Barcelona acentúa sus rasgos catalanes

No sólo domina la cultura, sino también el diseño y la moda
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6 de abril de 2003  

BARCELONA (The New York Times).- Para quienes nunca la visitaron, Barcelona es la segunda ciudad más importante de España. Sin embargo, con tan sólo ir una vez, uno se da cuenta de que esa clasificación es desacertada: Barcelona no secunda nada, es una ciudad de un gran dinamismo y orgullo, la capital de la región rica y diversa de Cataluña, que yace entre la frontera francesa, Aragón y el Mediterráneo.

La ciudad tiene una historia larga y compleja, destacada por un deseo insaciable de independencia. Fue invadida y ocupada por los romanos, los visigodos, los moros y los francos y, a su vez, produjo su propia invasión y ocupación: durante su primera Edad de Oro (desde el siglo XIII hasta el XV) su imperio se extendió hasta Sicilia.

En el siglo XVIII pasó a formar parte definitiva de España. En dos oportunidades Castilla intentó someter a la ciudad (y a la región), desmantelando sus instituciones y prohibiendo su lengua, el catalán. El último intento terminó en la muerte de Franco, en 1975.

Desde aquel entonces Barcelona entró en lo que se podría llamar su segunda Edad de Oro: el papel de anfitriona de los Juegos Olímpicos de 1992 estimuló un gran desarrollo urbano, el orgullo local y la iniciativa. La ciudad se convirtió en el centro del diseño, la moda y el ocio del Mediterráneo occidental y la cultura catalana florece día tras día.

Si bien Barcelona es bilingüe, predomina cada vez más el catalán. Que los carteles que indican las calles digan carrer en lugar de calle es una cosa, pero cuando los anuncios de un cambio de programación en los teatros se hacen en catalán, uno se da cuenta de cuán profunda es esta revolución cultural.

Tiendas, árboles y arte

Y es una ciudad de ensueño para quienes aprecian los espacios urbanos. Calles gráciles flanqueadas por elegantes residencias y cafés al aire libre, con los rayos de sol filtrándose a través de las hojas de los tilos. En rigor, según un historiador local, la ciudad tiene más árboles que cualquier otra metrópoli de España, y más comercios por habitante que ninguna otra urbe europea.

Sumado a esto posee gemas arquitectónicas que se ven por doquier y un clima mediterráneo balsámico que invita a la vida al aire libre. Las calles de Barcelona están hechas para caminarlas, hasta los semáforos están pensados para el peatón, con luz verde prolongada en los cruces.

La Plaça de Catalunya es un punto de referencia cómodo. La Dirección de Turismo está allí y la gran plaza del centro de la ciudad es nudo de conexión de ómnibus y metros, igual que el límite entre varios barrios clave, como el Eixample, el Port Vell (Puerto Viejo) y el Barri Gotic (Barrio Gótico).

El Eixample, cuyo nombre significa extensión, se construyó en 1850, después de la demolición de las murallas de la ciudad antigua. Es un conjunto formidable de tony shops, residencias privadas, hoteles, museos y cafés. El Passeig de Gracia, la Rambla de Catalunya y las calles que los unen constituyen el corazón del barrio, y vale la pena recorrerlas. El Passeig de Gracia es el sitio donde los nuevos ricos de fines del siglo XIX decidieron pavonearse, convirtiéndolo en un gran lugar donde obtener un curso de choque en el modernismo, la variación Cataluña del art nouveau.

Casa Batlló se encuentra entre los ejemplos más espectaculares. Remodelada a partir de un edificio de Antoni Gaudí de 1905, exhibe muchos de los elementos fantásticos característicos de su obra. No hay líneas ni ángulos rectos. La fachada está moteada con cerámicos en tonos de azul, verde y púrpura que recuerdan vagamente a los nenúfares de Monet.

Pero es el enrejado de los balcones lo que le valió diversos apodos: la Casa de los Huesos, de los Bostezos, de las Máscaras.

Descendiendo por esa misma calle, en el número 92, está la Casa Milˆ. También conocida como La Pedrera, uno de los edificios más famosos de Gaudí. Si bien la fachada se asemeja a olas de piedra, el techo parece un campo de golf surrealista en miniatura, con volutas de cerámica y chimeneas con formas fálicas.

La obra inconclusa

El edificio más célebre de Gaudí, la iglesia de La Sagrada Familia, se encuentra a 15 minutos a pie de allí. El artista comenzó a trabajar en el monumento en 1883 y continuó la obra hasta su muerte en 1926, habiendo terminado sólo la Puerta de la Natividad, cuatro torres que emergen como palomares en medio de una fusión volcánica. Lamentablemente, el proyecto de Gaudí quedó en manos de otros arquitectos.

La Sagrada Familia se convirtió en el símbolo de Barcelona: aparece en la mayoría de los póster de la ciudad. Aunque, también hay que destacar dos monumentos más: el Parc Güell, también de Gaudí, y el Palau de Música de otro arquitecto de la época, Lluis Doménech i Montaner.

Este último, que constituye una de las obras modernistas más importantes de Barcelona, es un deleite. Está escondido en el barrio Sant Pere Mes Alt, frente a la vía Laetana, con su fachada de ladrillos ornamentada con mosaicos y esculturas, y el fondo de su interior exagerado.

La baranda de la gran escalinata se asemeja a un brazalete de ámbar y mármol, y la claraboya de vitraux del auditorio, a un calidoscopio. De la pared del proscenio emerge una estampida de corceles que representan la cabalgata de las valkirias; bustos de diversas musas de la música irrumpen en tres dimensiones de las bases planas de mosaicos.

(Traducción de Andrea Arko)

Imperdibles

  • Centro Modernista: Passeig de Gracia 41, abierto de lunes a sábado, de 10 a 19, y los domingos hasta las 14. Un buen lugar para obtener información sobre Guadí y otros arquitectos modernistas. Se pueden comprar entradas para la Ruta del Modernismo (3 dólares), que incluye una guía, un plano y descuentos para el Palau de la Música y tres museos.
  • Museo Picasso: Montcada 15-19, abierto de 10 a 19.30, de martes a sábado, y los domingos hasta las 15. Los lunes está cerrado. El valor de la entrada es de 4,80 dólares.
  • La Sagrada Familia: Mallorca 401, permanece abierta todos los días, de 9 a 18. La entrada cuesta 6 dólares.
  • Casa Milà (La Pedrera): Passeig de Gracia 92. Abre todos los días, de 10 a 20, y la entrada son 10 dólares.
  • Casa Batlló, Passeig de Gracia 43, abre de lunes a sábado, de 9 a 14, y los domingos hasta las 20. Valor de la entrada: 10 dólares.
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