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“Simon Boccanegra”: un complejo drama político

La ópera da comienzo a la temporada 2003 del Teatro Colón La historia de los nobles de Mónaco fue trazada por el dramaturgo romántico español Antonio García Gutiérrez y luego reelaborada La versión original de la obra fue un fracaso
Pola Suárez Urtubey
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1 de abril de 2003  

¿Sabrán Carolina, Stefania y Alberto de Mónaco, y el padre de estos vástagos tan populares en el jet set y las revistas del corazón, que Verdi puso música a sus ancestros? Seguramente sí, porque al margen del casino y otras atracciones, el principado cuenta con un activo teatro de ópera. Quizá tal circunstancia a ellos no los conmueva. O a lo mejor sí. Hasta es posible que la gentileza verdiana los llene de emoción. Aquella noble familia genovesa de los Grimaldi, del partido güelfo, adquiere protagonismo en “Simon Boccanegra”, la ópera que abre la temporada 2003 del Colón. Expulsados de Génova en 1267, los Grimaldi se establecieron en Mónaco. El tronco principal se extinguió con Antonio II, con lo que se sucedieron dos ramas secundarias, de donde asciende, en 1949, Rainiero III.

Pues bien, la confusa historia genovesa trazada por el dramaturgo romántico español Antonio García Gutiérrez fue reelaborada para Verdi por el libretista Francesco Maria Piave con destino a la versión original, de 1857 (que resultó un fracaso cuando su estreno, en el teatro La Fenice, de Venecia), y por Arrigo Boito para la definitiva, de 1881. En ella, y en torno de Boccanegra, los Fiesco y los Grimaldi, jefes de la facción güelfa, aparecen, con cierto desprecio por la exactitud cronológica, enfrentados con los Doria y los Spinola, gibelinos. Porque la época de Simon, el Trecento italiano, es la de las grandes provocaciones familiares y la de los partidos mortalmente opuestos. Es también el tiempo de la lucha de clases entre la nobleza y el pueblo. La historia asegura que bajo la guía de Boccanegra, elegido dux en 1339, la República de Génova pudo abrirse de nuevo a Oriente y restablecer en parte su poder, amenazado por el activismo veneciano.

Para Verdi no se trataba de historia antigua. Por el contrario, era tema todavía abierto en la Italia del XIX, aunque sus contenidos hubieran sido actualizados. Los neogüelfos aspiraban a que el papa encabezara la federación de Estados italianos, mientras los neogibelinos veían en él un obstáculo para la unidad italiana. Esa unidad es la que ya anhelaba cinco siglos atrás Simon Boccanegra, miembro de la nobleza menor, y no corsario, como lo pinta García Gutiérrez y como lo acepta Verdi, sin corregirlo. El protagonista verdiano busca la justicia en un mundo injusto y anhela el perdón y la paz, en medio de la discordia y las guerras fratricidas. La suya es una voz que, superando las mediocridades humanas del contexto que lo rodea, se eleva en una dimensión universal. A través de la idealización de Boccanegra, Verdi trazaba al mismo tiempo un autorretrato espiritual y esgrimía un pronunciamiento político personal e irrenunciable.

Es el propio Verdi el que se refleja cuando muestra a Simon como un hombre de gran poder que busca, apoyándose en el pueblo, la unidad de la república genovesa bajo un sistema político democrático. Y cuando pone en boca de su protagonista ese conmovedor mensaje: “E vo gridando: pace! E vo gridando: amor!”, es también el compositor –¡quién lo duda!– el que clama, en la viril exhortación de un hombre íntegro.

Pero en el diseño psicológico de Boccanegra se incluye otra variable. En Génova, donde transcurre el drama y donde se encontraban Boito y Verdi para la revisión de la obra, residía también, transitoriamente, Friedrich Nietzsche, presencia que provocaba gran alboroto en los ambientes culturales de la ciudad. De ahí puede surgir que los autores de música y libreto hayan buscado reflejar una imagen “nietzscheana” del héroe, con todo el titanismo, la fuerza activa de la vida y el ansia agonística que –filósofo alemán mediante– circulaban en el aire de Europa.

Verdi retenía en su memoria dos cartas de Petrarca, una escrita al dux Boccanegra, la otra al dux de Venecia, en las cuales les recuerda, cuando ambas repúblicas están al borde de la guerra, que las dos son hijas de una misma madre, Italia. “¡Sublime este sentimiento de una patria italiana en aquella época! –escribe Verdi a Boito–. Todo esto es político, no dramático, pero un hombre de ingenio podría muy bien dramatizarlo.” Y vaya si lo hicieron.

