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Néstor kirchner: el hombre de la hora

El primer presidente patagónico de la Argentina tiene un estilo que difiere del de los últimos mandatarios: prefiere la administración a las reuniones políticas, confía sólo en su círculo más íntimo y no le gusta delegar responsabilidades. Retrato íntimo del dirigente que conducirá los destinos del país
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18 de mayo de 2003  

En Santa Cruz suele recordarse que cuando en 1987 llegó a la intendencia de Río Gallegos, Néstor Kirchner dijo con toda seguridad: "Ahora quiero ser gobernador". Cuatro años después, ya en 1991, al cumplir aquel objetivo, reincidió, pero reemplazando el sustantivo : "Ahora quiero ser presidente".

No son pocos los que destacan la ausencia de carisma a la vieja usanza en el nuevo presidente argentino. Lo que nadie probablemente se atreverá a retacearle es el calificativo de perseverante.

Gobernador durante 12 años de una provincia extensa y escasamente poblada (Santa Cruz tiene 196.876 habitantes, apenas el 0,5 de la población nacional), muchos adjudican esa perseverancia al "estilo patagónico". También las principales características de su temperamento político: una desconfianza que lo inclina a apoyarse en un círculo estrecho (compuesto por su mujer, Cristina, y sus colaboradores cercanos), una actividad sin pausa que lo lleva a inmiscuirse en cada detalle y una insobornable fidelidad a los objetivos que se propone cumplir. Kirchner suele decir que su gran diferencia con el presidente Eduardo Duhalde es que a él no le gustan tanto las reuniones políticas como la administración. Su modus operandi como dirigente es poco proclive a delegar responsabilidades en otros. Suele darle directivas claras a sus ministros, pero sin hacerlos necesariamente partícipes de la política general que tiene en mente.

Esa predisposición por tener todo bajo su dominio tiene también otras facetas. Donde quiera que esté, por ejemplo, se conecta permanentemente vía computadora con la red de la gobernación de Santa Cruz. También lo lleva a profundizar en materias que considera necesarias para su función, como la economía, en la que ha sido estudiante autodidacto y ha recurrido a clases con un profesor privado.

Del Sur al poder

Kirchner nació en Río Gallegos el 25 de febrero de 1950. Aunque de adolescente fue presidente del centro de estudiantes de su colegio, la poca actividad política en su provincia no parecía destinarlo a las ligas mayores.

Aquellos que lo conocen suelen coincidir en que la gran inflexión en su vida, en término políticos, fueron los años que vivió en La Plata, adonde llegó en 1969 para estudiar derecho y donde terminaría recibiéndose de abogado en 1976. "Por primera vez vi la mejor universidad, el mejor hospital, fue todo un gran cambio", dijo alguna vez rememorando su primer encuentro con la gran ciudad.

Sus amigos santacruceños cuentan que cuando retornó a Río Gallegos durante unas vacaciones de invierno ya llegó mucho más politizado. Con un discurso definido. Hasta su aspecto había cambiado: estaba más flaco y tenía, contra su costumbre, el pelo largo.

Fue en La Plata que Kirchner, cuyo padre era peronista, comenzó a militar en la Juventud Universitaria Peronista y en unidades básicas de la denominada Tendencia. Fue allí donde supo ser de la partida para pintar muros con la célebre consigna "Perón vuelve" y fue la cercanía la que le permitió acudir a la Plaza de Mayo para la asunción de Héctor J. Cámpora (un acontecimiento que tiene bien presente. En los últimos días ha confesado la emoción que le produce su asunción como presidente en la misma fecha que aquel predecesor).

En La Plata se puso de novio con Cristina Fernández, una platense de familia radical a la que había conocido en la casa de la novia de un amigo. No fueron años fáciles para la Argentina, y después de recibido de abogado en 1976, ya consumado el golpe de Estado, acordaron retornar a Río Gallegos.

Kirchner ya sabía que se dedicaría a la política con la esperanza de llegar algún día a gobernador. Pero, además de la barrera infranqueable del Proceso, el futuro presidente tenía la convicción de que lo mejor para lanzarse a la arena partidaria sería lograr cierta independencia económica. Allí, él y Cristina pusieron en marcha el Estudio Jurídico Kirchner. Poco a poco, en una ciudad pequeña donde las relaciones familiares y el trato personal son capitales, fueron ganando clientes hasta convertirse en el bufete de abogados más exitoso de la provincia. En 1978 se suma a la sociedad de marido y mujer Domingo Ortiz de Zárate, quien los acompañará hasta 1983. En el estudio él, como encargado del gerenciamiento, era la cara visible del estudio mientras que Cristina (que se recibió en 1979) y su socio se dedicaban a la parte jurídica.

