Suscriptor digital

Manolo Silva: el adiós a un jugador exquisito

El ex futbolista de Lanús, que murió a los 61 años, formó con Bernardo Acosta la inolvidable pareja ofensiva conocida como "Los albañiles", famosa por sus interminables paredes
(0)
11 de marzo de 2003  

Angel Manuel Silva, que falleció anteayer a los 61 años

-LA NACION Deportiva consignó la noticia en su edición de ayer-, tiene un lugar asegurado entre los recuerdos más entrañables de los hinchas de Lanús y de los admiradores del buen fútbol. Porque la calidad de su juego también le reservó un lugar en la historia del fútbol argentino, ganado con la magia que en la década del 60 ofreció junto con su compadre : el paraguayo Bernardo Acosta. Ambos forjaron aquella recordada pareja ofensiva granate que todos conocieron como "Los albañiles".

// // //

Jugador fino, inteligente y hábil, Manolo, como siempre se lo conoció, vivió sus comienzos en Chacarita y llegó al club del Sur en 1964. No tardó nada en conocerse y entenderse con Acosta, su gran socio. El mote de "Los albañiles" surgió con naturalidad: las paredes que edificaban con notable facilidad y precisión perforaban defensas con elegancia, y eran el arma clave del Lanús de entonces. Con ambos, el equipo granate formó un quinteto ofensivo temible: Parenti o Minitti, Pando, Silva, Acosta y Demario.

Sus hitos en el club con el que más se lo identifica son bien nítidos: el torneo de primera B de 1964, el segundo en la historia de Lanús, y la gran campaña en el Metropolitano de 1968. Alguna vez, el periodista Julio César Pasquato, más conocido como Juvenal, escribió sobre él algo que puede dar una idea de su estilo: "Un señor que juega con el manual de René Pontoni". Su talento le valió ser convocado para actuar en la selección nacional, aunque no se le concedieron demasiadas oportunidades para mostrarse con la camiseta celeste y blanca.

Tras seis años en los que dejó una huella imborrable en Lanús, Manolo se incorporó a Newell´s Old Boys; allí lo esperaban otros interlocutores de su clase. Entre ellos, en especial, Alfredo Obberti. Con el Mono -y jugadores como Marcos Pereira y Heraldo Bezerra-, Silva reescribió algunas de las buenas páginas que había elaborado con su mejor compañero, Acosta. En 1974 llegó a Banfield. La rivalidad entre el Taladro y los granates quedó a un lado a la hora de abrirle las puertas a su talento.

Hasta su retiro, un año después, Silva jugó 313 partidos y marcó 80 goles en primera división, pero más allá de los números, lo que perduró de él fueron las sutilezas y la clase que lo elevaron a la categoría de ídolo entre la gente de Lanús. La muerte lo sorprendió haciendo lo que siempre lo apasionó: acababa de jugar un partido de fútbol de veteranos, en Don Torcuato, cuando sufrió un paro cardíaco. Había nacido el 5 de marzo de 1942. Sus restos fueron inhumados ayer por la tarde en el cementerio de Boulogne.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?