Suscriptor digital

La extrema paridad hace imposible un pronóstico valedero

Ningún sondeo brinda datos terminantes La diferencia entre los candidatos es menor que el margen de error admitido por las consultoras Sin embargo, el dato no es tenido en cuenta El análisis del Gobierno
(0)
17 de marzo de 2003  

Una misma encuesta de las que en estos días otorgan el primer lugar a Néstor Kirchner puede estar diciendo que en realidad va primero Carlos Menem. O Adolfo Rodríguez Saá. Incluso Elisa Carrió.

Suena paradójico, pero al leer con rigor técnico los sondeos sobre las elecciones presidenciales de abril sólo se puede obtener una visión descriptiva: el resultado final es, por el momento, impredecible.

El grado de incertidumbre se agiganta con la circulación de versiones que difunden los propios candidatos sobre sondeos desconocidos -Menem apela a ellos para decir que ganará en la primera vuelta- o con la publicación de encuestas manipuladas o elaboradas con escaso rigor.

Aun así, todos los trabajos serios evidencian la paridad absoluta cuando al porcentaje de intención de voto que se le otorga a cada candidato se aplica el margen de error admitido por la consultora.

La mayoría de los encuestadores trabaja con un error de entre +/-2 y +/-3 por ciento.

La última encuesta de Enrique Zuleta Puceiro permite ilustrar el tema. Allí figura primero Kirchner, con 18,4 por ciento, segundo Rodríguez Saá, con 14,9, y luego Menem (14,6), Carrió (14,5) y López Murphy (8,2). El margen de error es de 2,95.

Esto significa que el valor real de Kirchner, según esa medición, se encontrará entre 21,35 y 15,45 por ciento y el de Carrió, que figura cuarta, podría situarse en algún punto entre 17,45 y 11,55 por ciento. Es decir, la diputada de ARI podría estar encima del gobernador de Santa Cruz.

"El escenario resulta inusualmente equivalente para los tres candidatos que vienen del peronismo, mientras que Carrió y López Murphy no figuran tan lejos. Es imposible predecir qué va a pasar", explicó Julio Aurelio, uno de los principales especialistas en la materia.

La mayoría de sus colegas explica incluso que las alzas y bajas que experimentan algunos candidatos de una semana a la otra son simples fluctuaciones de las muestras que no tienen valor real.

En el Gobierno son conscientes de ese dato. Un ministro que trabaja junto al presidente Eduardo Duhalde en el análisis de las encuestas explicó que lo único que miran es la línea de evolución de la tendencia.

El empate técnico que marcan los porcentajes puros puede dar paso a valores más interesantes, al compararse mediciones periódicas de una misma consultora.

El optimismo del Gobierno sobre las posibilidades de Kirchner se basa principalmente en el crecimiento sostenido que exhibe el candidato en las últimas semanas.

También en el búnker de López Murphy se ilusionan con la línea empinada que describe la comparación semanal de su intención de voto.

Pero, ¿puede garantizarse que esa línea ascendente se mantendrá hasta el 27 de abril? Ningún encuestador se atreve a afirmarlo.

La predicción imposible

El Gobierno y los principales candidatos tienen contratadas mediciones semanales y piensan convertirlas en diarias en la última quincena del mes que viene. Pero reconocen que será imposible conseguir una predicción salvo que se produzca el despegue (hasta ahora no visible) de uno o dos de los postulantes.

Los factores económicos también acrecientan la incertidumbre. Pocos clientes están en condiciones de financiar sondeos de magnitud suficiente para reducir el margen de error.

Basta un dato: una encuesta de 1200 casos en todo el país cuesta no menos de 20.000 pesos y requiere el trabajo de no menos de 200 personas para recolectar y mensurar los datos de manera adecuada.

Ese obstáculo alienta simplificaciones y bombardea aún más el pronóstico.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?