En aquellos años, por cuestiones que aún se desconocen, sufrieron dos atentados. Uno en 1980 y otro en 1982. El primero fracasó, pero el segundo -que fue un incendio- destruyó prácticamente la oficina. "Ahí se ve su voluntad y su gran fuerza de trabajo. Yo estaba en Buenos Aires y veo a mi socio que estaba deprimido. El, sin embargo, ya estaba dando órdenes a los albañiles y a los carpinteros para volver a levantarlo", recuerda Cristina.

En 1983, con el retorno de la democracia, Kirchner decidió lanzarse de lleno a su vocación. La inserción en el mundo partidario, sin embargo, le costó algún trabajo. Fundó el Ateneo Juan Domingo Perón, perdió algunas internas, pero mientras tanto será nombrado presidente de la Caja de Previsión Social por el gobernador Arturo Puricelli, que en la década siguiente será un enconado rival.

Conoció finalmente qué es la victoria en 1986 y al año siguiente fue elegido intendente de Río Gallegos. Resultó un triunfo escaso, que no se parecerá en nada a las victorias aplastantes que lo aguardan en el futuro: ganó por sólo 111 votos.

Su gestión al frente de la capital santacruceña se basó principalmente en la eficacia administrativa, contrapuesta a la mala gestión del gobierno provincial en ese período. Sería su principal divisa cuatro años después, cuando, para no dejar de serlo, es elegido gobernador con el 61,1 por ciento de los votos. Su sublema logró el 30,4, pero sumó el de los restantes candidatos peronistas, relegando a la UCR que había obtenido el 36 por ciento.

La construcción del poder

La llegada al poder no le hará perder a Kirchner sus hábitos cotidianos. Continuará siendo un asiduo visitante, al mediodía, del bar del céntrico hotel Santa Cruz. Su pedido fue siempre el mismo: una lágrima y un agua natural sin gas. Sólo de vez en cuando, si está acompañado de su profesor y amigo Emilio García Pacheco (que se define, excéntricamente, como "monárquico") se permitía tomar un cinzano acompañado por una picada.

Para entonces ya tenía un hijo (Máximo, hoy de 26 años) y estaba en camino una hija (de trece años). Desde el punto de vista material, ya tenía una pequeña fortuna personal que se reflejaba en propiedades (la pareja hoy tiene 24 propiedades, 22 de las cuales habían sido adquiridas antes de su ingreso en la política, en 1983).

Con esa misma paciencia, imprimiendo un estilo que consistía en seguir de cerca cualquier aspecto de la administración, comenzó a construir un poder político que, en pocos años, sus rivales no se atreverán a definir como autoritario. Preferirán otra palabra: hegemónico.

Aunque en un comienzo realizó un fuerte ajuste en la administración, con el correr del tiempo el gobernador Kirchner amplió la planta de empleados estatales y perfeccionó una política de subsidios y obras públicas.

Hitos de su gestión

Los resultados, según los indicadores sociales oficiales, son relevantes. En una provincia que creció un 72 por ciento en población en los últimos veinte años, debido a la inmigración llegada desde otras provincias, la tasa de desempleo llegó al 3 por ciento, el margen entre ricos y pobres se convirtió en el más bajo del país (el 60 por ciento de los ingresos pertenece al 40 por ciento de los más ricos), sólo el 8,7 de la población se encontraba en situación de pobreza y la asistencia a las escuelas orilla el ciento por ciento.

Los críticos de su gestión aseguran, sin embargo, que esas cifras sólo toman en cuenta los índices de la capital, donde el 50 por ciento de la población es empleada por el Estado y existen muchas familias que se benefician de subsidios y son consideradas en las estadísticas.

A los éxitos de su gestión oponen también una acción de gobierno que intenta someter la independencia de la Justicia y de la prensa, que depende ampliamente de la publicidad oficial.

También le critican su perpetuación en el poder, con cambios constitucionales que desfavorecen a las minorías y que le permitieron ser reelegido en 1995 con el 62,1 de los votos. En su siguiente período, y gracias a la convocatoria de un plebiscito popular que ganó con amplitud, esa posibilidad de reelección se volvió indefinida.

En el plano nacional, Kirchner fue sin embargo un duro opositor a Menem dentro de un peronismo encarrilado detrás del entonces presidente. Mientras acudía como convencional constituyente en 1994, votó en contra de las modificaciones de la Constitución que permitirían al año siguiente la reelección del líder riojano. También lo acusó, en la década del noventa, por no ampliar el porcentaje de impuestos coparticipables.

Durante la campaña, desde el menemismo se recordó una anécdota incomprobable. Decía que cuando visitó por primera vez al presidente Menem en la Casa Rosada, no pudo evitar "probarse" el sillón presidencial en un momento en que el riojano lo dejó solo en su despacho. Kirchner nunca lo admitió, pero hay quienes aún afirman que cuando Menem regresó a su oficina y encontró al santacruceño sentado en su sillón se molestó tanto que de allí en más el gobernador patagónico vio dificultada su comunicación con el gobierno.

