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La catedral gótica de la Facultad de Ingeniería oculta historias intrigantes

Así se denomina a la inconclusa sede del anexo de esa casa de altos estudios, de la avenida Las Heras
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15 de marzo de 2003  

"Enciclopedia de obras inconclusas y proyectos que nunca se concretaron." Podría titularse así un extenso volumen sobre emprendimientos frustrados o que quedaron a medio camino en la Argentina. Por problemas económicos, o éstos, como "efectos colaterales" de peores asuntos.

No debería faltar, en semejante compendio, un monumental icono: el edificio de la Facultad de Ingeniería, también conocido como la Catedral,que ocupa la media manzana comprendida entre la avenida Las Heras y las calles Pacheco de Melo, Azcuénaga y Cantilo, en Recoleta. Es un anexo de la casa central, situada en la avenida Paseo Colón. Décadas atrás, fue sede de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

Posee una historia tan ajetreada como interesante, desde la colocación de la piedra fundamental, en 1912, al aprobarse el proyecto del ingeniero Arturo Prins.

Prins nació en Montevideo en 1877. Adoptó la nacionalidad argentina y en 1900 se graduó aquí como ingeniero civil. Realizó numerosos viajes a Europa, perfeccionándose en la arquitectura gótica de varias de sus capitales.

Su firma figura en no pocos edificios de significativo carácter, como el Banco Nación de Santa Fe y Azcuénaga, la refacción de la iglesia de San Nicolás de Bari y del Archivo General de la Nación o el tradicional club 20 de Febrero, de Salta, entre muchos más. También es autor de numerosas viviendas privadas, entre ellas, los palacetes de Manuel Quintana y de Norberto Quirno Costa. Fue miembro creador de la Academia Nacional de Bellas Artes y de Amigos de la Ciudad.

Al iniciar la construcción de la sede universitaria, hizo levantar una casona a metros de ella, en Las Heras 2166. Tiene dos plantas. La superior, propiedad de la familia Quaranta, posee 17 habitaciones, que incluye ámbitos destinados a tintorerías, lavaderos y residencia de cocheros.

"Una parte la ocupaban capataces que trabajaban en la facultad. Como vivían en la provincia, Prins concibió esto para que no se fueran", apunta Jorge Quaranta.

Arturo Prins murió el 5 de octubre de 1939. En 1938 se había decidido dejar sin efecto la construcción, y en enero del año siguiente se resolvió incluir en el presupuesto de la Nación una partida de 6 millones de pesos para erigir otra sede, la actual, sobre la avenida Figueroa Alcorta. La suma era prácticamente igual a la asignada en el proyecto de Prins.

El "suicida" responde

El imaginario popular relacionó una cosa con la otra. Se sostuvo que Prins se había suicidado por no haber podido concluir su obra, rumor que empezó a circular aun antes de su muerte. Quaranta cuenta que un antepasado suyo se encontró con él en la calle y le relató el "trascendido". Prins lanzó una carcajada y dijo: "Podría suicidarme por muchas cosas, pero no por dejar inacabado un edificio".

De cualquier forma, el tema generó un juicio por rescisión de contrato que duró más de 10 años. Los descendientes del ingeniero arquitecto, al ganarlo, sólo cobraron una suma irrisoria.

El 17 de noviembre de 1925 se inauguraron las tres plantas sin terminar que albergaron la primera sede de la Facultad de Derecho. Exhibían el original sello impuesto por Prins, ajustado al estilo gótico (algunos especialistas prefieren calificarlo de "neogótico"), que dotó al barrio de Recoleta de una singular tonalidad europea. Sobresale extrañamente entre el cúmulo de altas torres de vivienda absolutamente "normales".

María del Carmen Maza es una museóloga experta en la Catedral, a punto de publicar un libro, "Las Heras 2214, un sueño inconcluso".

Prins llegó a hacer sólo la primera mitad del edificio, dice, porque el terreno abarcaba toda la manzana. Justifica su interés en profundizar el tema ante los datos "disparatados" que obtuvo en sus primeras investigaciones.

"La facultad es un paradigma de una ciudad que quiso parecerse a Europa, con mucha obra descontextualizada y afectada, además, por diversos hechos: las dos guerras mundiales y los fuertes cambios políticos del 30 al 50, con sus correspondientes crisis económicas", reflexiona.

Su falta de terminación y la carencia de medios para mejorarla -comenta- se advierten en la suciedad de las paredes, la impresionante polución generada por "el mayor palomar de la ciudad" y, en general, la carencia de un adecuado "ropaje exterior".

¿Puntos en favor? La exquisitez de sus líneas, sus soberbias puertas (manijas incluidas) y sus antiguos vitraux (muchos conservan el antiguo símbolo de la balanza, que representa a la Justicia, de tiempos en que se estudiaba derecho), y la magnífica escalera central desde la que se accede a las distintas aulas en las que estudia una población de alumnos que actualmente ronda los 3000 jóvenes.

En 1991, se sumó otro aspecto destacable: el notable museo de ciencia y técnica, que funciona en la planta baja y en el que, junto a muchos elementos más, se exhiben teodolitos, un dispositivo que demuestra el teorema de Pitágoras, un ábaco chino, maquetas de locomotoras y barcos, el monumento ecuatoriano a la mitad del mundo, en la latitud 0° 0° 0°, y un aparato que reproduce el efecto de un rayo.

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