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A los 77 años, murió Nilda Hoffmann

La soprano sufría una larga dolencia
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25 de mayo de 2003  

La muerte de Nilda Hoffmann, ocurrida ayer en su casa de Villa Urquiza, provocada por una enfermedad larga e incurable, ha de causar profunda pena entre los amantes del arte lírico y la música en general porque se trata de una de las cantantes que integran el selecto conjunto de las más relevantes figuras del arte nacional. De sólida formación técnica y poseedora de una voz de color angelical, que se escuchaba con llamativa claridad y volumen, se caracterizó por su acertado criterio para llegar al estilo de cada obra en la que tuvo protagonismo.

Fue en 1945 -con la guía del eminente director alemán Erich Kleiber, ese artista formidable que tanto tuvo que ver con el ramillete de cantantes al que perteneció Hoffmann- el momento de su debut en el Teatro Colón, cantando una voz interna en "El Zar Saltan", de Nicolai Rimsky Korsakov. Luego de otros papeles menores, y ya con una considerable experiencia frente al público, asciende al primer plano con una impecable intervención como Freia en "El oro del Rhin", de Richard Wagner, junto a otros nombres tan rutilantes como Set Svanholm, Herbert Janssen, Lidia Kindermann, Elsa Cavelti y Emmanuel List, con la batuta de Kleiber.

Hacia fines de la década del 40 se afirmó como admirable estilista de las obras de Wolfgang Amadeus Mozart, y a partir de ese momento, al encarar Fiordiligi, en "Cosi fan tutte", junto al recordado Anton Dermota, fue la figura imprescindible de "Don Giovanni", "La flauta mágica", "Las bodas de Figaro" y "El rapto en el Serrallo", la mayoría de ellas dirigidas por grandes directores, como, además de Kleiber, Kart Bšhm y sir Thomas Beecham, detalle que da la medida de sus reconocidas aptitudes en este terreno.

Talento y belleza

Pero Nilda Hoffmann fue, además, una personalidad que aportaba a la escena una indudable cuota de belleza y simpatía y un desempeño como actriz de llamativa desenvoltura, virtudes que pudieron ser apreciadas como Sofía en "El caballero de la rosa", de Richard Strauss, como una delicada Eva en "Los maestros cantores", de Wagner, y en óperas del repertorio italiano y francés, donde en perfecta demostración de ductilidad idiomática le permitió ser una impactante Rossina, una etérea Margarita o una pizpireta Norina.

Por último cabe señalar que Nilda Hoffmann completa su significación artística en otros terrenos del canto. En 1950, con la batuta de Wilhelm FurtwŠngle, acaso uno de los más excepcionales directores del siglo pasado, Nilda Hoffmann integró el elenco de solistas de la versión que el maestro alemán ofreció con la orquesta Estable del Teatro Colón de "La Pasión según San Mateo", de Johann Sebastian Bach. Y a partir de su paulatino retiro del canto, su dedicación a la enseñanza la llevó a ser profesora del Instituto de Arte del Teatro Colón.

Nilda Hoffmann había nacido en la provincia de Santa Fe el 18 de mayo de 1923. El domingo último había celebrado su cumpleaños en su casa, ocasión en la que invitó a un grupo de sus más entrañables amigos.

Celebró sus 77 años en felicidad, pero seguramente convencida de que ésa sería una despedida de la vida terrenal, aunque no de la música y de sus admiradores.

Sus restos fueron llevados a su provincia natal, donde será sepultados.

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