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El argentino que hace "Nine"

Aquí fue uno de los "susanos", pero hoy, en EE.UU., se codea con la crema de Broadway
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12 de abril de 2003  

NUEVA YORK.- En plena oscuridad, parado detrás de la última fila del teatro, Gustavo Zajac no se perdía detalle de lo que sucedió en las últimas semanas en el escenario del Eugene O´Neill Theater, en la calle 49 y Broadway, donde el jueves se estrenó la comedia musical "Nine". Libreta en mano, este coreógrafo argentino de 31 años, ex "susano" del programa de Susana Giménez, anotaba cada error que sus agudos ojos percibían para, cuando cayese el telón, ir corriendo a los camarines y "retar" a sus díscolos alumnos.

"Chita abre demasiado los brazos cuando canta "Folies Bergeres"; Antonio se apura demasiado en el tango", escribía Zajac muy resueltamente. Cabe aclarar que Chita no es nada menos que la legendaria Chita Rivera, memorable estrella de musicales como "West Side Store", "Sweet Charity", "El beso de la mujer araña" y "Chicago", y Antonio no es otro que el español Antonio Banderas, que, de la mano de este joven y talentoso argentino, hizo su debut en Broadway.

"Son supersimples, no tienen ni un sí ni un no con nada. Yo les digo: "Poné la pierna acá, sacá la mano de ahí", y todo bárbaro", cuenta Zajac, originario del barrio porteño de Caballito, sobre los ensayos que comenzaron el 21 de enero para este musical basado en la película "8 y 1/2*" de Federico Fellini.

En "Nine" ("Nueve"), Banderas interpreta a un famoso director de cine, Guido Contini, frustrado porque no encuentra inspiración para su nuevo film, mientras por todos lados lo presionan su productora, Liliana La Fleur (Rivera); su esposa, Luisa (Mary Stuart Masterson); su amante, Carla (Jane Krakowski); su musa, Claudia (Laura Benanti), y los fantasmas de su madre y de antiguas amantes. Quince mujeres en total dominan la escena, poniendo a Banderas en una envidiable situación.

"Antonio nació para hacer de Guido Contini", asegura café de por medio Zajac, que conoce muy bien la historia, porque ya había trabajado en la puesta en escena que se hizo en Buenos Aires en 1998, con Juan Darthés, Sandra Ballesteros y Luz Kerz. Fue allí que conoció al aclamado director británico David Leveaux y coreógrafo Jonathan Butterell, que inmediatamente después de firmar contrato para reponer la obra en Broadway (se había estrenado en 1982, con Raúl Julia en el papel principal), llamaron a Zajac para que se desempeñara como coreógrafo adjunto.

Después de la buena experiencia que habían tenido con él en la Argentina, en 1999 Butterell lo quiso también para coreografiar los bailes en "Wise Guys", dirigida por Sam Mendes ("Belleza americana"), que Nathan Lane estrenó en Broadway. Y como si fuera poco, para este fin de año ya lo tienen confirmado para otro montaje espectacular que promete ser uno de los éxitos de la temporada: el revival de "El violinista en el tejado". Montar este musical sobre una familia judía rusa de principios del siglo pasado tendrá un significado muy especial para Zajac, que dio sus primeros pasos en la danza bailando en el grupo folklórico judío Zamir, de la escuela porteña Weitzman.

"Con el grupo Zamir aprendí la base de todo lo que hice el resto de mi vida", asegura hoy, orgulloso, para luego resaltar que su abuela Rebeca, antigua concertista y hoy de 90 años, fue su antecedente artístico y fuente de inspiración. Desde los 15 años, con Zamir bailaba y cantaba en fiestas privadas y recorría el interior. Respaldado siempre por su familia (sus padres, Esther y Bernardo, y sus hermanos Fernando y Betina), la plata la invertía en clases de danza, canto y teatro.

"Sabía que perfeccionarme iba a ser clave si quería salir del círculo de danza judía y que además sería bueno tener una formación académica", dice hoy, en un deli cercano a Times Square. Poco antes de terminar el secundario, fue a Israel para un "campamento bíblico"; el viaje le despertó el interés por las relaciones internacionales, así que al recibirse se metió a estudiar esa carrera en la Universidad del Salvador. Paralelamente, siguió con las clases artísticas y en 1992 formó parte del grupo de "susanos" del programa "¡Hola, Susana!".

"Susana es una megadiva -comenta Zajac, que participó del programa ese año y luego volvió en 1996 y 1997-. La adoro, fue una lección trabajar con ella."

En el intermedio fue elegido para el personaje principal masculino del musical "Gypsy", protagonizado por Mabel Manzotti. Luego se vino a terminar la carrera a los Estados Unidos, a Hendrix College, en Arkansas, y ganó la beca Watson Fellowship para realizar un trabajo de investigación sobre comunidades judías en Europa. A su regreso a la Argentina probó de trabajar en una compañía internacional, pero renunció después del primer día. Se dio cuenta de que lo que le hacía correr la sangre era el baile.

Después de presentarse a varias audiciones, consiguió que lo eligieran como partenaire de Eleonora Cassano en "Cassano Dancing" y desde entonces no paró. En Buenos Aires trabajó en "La tiendita del horror" y en "Nine" y, en 1998, con una beca Fulbright vino al reconocidísimo estudio Steps on Broadway para perfeccionar su técnica de comedia musical. "Tomaba clases de todo, ballet, contemporáneo, jazz, hip-hop, cualquier cosa. Y aproveché ese año para verme todas las obras que pude", recuerda.

Hoy, con suficiente experiencia y contactos en la Gran Manzana se mueve como un neoyorquino más. En el vestíbulo del Eugene O´Neill Theater saluda así como si nada a Harvey Weinstein -presidente de la Miramax- y a Rob Marshall -director del multipremiado film "Chicago"-. Y con Banderas, ya son íntimos.

"Antonio tiene un amor muy grande por Buenos Aires", dice Zajac sobre la ciudad donde Banderas filmó "Evita". "Se siente muy agradecido con el público argentino, y siempre me habla de lo bien que la pasaba cuando, hace años, trabajó allá en teatro con (Alfredo) Alcón -agrega-. Cuenta Zajac que Melanie Griffith -esposa de Banderas- iba a ver casi siempre los ensayos y que él hace yoga todos los días. "Tiene un dominio total de su cuerpo -apunta-. Es más rápido que un bailarín."

En cuanto a Chita Rivera, de 70 años, no deja de asombrarse: "Es el espíritu de Broadway en carne y hueso. Una artista increíble. Vos le mostrás el paso una vez, no terminaste y ella ya lo está haciendo detrás tuyo, con ese toque Chita Rivera que ya es su marca registrada".

En la obra, gracias a la insistencia de Zajac, se agregó todo un tango que Rivera baila sensualmente con un Banderas de ojos vendados. Una vez que la obra ya esté afirmada y andando sola, Zajac volverá a fin de mes a Buenos Aires para seguir dando clases a sus alumnos privados y en la escuela de Julio Bocca y Ricky Pashkus. En julio, en tanto, volverá a los Estados Unidos para dictar cursos en la Universidad de Point Park, en Pittsburgh, y en el Boston Summer Dance Festival.

Por la crisis, en la Argentina se le pinchó el ambicioso proyecto de poner en escena "Cabaret", de la que iba a ser director adjunto. Pero Zajac es optimista y pese a las ofertas que se multiplican en Nueva York, él tiene su objetivo muy claro: "Lo que más quiero es algún día hacer un musical mío en Buenos Aires, quiero dirigir". Será cuestión de tiempo nomás.

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