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La lucha de Fleita: al delantero de Huracán se le detectó un tumor en los ganglios

Se trata del mal de Hodgkin, un linfoma que suele tener cura, aunque lleva un largo proceso de recuperación; por lo pronto, no jugará todo el Clausura
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28 de febrero de 2003  

“La primera vez que comí bien en mi vida fue a los 18 años, en el hotel donde se concentraba Racing (su primer club). Yo vine bien de abajo, nací en Las Toscas, Santa Fe, y de ahí nos vinimos a una villa de la Isla Maciel, y después pasé por un conventillo de La Boca: me ganaba el mango desde los ocho años. Sé lo que es sufrir”, le comentaba Juan Ramón Fleita, delantero de Huracán, a LA NACION antes de empezar el torneo Clausura, a comienzos del mes actual. La nota apuntaba a recordar su vida y a hablar de la actualidad de su club. Detrás, había otra historia inimaginable...

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El Lagarto Fleita tuvo muchos problemas en su vida, pero en el presente está ante el mayor desafío: se le detectó el mal de Hodgkin, una enfermedad que está dentro del grupo de los linfomas, que son tumores que se originan en los ganglios. Al jugador se le había encontrado un bulto en la espalda en enero último, durante la pretemporada, y fue operado. Luego del resultado de esos análisis, se le diagnosticó el problema actual, que, según el médico de la entidad de Parque Patricios, Edgardo Locasso, no debe denominarse como cáncer. Se trata de una enfermedad que, con el adecuado tratamiento de radioterapia y quimioterapia, se cura en el 95% de los casos presentados. Aunque requiere sus cuidados, claro.

Un mal que ya conocieron otros deportistas, como Germán Orozco, jugador del seleccionado argentino de hockey sobre césped, y Sergio Comba, casualmente compañero de Fleita en la actualidad en Huracán (ver aparte).

Sobre la enfermedad, Ernesto Gil Deza, especialista en temas oncológicos, expresó en ocasión del caso Comba: “El cáncer no es sinónimo de muerte. Dentro de los tumores, éste en particular resulta altamente curable. Con un adecuado trabajo es posible hacer desaparecer por completo la enfermedad, lo cual conlleva para el paciente que la vida vuelve a tener un desarrollo normal”. No se conoce exactamente la causa que provoca esta enfermedad. Algunas veces puede ser genética, otras por virus, y a veces por cuestiones tóxicas.

A principios de mes, en la semana previa al torneo, el futbolista fue operado del quiste en la espalda. Se esperaba que se recuperara con rapidez y que se reintegrase pronto a los entrenamientos. Pero no fue así, y la semana última les comunicó a sus compañeros su situación.

Fleita prefirió no hablar públicamente y en la institución se mantuvo todo en un silencio casi absoluto. La noticia se filtró cuando Huracán presentó una nota en la AFA solicitando sumar un nuevo refuerzo para el Clausura ante la situación.

Es el segundo golpe que recibe el plantel de Huracán, pues el 4 del actual se había suicidado el arquero Sergio Schulmeister.

Casos similares y finales felices

En el año 2000, cuando jugaba en San Martín de Tucumán, al futbolista Sergio Comba se le detectó el mal de Hodgkin. Al año de ese problema estaba jugando nuevamente al fútbol, en Defensores de Belgrano. “Yo sabía que iba a ser un año y después volvería a jugar. Y fue así: volví a jugar de nuevo a la pelota, volví a correr, a ser un chico normal”, expresó recuperado el hoy delantero de Huracán.

Otro casi similar es el de Germán Orozco, jugador de hockey sobre césped que, en 1999, también tuvo esta afección, aunque en su caso debió sumarse un trasplante de médula ósea. La historia tuvo un final feliz: Orozco integró el equipo nacional en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

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