El primer DJ lunático

Hernán Cattáneo será el primero en convertir el Luna en una pista de baile
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4 de abril de 2003  

"Un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad". Esas fueron las palabras que pronunció el astronauta Neil Armstrong cuando levantó su bota y vio su pisada marcada en el polvoriento suelo lunar. Una huella histórica. Y aunque éste es el hito para el hombre y su relación con el satélite terrestre, mañana, en otra luna, la porteña, quedará señalado otro gran paso: por primera vez, el movimiento dance llegará hasta el originario estadio de box que se posicionó como uno de los escenarios locales más importantes para las presentaciones de artistas nacionales y extranjeros.

Si todavía alguien no está al tanto, los carteles de Sasha-Cattáneo que empapelan las paredes del Luna Park no anticipan una pelea entre dos pesos pesados (aunque de algún modo sí). O, como sugiere el mismo Hernán Cattáneo en un acto de modestia, "un encuentro entre un peso pesado y uno medio". Lo que hay que leer en esos afiches es que, de la mano del DJ galés considerado desde hace años uno de los más prestigiosos del mundo (ver recuadro) y del embajador argentino en las bandejas, la escena electrónica nacional asistirá a una nueva hazaña: la metamorfosis del Luna en una pista de baile para ocho mil personas.

"Probablemente hace cinco años lo hubiera visto como una meta inalcanzable -evalúa Cattáneo-, pero después de lo que pasó acá, más específicamente desde 2000, me parece una consecuencia lógica". El DJ agarra una servilleta de papel en un bar vecino al estadio y, con una lapicera, traza una línea del tiempo en ascenso para enumerar hitos del dance. Una recta que tiene su último punto visible en la fiesta Moonpark de mañana, pero que según deja entrever queda abierta hasta a lo inimaginable. Esquema en mano, concluye: "Sólo un distraído puede sorprenderse con esto".

Sin embargo, son evidentes y declarados los otros factores que terminan por glorificar el momento: "Claro que no significaría lo mismo si esto sucediera en otro lugar igual de grande, pero sin la mística de boxeo, de espectáculo, de Drácula y tantas otras cosas importantes. El Luna tiene un costado mágico para cualquier habitante de Buenos Aires", dice ahora, desde el plano emotivo, este argentino acostumbrado a escenarios de lujo: descontando los clubes internacionales más importantes, en su gira de diciembre último subió a teatros de Los Angeles donde tocó Jimi Hendrix, el 26 de este mes estará en el festival Coachella en California (donde entre otras bandas estelares volverá al ruedo Beastie Boys) y que en julio próximo debutará en el Hollywood Bowl. Porque, sí, aunque finalmente sean pocos los días del año que camina por las calles de su tierra, la raíz de su apasionada carrera es celeste y blanca. "Por supuesto que me encanta que esto lo hagamos Sasha y... ¡y yo!"

De NYC a la Cream

  • Un breve repaso por los momentos que contribuyeron a la formación de la escena dance local y su posicionamiento actual no puede ignorar la primera fiesta a nivel internacional que se hizo en Buenos Aires, en 1990 . El ID World Tour convocó a 3500 personas en New York City y trajo a Electrive 101 y la DJ Nancy Noise.
  • A dos años de su formación, la ahora disuelta agrupación Urban Groove inauguró, en 1996 ,K2, el primer afterhour porteño. Los ocho DJ anfitriones fueron intérpretes también de una performance inolvidable: su set en conjunto, cada uno con su bandeja y sólo un mixer.
  • El 21 de junio de 1997 muchas personas empezaron a pronunciar el término "rave". Fue a raíz del Underground Park, la propuesta que cambió el significante del Parque Sarmiento.
  • Después de presentar con el Guess Dance Tour al DJ Danny Rampling, en 1998 , la marca inglesa Cream se instaló en Pachá. Sasha y Dave Seaman fueron los primeros "enviados". Del mismo es la propuesta Clubland.
  • El nuevo milenio encontró en sus primeras horas a una multitud bailando en Puerto Madero con los iraníes Deep Dish.
  • Un batallón formado por los mejores DJ extranjeros y nacionales, participaron de la edición inaugural de Creamfields Buenos Aires, en noviembre de 2001. Un festival que llegó para quedarse: el año último convocó a 25 mil personas.
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