Lo cierto es que, en 1996, Kirchner formó una línea interna dentro del Partido Justicialista, La Corriente Peronista, para oponerse al modelo neoliberal que propiciaba Menem. Eso significó un acercamiento a Eduardo Duhalde, al que antes había criticado. En 1999, en su segunda reelección como gobernador, poco antes de las elecciones nacionales que consagrarían a Fernando de la Rúa, dejó en evidencia su actitud combativa. Después de obtener el 52,1 por ciento de los votos se abrazó con Duhalde mientras Cristina, junto a otros militantes, se desahogaba cantando "Es para Menem que lo mira por tevé".

La dedicatoria no era inocente porque el ex gobernador Arturo Puricelli, hombre de Menem, fue parte de la Convergencia, un lema que contenía a la Alianza y al Movimiento Federal Santacruceño (Mofesa), el partido que fundó cuando rompió con Kirchner. Ese antimenemismo temprano y la administración de su provincia fueron beneficiados también por la fortuna. En 1993, Kirchner le ganó un juicio al Estado nacional por mala liquidación de regalías petroleras. Esto benefició a su provincia en 570 millones de dólares y acciones de YPF. Estas acciones fueron vendidas en un tiempo prudencial al triple del valor original. Ese dinero es el que Kirchner depositó finalmente en una cuenta suiza, lo que le valió críticas de distinto tenor. "Prefiero preservar ese dinero hasta que se aclare esta tremenda crisis -dijo en 2002-. Uno siempre tiene que tener un ahorro."

Cuentas pendientes

Sus relaciones con Duhalde fueron históricamente pendulares. Los roces con este último llegaron a su punto más álgido el año pasado cuando el actual gobierno se disponía a votar en contra de la reforma a la ley de subversión económica. Kirchner dio la orden de que el avión de la gobernación fuera puesto a disposición del liberal correntino Lázaro Chiappe, que no podía llegar a tiempo a Buenos Aires para votar en contra.

Más adelante equiparó al menemismo y al duhaldismo como "mafias" y, ya siendo delfín del dirigente bonaerense, volvió a oponérsele cuando reclamó la expulsión del senador Luis Barrionuevo de la Cámara alta, aunque aquél contaba con el respaldo del Ejecutivo.

De trato cálido, siempre frontal y a veces impetuoso, obsesivo con el trabajo y frugal en su vida cotidiana, al primer presidente patagónico de la Argentina lo espera en los próximos días una prueba de fuego crucial: ver cómo ese temperamento puede adecuarse a llevar las riendas de un país.

Cronología

1950: Néstor Kirchner nace en Río Gallegos. Su padres, Néstor Carlos y la chilena de origen croata María Juana, se habían conocido por telégrafo.

1975: se casa con María Cristina Fernández, una joven platense a la que había conocido durante los años de estudio en la universidad en La Plata. En esos años, Kirchner comenzó a militar en la Juventud Peronista, cercana al grupo Montoneros.

1976: se recibe de abogado en la Universidad Nacional de La Plata y decide radicarse en Río Gallegos, donde el matrimonio abre un estudio jurídico que se convertirá en uno de los más importantes de la provincia. En esos años, los Kirchner amasaron una pequeña fortuna personal que les permitió adquirir 22 propiedades.

1987: inmerso en la política desde el regreso de la democracia en 1983, Néstor Kirchner es elegido intendente de su ciudad natal, Río Gallegos, al imponerse por apenas 111 votos. Desde entonces no perdería ninguna elección.

1991: se postula a la gobernación de la provincia de Santa Cruz y triunfa con el 61,1 por ciento de los votos gracias a la polémica ley de lemas.

1995: tras reformar la Constitución provincial, Kirchner obtiene el derecho a ser reelegido gobernador, objetivo que consigue al imponerse en las urnas con el 62,1 por ciento de los votos. Su primer mandato se había caracterizado por el bajo desempleo, lo que comienza a diferenciar a su provincia del resto del país, que padece de alta desocupación sin precedente.1996: a esta altura ya es un claro opositor al gobierno de Carlos Menem, y crea dentro del justicialismo la llamda Corriente Peronista, decidida a disputarle el control partidista al entonces presidente.

1999: tras convocar un plebiscito, en el que obtiene un resultado favorable, vuelve a disputar una nueva reelección, lo que consigue con el 52,1 por ciento de los votos frente al 46,3 por ciento de la Alianza.

2003: se convierte en presidente electo de la nación, tras la renuncia de Carlos Menem a participar del ballottage al que ambos habían accedido. En la primera vuelta, obtuvo el 22 por ciento de los votos, por debajo del 24 por ciento alcanzado por el ex presidente. Se había visto beneficiado antes por la decisión judicial de suspender las internas justicialistas, luego de que Eduardo Duhalde lo postulara como el candidato oficialista.

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