Adiós a Kling: fue compañero de Fangio en Mercedes

El ex piloto alemán tenía 92 años
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20 de marzo de 2003  

El ex piloto alemán de Mercedes-Benz y compañero de Juan Manuel Fangio Karl Kling falleció a los 92 años, según informó uno de los dirigentes de Daimler-Chrysler, Juergen Hubbert, a la agencia AFP. Una leyenda para el deporte alemán, Kling fue uno de los volantes más importantes de la tradicional empresa germana en su época dorada, durante los años 50.

Ganador de la Carrera Panamericana, en México, en 1952, Kling disputó 11 GP de Fórmula 1 entre 1954 y 1955, con un segundo puesto como mejor resultado en Reims, Francia. Sin embargo, su respetada figura se ubicó luego como director deportivo de Mercedes-Benz, aunque también continuó como piloto, ganando el rally Mediterráneo-El Cabo, en 1959, y Argel-Centroáfrica-Argel, en 1961.

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Karl Kling -nacido el 16 de septiembre de 1910- era un impulsivo muchacho que en su juventud buscaba sentarse en un coche de carreras. Y correr. Una fórmula tan simple que parece de perogrullesco trámite, pero que respondía a la ambición de un hombre que sabía que manejaba muy bien.

¿Lo demás? ¿La preparación del auto de carrera? ¿El acondicionamiento en los viejos escenarios de Alemania? Todo esto era mucho más difícil de armar. Simplemente porque como los hombres de su generación, a Kling lo deterioraba una historia sangrienta. En su más tierna infancia -con la familia a punto de ser diezmada-, la primera guerra que perdía Alemania. Y con la derrota, la humillación. Y la tristeza.

Después, cuando en su juventud procuraba introducirse en el mundo que gobernaban estrellas como Caracciola -un ejemplo-, él aparecería como un pretendiente a la gloria. Sin el pergamino que desbordaba la trayectoria de "Rudy".

El saltaría al primer plano perseguido cuando durante un disimulado 1953 Mercedes planeaba la máquina con la que se proponía desmostrarle al mundo que el país nuevamente derrotado en 1945 (trastornando juventudes como la de Kling) volvería a ser una potencia como había sido.

A mitad del ejercicio de 1954, Kling iba a formar parte del equipo que Mercedes se proponía presentar en pista como el de las "Flechas de Plata". Con Hermann Lang a su lado como fiel escudero. Con un paisano de un país lejano como la Argentina, originario de un pueblo llamado Balcarce, de apellido Fangio.

Kling ya tenía plateado su cabello. Parecía ser el más viejo y gastado del equipo. Iba a ser un fiel escudero que mordería la penosa sensación de no ganar en Alemania, porque en el Gran Premio del 54 sería suyo únicamente el récord de vuelta. Eso, aunque el director del equipo, el imponente "gordo" Alfred Neubauer, hiciera lo imposible para que pudiera ganar. Consiguiendo que llegara lo más cerca posible. Pero sin poder ganar...

Igual, a Kling no se lo encontrará en ninguna de aquellas inolvidables postales de los años cincuenta adusto, grave o serio. Era el interlocutor más vecino al muchacho argentino que ganaba siempre. O casi siempre. Y empezaría a conocer la Argentina. Y a querer al país.

Kling -y sus canas plateadas- volvería a ser encontrado cuando Mercedes, procurando volver a colocar en el primer plano del mundo una industria preciosa como la automotriz, llegó otra vez a la Argentina en compañía de dos mujeres "suecas", con las que, ahora como director deportivo, alcanzaría el triunfo que él no había tenido como corredor. Exhibiendo siempre su apacible sonrisa. Como conforme con la vida. Aunque no hubiera ganado nunca con la "flecha plateada". ¿Importaría esto?

Alfredo Parga

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