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Antonio De Raco, el gran maestro

El prestigioso pianista, que se ha destacado como intérprete, continúa formando nuevos artistas
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21 de abril de 2003  

En casi todas las actividades humanas, conforme van pasando los años, se puede comprobar cómo algunas destrezas se van lentamente evaporando y, en su reemplazo, los modos de observar la vida se van tiñendo con otras sabidurías. Como consecuencia casi natural de estos hechos, podría convenirse que la tan célebre reconversión profesional sucede, en estos casos, más por auténticas o inevitables razones humanas que por complejas cuestiones socioculturales o económicas.

En el campo de la música, la reconversión más lógica y natural es la que lleva a los intérpretes a abordar la docencia en la madurez. Y, posiblemente, el caso más notable de un músico que ha logrado la misma trascendencia en ambos terrenos, el de la interpretación y el de la enseñanza, es el de Antonio De Raco, un pianista casi legendario, con más de sesenta años de actividad y que a su currículum glorioso, dentro del capítulo "docencia" puede agregar los nombres de Horacio Lavandera y de los pianistas jóvenes más destacados que han aparecido en los últimos años y que van saliendo uno a uno de su cantera. Tantos y tan consistentes como para aventar el azar o las meras casualidades.

Ubicado en una postura de anticoquetería absoluta, De Raco ha optado por agregarse meses y redondea su edad hacia arriba. Después de todo, escucharlo exponer sus ideas y sus fundamentos sobre pedagogía musical o, más simplemente, verlo y oírlo tocando el piano, no dejan de sorprender cuando se entiende que el hombre, según la cuenta aumentada, va a cumplir ochenta y ocho.

Un método para todos

Desde hoy, De Raco va a poder desplegar públicamente sus conceptos y sus métodos pedagógicos en un curso semanal de interpretación pianística titulado "Lo no visible en la ejecución musical", que llevará adelante en el Instituto Superior Santa Ana. En realidad, la trayectoria docente de De Raco es más extensa de lo que se supone. "Mucha gente cree que yo estoy enseñando piano desde hace unos pocos años y la verdad es que ya daba clases cuando tenía dieciséis y yo mismo estudiaba con Vicente Scaramuzza. Pero el desarrollo de mis conceptos sobre cómo debe enseñarse el piano, fueron posteriores cuando tuve que sentarme a meditar qué hacer para solucionar una serie de problemas serios que observaba en mí mismo."

De Raco comenta algunos de los aspectos fundamentales de su metodología. "Cuando yo era chico, nos hacían repetir infinitamente las obras hasta "tenerlas en los dedos", casi siempre, sin usar la cabeza. Era una especie de penitencia cruel. Para ahorrar tiempo y sentir la utilidad y la satisfacción de la ejercitación pianística, hay que comprender cuáles son los objetivos por alcanzar y cuáles son los pasos concretos y conscientes que hay que dar para acercarse hacia ese objetivo. Sobre esta base, el resto es, aunque no es nada simple, la adquisición de las destrezas técnicas y de los conocimientos musicales profundos."

Transmitir experiencias

El maestro también recuerda cómo fue que llegó a la idea de la sencillez en la interpretación. "Yo debía de andar por mis veinte y fui al Colón para verlo a Backhaus, que tocaba una sonata de Beethoven. Cuando faltaba más o menos una página para llegar a un pasaje que para mí era como un león que me esperaba escondido en la partitura, comencé a tener palpitaciones que iban en aumento a medida que se acercaba a ese punto. Cuando llegó al momento del terror, Backhaus pasó como un ave que vuela tranquila y elegante, muy suelto. Ahí comencé a darme cuenta de que ése era el estado al que había que llegar, aunque no sabía cómo."

No parece haber sido sencillo el camino. "Me llevó unos diez años lograr tocar con todo el cuerpo en reposo, sabiendo cómo seleccionar los músculos que deben estar en actividad y cómo dejar al resto dormidísimo para que no interfiera. Hay que conseguir que la atención del cerebro vaya hacia una parte específica del cuerpo y, por ejemplo, establecer un contacto consciente con una falange, con la palma de la mano. Así se puede obtener el sonido que uno intuyó y deseó antes de presionar la tecla. Además, todo el tiempo que el cerebro no se ocupa de estar preocupado o temeroso por un pasaje, es tiempo utilizable."

Esencialmente, ésa es la base que transmite a sus alumnos. Y habla del repertorio de destrezas técnicas que hay que adquirir para la interpretación pianística, como ser la soltura total del cuerpo, el control integral del brazo, antebrazo y palma, el reconocimiento de las falanges como el extremo del brazo encargado de resistir su peso, la mentalización del teclado, la ejercitación del dominio del teclado con cualquier dedo, los conocimientos compositivos profundos ("para interpretar correctamente hay que entender cómo está construida una obra en sus más mínimos detalles") y, por último, de la interpretación, "nunca disociada de la práctica cotidiana. Desde el comienzo del estudio de una obra, hay que saber qué se quiere decir y cómo hacerlo, cómo expresar las tensiones y las distensiones, los colores, las intenciones".

Con respecto al curso que va a ofrecer esta semana, De Raco invita incluso a los que no saben música. "Puede ser sumamente aleccionador para todos poder apreciar la enorme cantidad de elementos que hay que tener en cuenta, esos que "no son visibles", para poder tocar, por ejemplo, un nocturno de Chopin o un preludio de Bach". Los que deseen acercarse al Instituto Sana Ana para comprobarlo, pueden recabar informes en el 4781-9083.

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