Los escudos humanos argentinos en Irak protegen una refinería

En diálogo desde Bagdad, uno de ellos relató que duermen en un container
Francisco Seminario
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14 de marzo de 2003  

"Yo todos los días decido si me quedo otras 24 horas", dijo desde Bagdad Francisco Sciavaglia. "Desde el principio -añadió en diálogo telefónico con LA NACION- sentí que corría peligro, porque estamos en un lugar estratégico, que seguramente va a ser un blanco de ataque."

Sciavaglia es uno de los tres escudos humanos argentinos desplegados en suelo iraquí, en el marco de una movilización de la que participan entre 100 y 150 voluntarios de las más diversas nacionalidades para intentar detener con sus cuerpos una guerra que parece cada vez más cercana. Los otros dos son Rodrigo Doxandabarat y Juan Ferrari, ambos de 25 años. Rodrigo es modelo y vive en Milán. Juan es fotógrafo y del barrio de Quilmes, al igual que Francisco, aunque desde hace algún tiempo vive en Madrid.

Ninguno de los tres sabe a ciencia cierta si se va a quedar hasta el final. Hasta que empiecen a caer las bombas. "Yo estoy más bien en el medio", dijo Sciavaglia. "Renuevo mi decisión todas las mañanas y me voy quedando." Juan, añadió, "es el más decidido a quedarse". Y Rodrigo opina que "no estamos acá en un número suficiente, que para cuando empiecen los ataques vamos a quedar muy pocos, y que la cobertura mediática de todos modos está demasiado controlada por Estados Unidos como para que nuestra acción tenga el efecto que buscamos: nadie se va a enterar de que estamos muertos".

Para sumar apoyo dentro y fuera de Irak, durante el día organizan junto con otros voluntarios marchas contra la guerra y participan de acciones humanitarias en hospitales y escuelas de la capital iraquí. Por las noches duermen en un container acondicionado como vivienda en el interior de una enorme refinería de petróleo, en las afueras de Bagdad. El lugar, presumiblemente, es un objetivo militar prioritario.

También hay escudos humanos desplegados en una planta purificadora de agua, en una central eléctrica y en un centro de comunicaciones cercanos a la capital iraquí, donde -según Sciavaglia- las señales de una guerra inminente son todavía apenas perceptibles: "No se ve una gran movilización militar ni tanques en las calles, pero sí una mayor presencia de efectivos del ejército en algunas esquinas, y en los hoteles comenzaron a hacer acopio de agua", comentó. También se ven trincheras armadas con sacos de arena en algunos parques y otros puntos de la ciudad.

Idealismo y aventura

De los tres escudos humanos argentinos, Sciavaglia fue el primero en llegar a Bagdad. Voló desde España el 20 del mes pasado, junto con un grupo de voluntarios procedente de Barcelona, donde vive desde hace algo más de medio año. Cada uno se pagó su pasaje y afirman que en ningún modo su acción fue financiada por las autoridades iraquíes, por más que "están muy agradecidas con nosotros".

¿Por qué ir a Irak y por qué sumarse a los escudos humanos? El idealismo y cierto sentido de la aventura -mucho antes que la ideología- parecen haberlos guiado. "Me pareció que podía hacer algo positivo por la gente de acá", dijo a LA NACION. Y agregó: "Viví la crisis que terminó con la caída de De la Rúa y las presiones del FMI sobre la Argentina, y aunque no tengo ninguna identificación política sentí que podía hacer algo bueno por los iraquíes".

Sciavaglia estaba trabajando como barman en una disco de Barcelona. Cuando hace algunas semanas se enteró por la radio del plan de los escudos humanos decidió dejar todo y marchar a Bagdad. "Cuándo vuelva no tengo idea qué voy a hacer, pero muchos de los que estamos acá estamos un poco en la misma", señaló.

Rodrigo y Juan llegaron a Irak un par de semanas más tarde. También ellos vivieron el final del gobierno de Fernando de la Rúa en la Argentina y decidieron emigrar al poco tiempo.

¿Con qué se encontraron al llegar a Bagdad? Según Sciavaglia, con un pueblo sumamente amable y generoso. "Esperaba encontrarme con otra cosa, con todos los cuentos que uno escucha sobre los iraquíes, pero tienen muy buena onda con los occidentales. Es más, no me dejan pagar nada en ningún lado, y además conocen mucho a Maradona y a Batistuta", afirma.

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