La crónica de una venganza anunciada

Fernando López
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10 de abril de 2003  

"El regreso" (Idem, Argentina/2000, color). Dirección: Hugo Alfredo Lescano. Con Lito Cruz, Juan Palomino, José Luis Alfonzo, María Socas, Emilio Bardi, Fabián Rendo, Gustavo Ferrari, Manuel Longueira, Alfredo Vasco. Guión: Axel Nacher. Fotografía: Carlos Torlaschi y Fabián Giacometti. Música: Jorge Zima. Edición: Luis César D´Angiolillo. Presentada por Primer Plano Film Group. 81 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años.

Nuestra opinión: regular

Es la crónica de una venganza anunciada. Un ajuste de cuentas que se percibe como una fatalidad y que "El regreso" describe con detenimiento en una sucesión de hechos que son como los pasos necesarios de una ceremonia.

Los elementos que intervendrán en la construcción dramática son expuestos gradualmente. En principio sólo se sabe que hay alguien en un pueblito del extremo sur de Brasil que prepara minuciosamente su regreso, mientras en un destacamento policial de este lado de la frontera tal noticia parece generar esa tensión contradictoria que acarrea la certeza de un desenlace inminente al mismo tiempo temido y esperado. Nada se sabe por el momento de las causas que motivan el inquietante regreso; sí de la inquebrantable determinación y la fiereza que el hombre pondrá en juego para cumplir con la misión que se impuso.

Todo el rompecabezas irá deduciéndose de a poco, en parte gracias a los escuetos diálogos entre los personajes y a sus comportamientos, pero en buena medida también gracias a los flashbacks que evocan -siempre fragmentariamente- la noche en que los celos y la ambición de poder condujeron a la tragedia por la que ahora, inexorablemente, cada uno deberá pagar. El cuadro sólo se completará cuando con las últimas imágenes se arribe al desenlace, que incluirá -como cabe esperarse- algún giro más o menos sorpresivo.

No es tarea sencilla la que se impuso Hugo Alfredo Lescano para su debut en el largometraje. Una construcción tan compacta y austera como la que propone el guión de Axel Nacher exige dominio total del tiempo narrativo; absoluta claridad de exposición; exactitud en la administración gradual de la tensión; rigor para calibrar el peso expresivo de cada plano, cada acción y cada palabra; firmeza para sostener el clima opresivo, y sagacidad para colocar el acento allí donde la atención empieza a flaquear. Un lenguaje de precisión, en fin, que no admite titubeos ni desatenciones y con el que aquí sólo se acierta por momentos.

Si no anulan del todo el interés de la trama, tales fluctuaciones hacen mella en el resultado final. En lugar de alcanzar un crecimiento constante, la progresión dramática se estanca a veces y otras sufre repentinos sobresaltos. Por otra parte, el relato procura atrapar lo esencial del conflicto, reducir lo anecdótico para concentrarse en el engranaje de sentimientos que determinan cada conducta y para subrayar la atmósfera de fatalidad, pero al malograrse la búsqueda, ese despojamiento próximo a la abstracción condena a los personajes al esquematismo. Lito Cruz es quien mejor parece comprender los propósitos del realizador y confiere a su personaje la intensidad exigida.

Deben anotarse en favor de Lescano su apuesta por un lenguaje que confía en la elocuencia de las imágenes y su visible propósito de evitar discursos explicativos y diálogos superfluos. También es destacable el cuidado tratamiento de la banda sonora, a la que hace interesantes aportes la música de Jorge Zima.

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