El noruego del bandoneón

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2 de marzo de 2003  

PARIS.- El muy promocionado casamiento de Máxima Zorreguieta permitió a los argentinos conocer a Karen Krajanhof, el bandoneonista holandés que, en la ceremonia, interpretó impecablemente una versión de "Adiós Nonino". Pero si el heredero del trono noruego hubiera elegido a otra bella muchacha criolla para compartir sus días y su futuro real, y no a la vernácula Mette Marit, quien hubiera aparecido en las pantallas para recoger las admiraciones, sin lugar a dudas, habría sido Per Arne Glorvigen, un excelente bandoneonista, por supuesto, noruego. Aunque en este hipotético caso la interpretación de una obra de Piazzolla habría contribuido a cimentar una imagen equivocada de Glorvigen, un músico con muchos perfiles e ideas que van bastante más allá del mundo del tango.

Residente en París desde hace 15 años, se formó como acordeonista en la Academia Estatal de Música de Oslo, "donde tocaba Bach, Grieg y arreglos y obras originales para el instrumento", y tuvo su formación bandoneonística en la cátedra del Conservatorio de Gennevillers que dictaba nada menos que Juan José Mosalini, algo así como el gurú máximo del instrumento en Francia. Per Arne considera que es aquella formación académica la que le permite no reducir sus expectativas al tango. "Cuando llegué al bandoneón era porque quería tocar tangos. En Oslo había conocido las grabaciones de Salgán, de Piazzolla y del propio Mosalini. Pero, aun cuando comencé a tocar profesionalmente al poco tiempo, también quería buscarle al instrumento otras posibilidades."

Desde hace unos años, entró en contacto con jóvenes compositores europeos para encargarles obras. "En julio de 2001, en el Concertgebouw de Amsterdam, estrené un concierto para bandoneón y orquesta del holandés Willem Jeths. Desde entonces, ya lo hemos repetido en cinco ocasiones y lo haremos tres veces más en este mes."

Recientemente, en Leipzig, estrenó otro concierto para bandoneón del joven compositor alemán Bernd Franke. "Los dos son compositores actuales, con elementos tradicionales y contemporáneos en sus propuestas musicales y que están en busca de sonidos nuevos y diferentes para el bandoneón." Con todo, aclara que, en la obra de Jeths, al final, en su última sección, "hay aires, ritmos y sonidos de tango. Quizás el público pueda haber estado impaciente a lo largo de toda la obra porque no había nada semejante a Piazzolla o a los sonidos de la música de Buenos Aires y la gente, cuando sabe que hay un bandoneón sobre el escenario, acude pensando que va a haber tango. Pero creo que, al mismo tiempo, hay que tratar de superar la "etapa Piazzolla", lo que, para nada, implica que haya que excomulgar al tango de la sala de conciertos académicos".

Entre el tango y lo clásico

Su vida entre el tango y la música académica presenta un antecedente de peso, pero en este caso vinculado muy estrechamente con Piazzolla. "Yo había tocado en óperas de algunos compositores franceses que incluyen el bandoneón en sus orquestas. Por lo tanto, dentro del mundo de la música clásica, el bandoneonista de más predicamento era yo. Fue así como Gideon Kremer se contactó conmigo para tocar la parte de bandoneón de un concierto para violín y orquesta de un compositor holandés. La obra se estrenó en el 94, en el Concertgebouw. Pero yo, además, había llevado conmigo, para los bises, arreglos de tangos de Piazzolla para violín, bandoneón, piano y contrabajo que tocaba con mi conjunto de cámara noruego. A Kremer le encantaron y, después de aquella presentación, ofrecimos por todo el mundo más de un centenar de conciertos con tangos de Piazzolla, para ese conjunto instrumental, y registramos cuatro compactos.

Y casi instantáneamente agrega: "Con Kremer, un violinista excepcional, aprendí muchísimo de música, pero nada de tango porque, como a muchos intérpretes clásicos que tocan Piazzolla, le falta todo lo que viene antes, desde lejos, desde Villoldo. Yo creo que para hacer bien a Piazzolla hay que saber hacer antes a De Caro o a Troilo. Del mismo modo como no se puede hacer bien a Stravinsky si antes no se pasó por Bach, Mozart y Brahms".

En su currículum también figuran su participación excluyente en la reposición de la operita "María de Buenos Aires", de Piazzolla, los conciertos que ofrece junto a los solistas de la Orquesta de París, con obras de Luis Naón, un compositor argentino residente en Francia, y apariciones como solista junto a las filarmónicas de Oslo y de Gotemburgo y la Orquesta Nacional de Rusia.

Ahora, dentro de dos meses, junto al Cuarteto Alban Berg, emprenderá una gira de conciertos para tocar una obra especialmente escrita por el compositor austríaco Kurt Schwertsik, para bandoneón y cuarteto de cuerdas, y "Five tango sensations", de Piazzolla. Habida cuenta de que el Alban Berg llegará este año al Teatro Colón para tocar en el ciclo de abono del Mozarteum, no estaría mal agregarles a las maravillas habituales del cuarteto un sonido muy caro a los argentinos. Aunque sea fuera de programa y aunque sea con un músico noruego excelente que ya ha estado en siete oportunidades en el país y para quien los sonidos del tango son parte de su propia vida y a los cuales, sencillamente, les quiere agregar otras vidas.

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