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Aníbal Fernández, un hombre con audacia, picardía y ambición

Ocupará el Ministerio del Interior
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21 de mayo de 2003  

"Querido ministro amigo/ por ir capeando el destino/ hoy me cruzo en tu camino/ buscando un poco de abrigo./ Con cariño te lo digo/ estoy más que preocupao/ porque me encuentro maneao/ con algún que otro expediente/ que lo maneja tu gente/ y no me lo han terminao..."

El actual ministro de la Producción, Aníbal Fernández, escribió y envió ese poema en clave gauchesca al hasta hoy secretario de Hacienda, Jorge Sarghini, reclamando agilidad en el movimiento de unos documentos que necesitaba. Eran épocas en que ambos se desempeñaban como funcionarios del gobierno bonaerense de Carlos Ruckauf: él estaba a cargo de Trabajo y su destinatario, de Economía.

La reproducción de esta prosa -originalmente dada a conocer por un semanario político- no responde a un capricho. Ahora que Fernández fue designado ministro del Interior, quizá deba volver a apelar a este ingenioso recurso u a otros métodos aún más persuasivos para poder solucionar los desafíos que deberá enfrentar como titular de la cartera política. Estos consistirán, principalmente, en dialogar y negociar con los gobernadores de todo el país en procura del apoyo para la nueva administración.

Su éxito o fracaso en esta misión será determinante para una gestión que desembarca con la imperiosa necesidad de legitimarse con sus acciones de gobierno.

La tarea que liderará no será en absoluto sencilla y requerirá de toda la audacia y picardía que supo desplegar a lo largo su carrera. En su entorno no creen que los obstáculos puedan derribarlo. Argumentan que fueron aquellos atributos y una personalidad ambiciosa lo que le abrió las puertas a cargos tan disímiles como la intendencia de Quilmes, entre 1991 y 1994, y la Secretaría General de la Presidencia, a comienzos de 2002.

En cualquier caso, no trabajará solo. Será asistido por hombres expertos en el trato con los gobernadores, como el mandatario jujeño Eduardo Fellner (que lo auxiliará principalmente con el NOA) y el operador y secretario privado de Eduardo Duhalde, Juan Carlos Mazzón (que aportará los contactos con el interior que construyó cuando buscaba apuntalar a Néstor Kirchner en la campaña).

El costado oscuro del historial político de Fernández se resume en un problema que tuvo con la Justicia. En su paso por la intendencia de Quilmes, la concejala frepasista María Alburía lo denunció de haber hecho una contratación directa de un cuerpo de asesores letrados para solucionar el problema de una deuda acumulada por la comuna con la empresa Aguas Argentinas. Esto le valió una imputación por falsedad ideológica y mal desempeño de la función pública. Fernández llegó a estar prófugo de la Justicia, pero finalmente terminó siendo sobreseído por falta de mérito.

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