El prócer musical de la Patagonia

El autor de "El embudo" tenía 77 años y llevaba compuestos más de 400 temas
Gabriel Plaza
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11 de abril de 2003  

Cuando le faltaban diez días para cumplir 78 años, Marcelo Berbel sufrió un ataque cardíaco anteayer por la tarde y murió. Sus restos fueron velados en el Concejo Deliberante de Neuquén y enterrados en su tierra natal .

La noticia de la muerte del creador más importante que dio la región patagónica no tendría que pasar inadvertida a pesar de que siempre cultivó el bajo perfil y que su nombre siempre estuvo proscripto por los programadores de los grandes festivales.

"Estamos todos muy apenados. Gracias a su poesía nuestro paisaje humano y geográfico fue conocido. Como mujer de la tierra Mapuche puedo decir que él cantó para nosotros, con sentimiento y respeto", atinó a escribir la actriz y cantora mapuche Luisa Calcumil en un correo electrónico que confirmó la mala noticia.

Marcelo Berbel cultivaba un saber especial por la cultura mapuche, que admiraba y conocía profundamente. "La gente a veces parece no saber que acá hace cientos de años hubo una cultura que inventó una belleza de la perfección como es la punta de una flecha", decía con orgullo.

Se sentía vocero de esas comunidades a pesar de que era un criollo neto. Con esa visión regional elaboró un vasto repertorio de más de 400 canciones (zambas, milongas y lonkomeos) y poemas que describieron con fidelidad la soledad patagónica, el paisaje sureño, los rituales ancestrales y el despojo de las riquezas naturales sufridos no sólo por las comunidades originarias, sino por todos los habitantes del sur patagónico y, por ende, del país entero.

"La ventaja de los patagónicos es que siempre escribimos verdades. Mis temas transcurren en el lugar donde sucedieron las cosas. "La Pasto Verde" o "Piñonero" son verdades y experiencias. Cuando escribí el tema "El embudo", que grabó León (Gieco), no exageré. Es lo que nos pasó a los patagónicos. Al estar tan lejos tenemos que ver cómo los gobiernos dejan que se lleven todo, nuestro petróleo, nuestro gas y nuestras riquezas", había dicho en un reportaje a LA NACION.

Berbel nació el 19 de abril de 1925 (fecha en que se conmemora el Día del Indio Americano) en Plaza Huincul y conocía los descarnados acontecimientos de la "Patagonia Rebelde" contados por Osvaldo Bayer a pesar de que nunca había leído el libro. Esa marcada identificación con la región, a la que nunca renunció, lo fue marginando del circuito comercial del folklore. Sus canciones igual lograron traspasar el cerco de su provincia en la voz de artistas como José Larralde, León Gieco, Rubén Patagonia o Soledad, y en grupos como Los Andariegos, Los Fronterizos, Los Trovadores, Los de Salta y el dúo que conformaron sus hijos, Los Hermanos Berbel, muy populares en los años 70.

Una de las pocas veces que estuvo en Cosquín fue para presentar sus poemas y decires ante un centenar de "feligreses" que lo escuchaban con veneración, a pesar de que el festival se desarrollaba a cinco cuadras de su recital poético. Fue marginado de los circuitos festivaleros, pero su voz quedará resonando en la tierra de los mapuches, a la que definía como su única patria. El año pasado había logrado editar un disco en vivo, "Qué quiere que le diga", grabado, como no podía ser de otra manera, en Neuquén. Fue su obra póstuma. El disco lo editó un sello patagónico, que terminó por cerrar el círculo regional al que estaba atado afectiva y compositivamente.

El año pasado se presentó en Buenos Aires en una de sus raras visitas a la Capital Federal. No tenía necesidad de salir de su región donde era respetado por criollos y mapuches. En esa oportunidad un periodista porteño lo definió como el Atahualpa Yupanqui de la Patagonia. Nunca tan preciso. Yupanqui solía decir: "Cuando se muere un hombre antiguo es como si se incendiara una biblioteca entera". Esa es la sensación que deja la muerte de Marcelo Berbel. Por suerte, quedan sus canciones.

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