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Devolverán dólares por un robo a cajas de seguridad

Por Fernando Rodríguez De la Redacción de LA NACION
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26 de marzo de 2003  

La Justicia condenó al ex Banco Mercantil, hoy Sudameris, a devolver en su moneda originaria, o al cambio del día, 10.000 dólares que una pareja de clientes atesoraba en una de las 300 cajas de seguridad de la sucursal Palermo de esa entidad, saqueadas por una banda de boqueteros entre el 12 y el 14 de octubre de 1992. El episodio fue llamado "el robo del siglo", por el monto del botín (US$ 20 millones).

A las hijas de aquella pareja -su nombre no se publica por expreso pedido suyo-, que iniciaron la demanda en su carácter de herederas, les bastó con acercar testigos que dieron fe del "alto nivel socioeconómico" de la familia y con dar una "esmerada descripción" de las joyas guardadas bajo llave en el cofre del banco para que la Justicia les diera la razón.

La Sala C de la Cámara en lo Comercial porteña, integrada por los jueces Héctor Di Tella, José Luis Monti y Bindo Caviglione Fraga, no hizo más que repetir en este caso fallos anteriores, basados en una jurisprudencia sentada en 1992, según la cual bastan presunciones creíbles y razonables para dar por probado que un cofre robado contenía lo que el cliente asegura.

Sobre esa misma base -así consta en la resolución- el tribunal consideró que el banco es responsable del contenido de los cofres confiados a su custodia, aun cuando los contratos de arrendamiento de los cofres, firmados por clientes y banco, limitan la responsabilidad de la entidad respecto de lo que ocurra con su contenido.

"La finalidad de ese contrato consiste en brindar seguridad para los valores depositados mediante una adecuada estructura material, técnica y organizativa que el banco provee a sus clientes. El banco asume una obligación de custodia y de conservación del contenido de las cajas cuyo incumplimiento lo hace responsable -entre otras cosas- por el robo de los objetos depositados", reza el fallo.

Desde 1998, la Cámara en lo Comercial porteña suma sentencias similares para casos análogos. De hecho, y según consta en el fallo al que accedió LA NACION, la Sala C repite argumentos propios de fallos favorables a las pretensiones de damnificados por la acción de boqueteros en el ex Banco Mercantil de Palermo, como Elena Simao de Busico, Héctor Szulnik, Federico Kobelinsky y Sara Waisman de Mariñansky, entre otros.

Pero este fallo tiene una particularidad respecto de la mayoría de los anteriores: impone la restitución del dinero reclamado por las herederas de los damnificados en dólares -ellas aseguraron que lo robado fueron billetes de esa denominación-, más los intereses que el Banco Nación fija para sus operaciones en esa moneda.

El Sudameris, que tiempo atrás absorbió al Banco Mercantil y que actualmente está en proceso de fusión con el banco Patagonia, hizo un planteo judicial, tras un fallo adverso de agosto último -en el caso de Julia Grinberg de Ekboir-, para que se pesifiquen los montos que deben devolver a los clientes que sufrieron el saqueo de sus cajas de seguridad.

Ese planteo aún debe ser resuelto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que semanas atrás resolvió en contra de la pesificación de depósitos en el caso de la provincia de San Luis contra el Banco Nación. Y este nuevo fallo de la Sala C de la Cámara en lo Comercial es el primero que sale a la luz luego del pronunciamiento del máximo tribunal.

En esta última sentencia, los camaristas hicieron lugar a los argumentos de la representante legal de las demandantes, la abogada Nydia Zingman de Domínguez, abogada en la Capital del ahorrista correntino Carlos Alberto Smith en el primer amparo por el llamado "corralito financiero" y quien sentó la jurisprudencia utilizada en casos de robo o hurto en cajas de seguridad, en 1992.

Así, los jueces consideraron que los bancos no pueden escudarse en las cláusulas exonerativas de los contratos para eludir su responsabilidad por el contenido de los cofres bajo su custodia y opinaron que los clientes no necesitan de pruebas concluyentes -muchas veces, imposibles de conseguir- para probar qué es lo que guardaban en las cajas.

"Esta sala ha dicho en reiteradas ocasiones que, de exigir al demandante una prueba rigurosa e inequívoca sobre la veracidad del contenido de las cajas de seguridad, se le impondría una carga cuyo cumplimiento sería virtualmente impracticable, dado que los depósitos en dichos compartimientos se realizan en condiciones de absoluta privacidad.

Prueba de presunciones

"En razón de ello, la prueba de presunciones adquiere un valor fundamental que, junto con la prueba directa que pueda reunirse, debe ser valorada con base en los criteros de credibilidad y razonabilidad del reclamo, procurando formar convicción mediante una disminución del margen de duda antes que exigir una acabada y completa comprobación que resultaría inalcanzable", suscribieron los camaristas.

Así, dieron crédito al testimonio de amigos de los damnificados, que afirmaron tener constancia de que la familia de las demandantes tenía un buen pasar económico y que incluso reconocieron en fotografías alhajas que, según la denuncia, estaban guardadas en la caja de seguridad el día del robo. Identificadas las joyas, y sobre la base de la estimación realizada por peritos, los jueces fijaron el monto a devolver por ellas en 3300 pesos, más los intereses desde 1992.

El tribunal consideró además que la existencia de 10.000 dólares billete en el banco era real. Además de que algunos de aquellos testigos sostuvieron haber oído que los damnificados guardaban una fuerte suma en la caja de seguridad, consideraron que el cargo de subgerente de una empresa del Estado que detentaba el padre de las demandantes y la "intensa vida social, producto de su alto nivel socioeconómico" que llevaba la pareja que sufrió el robo bastaban para admitir que, efectivamente, la cantidad de dólares reclamada estaba en el cofre.

La Sala C, en este caso, rechazó la pretensión de las demandantes de ser resarcidas por daño moral -las sentencias suelen admitir que el robo provoca en las víctimas "zozobra y malestar" porque se quiebra la confianza depositada por el cliente en el banco en cuanto a la custodia de los bienes-, ya que el Código Civil señala que sólo el damnificado directo puede haber sufrido el daño.

El no a los bancos

En casos como éste, la postura de los bancos es casi siempre la misma: que los robos son hechos fortuitos y que ellos cumplen con las exigencias del Banco Central en materia de seguridad; que su responsabilidad, según la letra del contrato que suscribe con sus clientes, es limitada por cuanto la entidad no puede controlar el contenido de una caja y no pasan por las manos de su personal los efectos que se depositan en ellas.

Como en fallos anteriores, la Sala C consideró que la custodia de los bienes de los clientes es uno de "los elementos esenciales que recaen sobre las obligaciones del banco", ya que seguridad es, precisamente, lo que buscan quienes eligen guardar en un cofre su dinero y sus bienes.

Recomendación

  • La doctora Nydia Zingman de Domínguez, profesora de Contratos en la UBA y quien, con un leading case, hizo sentar jurisprudencia en la materia hace nueve años, recomendó a los que elijan guardar sus bienes en cajas de seguridad que, para evitar tener que recurrir a indicios y a presunciones -que las entidades intentarán desacreditar en un proceso judicial-, recurran a la confección de un acta notarial en la que se haga constar una descripción del contenido del cofre, para tener así una prueba preconstituida, en caso de un robo.
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