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Desastre ecológico en las Malvinas

Fue durante una operación para desactivar dos aviones argentinos caídos durante la guerra de 1982
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23 de enero de 2001  

Un desastre ecológico ocurrido en las Malvinas sacude por estos días la calma habitual de las islas y ha generado cuestionamientos de parte de sus habitantes hacia las fuerzas militares británicas que los custodian. Además, la cuestión activó en la memoria de los isleños recuerdos de los tiempos de la guerra con la Argentina.

El problema comenzó el viernes 12 del actual, cuando un grupo de militares británicos intentó desactivar la munición de dos aviones de la Fuerza Aérea Argentina, caídos durante el conflicto de 1982 en las islas Salvajes, una reserva natural de aves y pingüinos situada al noroeste de la Gran Malvina. La operación fracasó y la zona se prendió fuego. Pese a los intentos de los británicos, la isla ardió durante cinco días con el consiguiente perjuicio para la flora y fauna del lugar.

Los aviones eran dos A-4 Skyhawk tripulados por los tenientes Jorge Ricardo Farías y Jorge Eduardo Casco. Según la Fuerza Aérea Argentina, ambos militares murieron estrellados contra las islas Salvajes el 9 de mayo de 1982 mientras perseguían un barco británico (sobre lo que se informa por separado).

"Los militares dicen que no hubo daño, pero nosotros no creemos que esto sea cierto", dijo a La Nación Becky Ingham, una de las integrantes de la organización Falklands Conservation. Esta ONG es la más activa a la hora de criticar lo actuado por las fuerzas armadas británicas.

La base de las tropas británicas está situada en Mount Pleasent y es bien numerosa. Fue establecida luego de la guerra y los casi 2000 militares que la ocupan igualan en número a los habitantes civiles de las islas.

El capitán Ben Ingham, integrante de la oficina de prensa de la base malvinense, dijo a La Nación que "el daño fue mínimo".

Lo mismo opinó, en diálogo con este diario, una vocero del Ministerio de Defensa británico. La fuente citó un trabajo realizado por Ian Strange, "un experto ambiental independiente" que viajó a la isla para chequear el daño y aseguró que aguardan informes más detallados para terminar de establecer la magnitud de los perjuicios.

Las palabras de los militares no convencen a los ecologistas ni a las autoridades políticas de la isla. El gobernador Donald Lamont dijo que había que revisar los procedimientos utilizados por las fuerzas armadas británicas cuando trabajan en zonas ecológicamente sensibles.

Disculpas militares

El comandante de las fuerzas británicas de Malvinas, brigadier Geoff Sheldon, se excusó públicamente y dijo que habría una investigación. El viernes próximo participará de una reunión con los consejeros de las islas y una de ellas, Jan Cheek, dijo a La Nación que probablemente se discuta el tema.

Las islas Salvajes están preservadas como una reserva natural. Su fauna abarca especies en peligro de extinción, como albatros de cresta negra, un ave de rapiña llamada caracá y una especie de ruiseñor marino llamado Cobb´s Wren. También hay una importante comunidad de pingüinos.

Según los primeros cálculos, el fuego arrasó con el 90% de la vegetación de la isla y gran parte de los albatros y los pingüinos no sobrevivirán al desastre. Las otras especies también se habrían visto afectadas.

La organización Falkland Conservation emitió un comunicado donde consigna que las especies de la isla "están bajo una serie de amenazas", y cuestiona la acción de los militares por considerar que la condición de reserva natural de la isla "fue claramente violada".

Integrantes de la ONG están aguardando la autorización de los militares para trasladarse a la zona y comprobar el daño causado por el fuego. La única forma de llegar a las islas Salvajes es por medio de helicópteros militares. Nadie habita en la zona y sus tierras no son buenas para el cultivo.

La principal crítica que se le hace a los militares británicos es la oportunidad del operativo. Los meses de verano son muy secos en las islas Salvajes. "Una simple colilla de cigarrillo puede causar un desastre", explicó un isleño.

Luego de la guerra, las islas Malvinas se convirtieron en un cementerio de armamentos olvidados. Los más peligrosos son las minas antipersonales dejadas por las tropas argentinas, que impiden el tránsito por amplios sectores. Pero también hay aviones como el que fueron a buscar los británicos a las islas Salvajes.

La práctica habitual de las fuerzas apostadas en Malvinas es activar las municiones para evitar que éstas se conviertan en un riesgo para la población civil.

La Cancillería argentina prefirió no comentar el asunto.

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