Refinado diseño psicológico

Frente al protagonista se eleva la figura, también imponente, de Fiesco, que representa, en oposición a la templanza de Boccanegra, la dureza pétrea de una estirpe cruel, envenenada por el orgullo, la vanidad y la soberbia, aunque por momentos lo humanice el dolor, como ya lo había hecho Verdi con Rigoletto. Por su parte, Paolo Albiani, cortesano favorito del dux, simboliza en el pensamiento del músico la lucha de clases, el enfrentamiento del pueblo y la nobleza. De todas maneras, en el curso de la revisión del libreto, Verdi entrevió la necesidad de otorgar a Paolo una nueva dimensión psicológica. Se ha sugerido que, transformado por Boito según las exigencias del compositor, Paolo se convierte en lo que es, en el boceto del futuro Yago. Particularmente en su monólogo que abre el segundo acto de la obra –“Me stesso ho maledetto”–, con su maléfica confesión de fe y su decisión de matar a Simon, es donde ostenta ya un refinamiento psicológico para la perversidad no inferior a los mejores momentos del personaje de Shakespeare-Verdi.

Amelia Grimaldi o Maria Boccanegra, los dos nombres que lleva la heroína femenina en el curso de esta complejísima historia, es un ejemplo de hasta qué punto difieren las versiones de 1857 y la de 1881 en el diseño de los personajes. En aquélla, la de Piave, se la encuentra con el aspecto de una joven enamorada, sin mayor relieve. En su forma definitiva, en cambio, tiene la interioridad de una Desdémona, con el añadido de que Maria es más dueña de sí misma y maneja con mayor convicción los hilos de su destino. Gabriele Adorno tampoco es el clásico tenor de tantas óperas románticas. Ahora los amantes, lejos de quedar relegados a su tradicional intriga amorosa, se insertan en la trama política y psicológica como elemento inseparable.

El gran director de orquesta italiano Claudio Abbado, autor de un profundo estudio sobre la partitura de “Simon Boccanegra”, señala que entre las dos versiones se abre el abismo delimitado por una dramaturgia de lugares comunes poéticos (versión Piave) y una dramaturgia de ideas (Boito). Manifiestamente, la colaboración con Boito aportaba una definitiva consistencia estructural al drama, lo que permitió a Verdi desplegar musicalmente, con extrema persuasión, las complejidades que se le rebelaban en la tragedia del dux genovés.

“Obra oscura, carente de sosiego y de consuelo” para Giancarlo del Monaco, responsable de la anterior –e inolvidable– versión del Colón, la de 1995, esta creación lírica encierra todas las características de la obra abierta. En opinión de Giorgio Strehler –y su juicio es atendible–, Boccanegra es el drama político más complejo de Verdi, donde queda al desnudo, precisamente, la dialéctica de la política, tal como se la vive en la realidad de nuestro tiempo. Y el hecho de advertir que en medio de ese encuadre los sentimientos personales y las reacciones de los personajes estén tratados de una manera tan “moderna” le sugieren en el Boccanegra verdiano una dimensión casi brechtiana.

Elenco y funciones

"Simon Boccanegra", en un prólogo y tres actos, cuenta para esta nueva presentación con Víctor Torres como protagonista, Maria Pia Piscitelli/Silviane Bellato (Maria Boccanegra), Rosendo Flores (Jacopo Fiesco), Gustavo López Manzitti/Juan Tarpinian (Gabriele Adorno), Hernán Iturralde/Leonardo Estévez (Paolo Albiani) y, entre otros, Christian Peregrino/Edgardo Zecca (Pietro). La dirección orquestal está a cargo de Massimo Biscardi; el coro, de Alberto Balzanelli; la reposición de régie e iluminación, de Constantino Juri, mientras que Claudio Hanczyc y Eduardo Caldirola figuran como responsables de la reposición de escenografía y vestuario originales de Paul Walter. Las funciones se realizarán a partir de hoy (gran abono) y continuarán el viernes 4 (abono nocturno tradicional), el miércoles 9 (abono especial) y el viernes 11 (nocturno nuevo), a las 20.30 y el domingo 6 (vespertino), a las 17.

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