Kevin Johansen entre Alaska y Buenos Aires

Nació en el Polo Norte, vivió en Nueva York y, en 1999, se instaló aquí. Es autor del hit de las escenas más ardientes de la telenovela Resistiré. En junio se presentará en el teatro Gran Rex
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27 de abril de 2003  

La voz del tipo chorrea desde el compact tan grave y tan lesiva. Dice: "I’m gonna get down with my baby" y muchos, cuando escuchan, deben recordar a Pablo Echarri respirándole tan cerca a Celeste Cid mientras le cortaba el hilito del vestido con los dientes. Otros pensarán en Leonard Cohen. Pero Kevin Johansen no es Leonard Cohen ni autor de canciones para telenovelas, sino este hombre que ha venido a alborotar el escenario local con canciones y ritmos mezclados, y se ganó las mejores críticas unánimes de los últimos tiempos. Kevin nació en Alaska, pero de eso sólo conserva un recuerdo blancuzco y la certeza de que su nacimiento en tremebundo lugar fue obra del azar.

–Mi padre era de Denver, y mi madre de Buenos Aires. Ella se había ido a Denver a los 19 años, con una beca, y ahí conoció a mi padre. Era la Guerra de Vietnam y él fue llamado a prestar servicios. Pero se declaró objetor de conciencia, entonces lo mandaron a un lugar lejano a hacer trabajo administrativo. Y ese lugar fue Fairbanks, Alaska. Viví ahí hasta los 5 años.

Creció bailando el ritmo del lavarropas y escuchando la música de Chopin. Después, su madre y su padre dejaron Alaska y fue entonces que la vida de Kevin empezó a tornarse nómada y eso le sirvió para plantar las banderas de lo que hoy son él y su música: ciudadanos de todas partes. Kevin volvió a mudarse, de Denver a San Francisco, y allí su madre empezó a noviar con un mexicano.

–Pero después ese mexicano resultó un tipo muy abusivo, y mi madre se escapó a Buenos Aires. Llegamos en pleno 1976. Un timming bárbaro.

Kevin llegó con 12 años a una ciudad en la que no había estado nunca. Desembarcó en la Escuela del Sol, medio yanqui medio argentino y con la letra de la canción Money perfectamente aprendida.

–Los pibes más chiquitos me decían: "Cantá many, cantá many". Y yo cantaba, como un muñeco: "Money makes the world go arround, the world go arround".

Después de una breve estada en Montevideo, regresó a Buenos Aires, a los 14, siendo un perfecto pichón de músico, un chico que componía canciones de estilo country que, jura, hacían reír tanto a su madre.

Sólo a los 20 años Kevin conoció sus primeros quince minutos de fama. A esa edad él y un amigo, Julián Benjamín, formaron la banda Instrucción Cívica, junto a Fernando Samalea, Axel Kryger, Daniel Krause y Alejandro Terán. En 1985, y con su primer disco, Obediencia Debida, la banda salió de gira y llenó dos estadios, en Lima y Arequipa. Después de eso, en 1990, a los 25 años, Kevin decidió volver a Nueva York.

–Me había casado con una bailarina argentina, y ella quería estar en Nueva York. Ahí esa cosa multicultural de Nueva York hizo que me sintiera muy cómodo.

Vendió películas de video a domicilio, fue portero de un salón de tango de Manhattan, trabajó en un servicio de catering en un hotel y en la ONU. A todos lados, y como un azar empedernido, lo perseguía la multiculturalidad:

–En las Naciones Unidas era tour guide, y tenía que mostrarles a personas de cincuenta lugares del mundo el edificio. En la cocina del hotel, el chef era alemán oriental, había un dominicano, un rumano, una haitiana, una yanqui, y un mánager irlandés superracista. Mientras, había encontrado mi casa artística en el CBGB, el legendario club de la Tercera Avenida del que salieron artistas como Madonna. Ahí me vio una noche el dueño, le encantó, y gracias a eso fuimos la banda del lugar durante mucho tiempo. Ahí grabé los cuatro discos que hice en Nueva York. En 1993 me separé de mi mujer; en 1994 conocí a Mariana, mi actual mujer, y tuvimos una nena, Miranda. Me daba cuenta de que un 80% de la gente que venía a casa era argentina. Empecé a pensar que era más argentino de lo que creía. Hace tres años que estoy acá y cualquier saudade que podía haber tenido de Nueva York me la aniquiló el 11 de septiembre. Acá me daba risa, porque la gente me decía: "Pero vos qué hacés acá, estás loco, cómo te vas a ir de Nueva York". Me daban ganas de preguntar: "¿Y vos por qué te quedás?"

"Samarranch, Havelange, Copa Mundo, UEFA de la FIFA, just like queen, latifah, hope she got some reefah, solitarie, hapiness joie de vivre, just like Lola, Hope she there sola, Guacamole sí señor por favor". Eso, así, era Guacamole, el tema de su disco The Nada, el primero que se conoció aquí y que empezó a descascarar el cascarón de anonimato que revestía a Kevin. El disco salió por el sello independiente Los Años Luz y la prensa lo adoró.

–Llegué acá en el año 2000 y a pesar de la crisis, salió todo bien. Hay un dicho inglés que dice que el césped siempre está más verde del otro lado. El argentino tiene siempre ese síndrome de tener un menosprecio por la propia cultura y una valoración excesiva de la cultura europea o yanqui. Ahora, la gente revaloriza la cultura propia. The Nada fue el disco que abrió las puertas. Sur o no Sur es el segundo, 19 canciones donde se mezclan el candombe, el tango, la bossa, la cumbia, y músicos invitados como León Gieco, Pablo Mainetti, Javier Casalla. En Sur o no Sur, el tema que da nombre al álbum, dice: "Me voy porque acá no se puede, me vuelvo porque allá tampoco. Me voy porque aquí se me debe, me vuelvo porque allá están locos. Sur o no sur... Me voy porque aquí se aprovechan, me vuelvo porque allá me echan". Ahora, desde que su canción Down with my baby se trepó a la novela Resistiré, todo parece ir mucho mejor para Johansen.

–No hay que hacerle asco a una entrada popular. Acá en la Argentina está esta cosa de ser del palo. Yo vengo de afuera y tengo la ventaja de no tener que comerme mucho eso del palo del rock, del palo del pop. Son canciones.

Sus amigos de Nueva York ya no le preguntan por qué vino a vivir a un país que ni siquiera es el suyo.

–Está probado que salió bien.

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