argentina elegante, con buenos materiales y excelente terminación. “Me siento muy bien cuando me encuentro con clientas y me dicen que tienen mi tapado de hace 6 años, o que mandaron un blazer 400 veces a la tintorería y sigue impecable... Lo mío siempre fue clásico, pero no tan clásico. Un poco la tendencias, pero no en los colores (salvo en algún detalle... un pañuelo o un suéter). Yo no puedo hacer lo que no siento”.

Pobre, pero chic

En estos cuatro años, Susy Chebar viajó por el mundo, miró y pensó, pero nunca se imaginó que reabriría su boutique. Pero dado el cambio de situación, las mujeres que estaban acostumbradas a viajar y comprar afuera se encontraron con que ya no era tan fácil. “El dólar se disparó y finalmente me decidí, pero como a mí me gusta.”

Pensó en cambiarle el nombre, pero siguió adelante con el original. “Hubiese sido una locura... Quería hacer algo muy chico, pero una está acostumbrada a trabajar de una manera y eso no se puede cambiar. Fuimos a Europa y compramos los géneros en los mismos proveedores de siempre.”

Su idea es seguir con sus clientas de antes (siempre le pidieron que volviese a abrir) y ganar otras nuevas. Aunque el turismo no la seduce. “No creo demasiado en el turismo, sobre todo en mi rubro. Sí creo que es distinto para quienes venden zapatos, carteras... Además, acá estamos con la temporada cambiada.”

¿La ropa va a ser más cara que antes? “No, más cara no. Tampoco los gastos van a ser chicos... Creo que hay que ponerse un poco más a tiro y ver realmente la situación: no tengo ganas de ponerme a trabajar para diez señoras. Voy a ajustar los precios lo más posible, pero voy a tener géneros importados...”

La diferencia con la vieja Clocharde “tiene que ver con el ritmo de vida de la mujer de hoy. Ya no se cambia tres veces por día. La mujer -por más que tenga poder adquisitivo- hoy tiene otras prioridades, trabaja, ya no está sometidas a la moda. Hay que adaptar la ropa al uso que la gente le da, quiere estar cómoda; nadie quiere estar sometida a un diseño.”

A pesar de ser la madre de Jazmín Chebar (o Jazmín Chebar la hija de Susy Chebar), nunca pudo participar en el negocio de su hija. “Ella no me dejó, y todo el mundo piensa que, con León, le hacemos todo. ¡Ella hace todo sola! Y no tengo ni idea cómo es su colección de invierno. Cuando estoy con ella lo que menos me divierte es hablar del tema”, explica. Y agrega que su búsqueda es que cada mujer pueda encontrar su propio estilo: “Eso es fundamental al momento de vestirse, porque si lo tenés definido abrís el placard y todo te queda bien. Sí me gusta ofrecer dos o tres cosas que sean moda-moda para combinarlas con otras”.

¿Miedo de abrir? “Yo tenía miedo de volver a subirme al tren... Siempre viajo y tengo esa cosa del feeling, a pesar de que nunca me gustó la última moda ni las tendencias. No entiendo a la gente que compra ropa para una temporada y después la tira. No tiene sentido: ni ahora ni en pleno consumo de los años 90. No tengo miedo, tengo ganas de abrir: la colección está muy avanzada y esto me divierte muchísimo, me da un placer enorme. En esto hay dos o tres casas, no hay muchas más. Ojo, hablamos del mismo nivel de costura. Pero, por suerte, cada una tiene su estilo.”

Por ahora tiene prohibida la palabra desfile. “Me pongo muy tensa, me hago mala sangre, me interno un mes y medio... Pero nunca digas nunca. Yo tengo polenta”, concluye.

Catalina Lanús

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