El regreso de Lanata

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11 de marzo de 2003  

"Día D, clásico". Programa periodístico conducido por Jorge Lanata. Colaboran: Adolfo Castelo, Martín Caparrós, Reynaldo Sietecase, Andrés Klipphan, Maximiliano Montenegro, Andrea Rodríguez y Gisela Marziotta. Domingos, a las 21, por América.

Nuestra opinión: regular

Son cosas de la megalomanía. Tal vez la única extravagancia capaz de provocar tantos daños colaterales en el ambiente del espectáculo y tantos desaciertos, anteanoche, en el debut de "Día D, clásico".

El programa comenzó con una prolongada apertura -digámoslo ya: lo mejor del programa- protagonizada por Fernando Peña como uno de sus personajes, el corrupto Rafael Orestes Porelorti.

Primero, grabado

En esa apertura, Lanata ingresaba en el canal y atravesaba un pasillo atestado de personajes de la actualidad. Porelorti, con un gigante "medidor de rating" al cuello, le advertía al conductor cuánto mediría el prófugo Conzi, la vaca de "Gran hermano" o una mujer golpeada. Al final del recorrido, el periodista brindó frente al retrato de Tato Bores y convirtió así en "homenaje" lo que sería en realidad una copia.

De ahí en más el programa siguió con un editorial de Jorge Lanata, grabado en una fea escenografía (que afortunadamente no volvió a verse en el resto de "Día D, clásico"). En ese comentario el periodista repasó "su" historia con José Luis Barrionuevo a través de entrevistas, juicios, fallos y apelaciones que tuvieron lugar en 2002, para concluir: "Nosotros lo dejamos crecer", y sugerir, de algún modo, que darle espacio era "seguirle el juego". Todo esto mientras, en Canal 9, Mariano Grondona y su equipo entrevistaban en vivo a José Luis Barrionuevo.

Entonces, cabe una duda: cuando Lanata decía que lo único que importaba oponer a Barrionuevo era la ley, con todo su peso, ¿por qué lo hacía? ¿Por convicción ciudadana y periodística? ¿O para menoscabar, de paso, el trabajo de la competencia?

Finalizado el editorial, comenzó el programa en vivo y así se recuperaron dos cosas fundamentales: la escenografía y la posibilidad de la improvisación, algo que Lanata sabe explotar muy bien, esta vez, acompañado por Adolfo Castelo, que ofició de partenaire para que el periodista pudiera hablar, un poco más, de sí mismo.

Luego, después de un breve informe de Reynaldo Sietecase sobre la lista sábana justicialista en la provincia de Buenos Aires, siguió una larga exposición que se extendió durante toda una hora del programa: las claves del asesinato de María Marta García Belsunce.

Caso García Belsunce

Antes que nada, antes de comenzar con la personalísima investigación sobre la muerte de María Marta García Belsunce (Lanata señaló en varias oportunidades que ese mediodía él y su equipo habían estado en la casa del crimen y que ellos mismos habían descubierto unas manchas de sangre), el periodista se ocupó de aclarar que iban a dedicarle un largo espacio a ese asesinato porque "el periodismo" -dicho así en general significa: todos excepto él- había cometido errores que debían ser subsanados. Por medio de ese informe, dijo, los televidentes estarían más cerca de conocer a los culpables.

Claro que, en definitiva, después de una hora de datos, nombres, fechas y detalles sobre la vida sexual de la asesinada, el programa no agregó nada que el televidente no supiera ya por el solo hecho de mirar televisión, leer diarios o revistas o escuchar la radio.

O sea, demasiado tiempo para poca novedad. Inexplicablemente, porque a pesar de que la historia de los García Belsunce sea tan atractiva como una novela de Agatha Christie, habría que descartar una motivación basada en la influencia de Rafael Orestes Porelorti, el corrupto hacedor de rating.

El tiempo remanente luego del tema García Belsunce fue poco, y quedaban varios temas pendientes. La cuestión es que, como consecuencia, hubo poco espacio para el debut de Gisela Marziotta -no obstante la premura, fue muy eficaz- y para el tratamiento de la problemática de los maestros.

Una página policial

Ciertamente, la otra historia de una sociedad a veces sólo se lee en las páginas policiales. Porque las noticias que no encajan con las ideas históricamente dominantes difícilmente son ubicadas en secciones de importancia.

Por eso rescatar lo que cuentan las páginas policiales puede ser un comienzo. Desde este punto de vista, la entrevista de Martín Caparrós a una mujer que dice ser víctima de Simón Hoyos (recientemente descubierto en un motel salteño junto a una niña de ocho años) reveló aún más el submundo de algunas provincias argentinas.

No es la primera vez que noticias de este feudalismo de facto llegan a una Buenos Aires casi siempre ajena a estos temas. Ya el caso María Soledad no era extraño a este problema social evidentemente crónico. Anteayer, con testimonios de psicólogos, abogados y demás especialistas, más la entrevista a la muchacha, el programa apuntó al fondo de esta cuestión. Pero quedó camino por recorrer.

Anteayer, "Día D, clásico" debatió sus horas, entre el caso Hoyos y el caso García Belsunce. Por así decirlo, entre un drama social y un caso policial sin resolver.

Debuts, en cifras

  • 8,8 puntos marcó anteayer "Día D, clásico".
  • 8,4 puntos hizo el debut de "Detrás de las noticias" el 28 de enero de 2002.
  • 6,1 puntos había marcado con "Detrás de las noticias" en su debut el 2 de mayo de 2001.
  • 8,5 puntos hizo "Día D, el regreso" el 9 de agosto de 1999.
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