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La visión estratégica de Federico Pinedo

Por Jorge Castro Para La Nación
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10 de enero de 2001  

SIN un conocimiento de la vida pública de Federico Pinedo, nacido en 1895 y fallecido en 1971, es imposible comprender la Argentina del siglo XX. La clave de la transcendencia del pensamiento de Federico Pinedo es que, como político y hombre de Estado, unió siempre en un mismo movimiento la preocupación por la estrategia de crecimiento económico, la inserción internacional de la Argentina y la creación de las condiciones políticas internas que hicieran posibles una y otra.

Pinedo piensa que el crecimiento económico de la Argentina es inseparable de una determinada inserción internacional.

En 1932, tres años después del comienzo de la crisis financiera internacional desatada por el derrumbe de Wall Street en octubre de 1929, la producción industrial del mundo, excluida Rusia, se había reducido 37 por ciento con respecto a la de 1929, el número de desocupados se había triplicado y las importaciones de todos los países habían bajado el 60 por ciento.

Uno de los países más afectados por la crisis internacional fue la Argentina, debido a su perfil netamente exportador de productos agroalimentarios. El resultado principal de la drástica disminución de las exportaciones fue una desarticulación de las finanzas nacionales, que en aquel momento se fundaban esencialmente en los derechos de aduana. Los ingresos por exportaciones cayeron 34 por ciento en dos años, las importaciones se hundieron, la producción cayó el 14 por ciento en un solo año y la inmigración se redujo a cifras insignificantes.

En este contexto actúa Pinedo como ministro de Hacienda del general Agustín P. Justo, el segundo en esa cartera después de Alberto Hueyo.

Pinedo mantiene la política de control de las cuentas fiscales adoptada por Hueyo y la complementa con otras tres medidas: 1) estabiliza la producción creando las juntas reguladoras como respuesta a la brutal caída de la demanda, que colocaba a empresas competitivas nacionales en situación de colapso; 2) crea el Banco Central, que pasa a centralizar el crédito sin depender de la voluntad del gobierno; 3) reforma el sistema financiero. Sin embargo, el punto más novedoso de las medidas ejecutadas por Pinedo se encuentra en lo que ha aprendido de su maestro, Juan B. Justo: el significado decisivo que tiene el sistema financiero (bancos) en el proceso de acumulación capitalista.

Nuevamente, la guerra obliga a innovar y Pinedo, ministro de Hacienda por segunda vez, es el gran protagonista e impulsor de la innovación. En 1940 lanza uno de los planes más avanzados de toda la historia argentina. En el plan de 1940 es esencial el vínculo con los Estados Unidos y el acuerdo estratégico con Brasil.

Condiciones para crecer

Pero Pinedo comprende también que la mejor política económica, la más comprensiva de las condiciones mundiales, poco puede si carece de legitimidad política. Ha sido testigo directo de las dificultades que experimenta un poder político con una legitimidad cuestionada. Su experiencia durante el gobierno de Justo es su principal guía al respecto. Por esta razón, se reúne con el líder radical Marcelo T. de Alvear en enero de 1941 en Mar del Plata y le propone un gran acuerdo nacional.

Esta no es la última vez que Pinedo advierte el carácter decisivo del logro de ciertas condiciones políticas que permitan el crecimiento económico del país y su inserción internacional. En junio de 1953, mientras está preso en la cárcel de Las Heras, Pinedo le escribe un carta al ministro de Interior, çngel Borlenghi, que ha ordenado su detención, en la que sostiene: "¿Para qué el diálogo? Para enfrentar y resolver los siguientes problemas que enfrenta el país, hay que mejorar la posición de la República Argentina en el comercio mundial, hay que resolver la falta, esto es, la escasez, de divisas extranjeras, la moneda mundial, hay que aumentar la producción del agro, hay que rehacer los equipos de la industria y su financiamiento, hay que crear un mercado financiero y monetario modernos".

¿Qué queda de esa visión estratégica en la actualidad? Lo primero que advertiría Pinedo es que nuevamente la línea decisiva en la lógica de la acumulación capitalista está en el campo financiero a través de la movilidad internacional de capitales. Sin embargo, diría que el sistema financiero ya no es primordialmente una estructura bancaria. Lo que está enfrente, como sistema financiero internacional, no es un conjunto de grandes bancos mundiales. Eso fue hasta la década del 80. Lo que está ocurriendo ahora es un proceso extraordinario de descentralización cuyos protagonistas son fondos mutuales, fondos de pensión y compañías de seguro que crecen permanentemente y que no responden a ninguna visión de orden geopolítico, sino exclusivamente a una lógica de rentabilidad. Esta vez no son los grandes bancos los que controlan el sistema financiero, sino que es el sistema financiero internacional descentralizado el que controla a los bancos.

Un segundo aspecto que le otorga vigencia al pensamiento de Pinedo se relaciona con su visión acerca del eje de la acumulación mundial en el actual momento histórico, indiscutiblemente unido a la innovación tecnológica liderada por los Estados Unidos. Este país es responsable del 23 por ciento de la producción mundial. Sin embargo, en la lista del Nasdaq, de empresas de alta tecnología, las empresas norteamericanas representan el 66 por ciento. Es allí donde está la fuente de la acumulación y de la innovación tecnológica de nuestra época.

El desafío, hoy

Un tercer aspecto tiene que ver con la creación de condiciones políticas internas. En el 2000, el Fondo Monetario Internacional revisó varias veces sus previsiones de crecimiento. Empezó con una estimación de 4 por ciento a comienzos del año y pasó al 4,5 poco tiempo después; luego lo ubicó en 4,7 y es muy posible que llegue al 5 por ciento. Los primeros dos trimestres del 2000 fueron los de mayor crecimiento de la economía mundial de los últimos diecisiete años.

Pinedo comprendió tempranamente que el hilo conductor de la acumulación capitalista es el aumento de la productividad. Por ese motivo, lo que sucede actualmente en los Estados Unidos le hubiera parecido el punto de partida para decidir la inserción internacional de la Argentina. Paradójicamente, la Argentina del 2000 no participa de la expansión de la economía mundial. La economía argentina tuvo crecimiento negativo en los últimos doce meses.

El desafío estratégico que enfrenta el país es cómo evitar nuevamente la marginación del 2000 en un momento de expansión de la economía mundial. La pregunta no es por qué en la Argentina hay recesión. El interrogante es por qué no hay un boom cuando la economía mundial está en pleno proceso de expansión. En definitiva, parece estar en juego nuevamente el tercer componente de la visión estratégica de Pinedo: aquel que afirmaba que la creación de condiciones políticas internas es un elemento fundamental para aprovechar las oportunidades que ofrece la economía mundial dentro de una inserción internacional determinada.

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