Banderas, rey de Broadway

El actor español protagoniza el exitoso musical "Nine" y por esa labor es candidato a los premios Tony, que se entregarán el domingo
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3 de junio de 2003  

NUEVA YORK.- Son días febriles para Antonio Banderas. Ocho funciones por semana haciendo el musical "Nine" en Broadway, dándoles los últimos retoques a tres películas en Hollywood, una en preproducción, haciendo planes para volver a trabajar con Pedro Almodóvar, y, para colmo, una nominación al premio Tony a la mejor actuación masculina en musical, que se entregará el domingo y le ha traído una catarata de pedidos de entrevistas que sus representantes apenas pueden contener.

"Es mucha presión. Tenemos muchas ganas de que los Tony terminen e ir en crucero, tranquilitos y poder trabajar de otra manera", reconoce el actor malagueño durante una charla después de haber terminado una función de "Nine". Basada en la ya clásica película de Federico Fellini "8 y medio", esta comedia musical representa el debut de Banderas en Broadway y, como si fuera poco, para bailar y cantar en inglés.

Mucho más flaco de lo que se lo vio en sus últimos films, Banderas viste una guayabera de tonos rojos bordada, jeans gastados, botas de cuero (compradas en la Argentina) y una gorra roja con la visera dada vuelta. Agotado, se derrumba sobre una silla de director y saluda a la distancia a unas fans que se quedaron en el fondo del teatro Eugene O´Neill para echarle una mirada. En el mes y medio que lleva en Broadway, Banderas se ha convertido en un ídolo de matiné para señoras maduras que vienen a verlo especialmente, incluso desde otros Estados, y para un regular público de hombres gay.

"El teatro musical me encanta; yo soy un actor por el teatro musical", confiesa Banderas, para luego contar que se "enamoró" de este estilo teatral cuando en 1976 vio una producción norteamericana de "Hair" en España. Esa función lo llevó a tomar sus primeras clases de teatro.

"Mi primera ambición fue el teatro y por medio de él entré en contacto con la actuación. Actué cinco años en Málaga y luego en Madrid, pero después el cine vino y me sacó del asunto -relata-. Es curioso porque al llegar aquí, de alguna manera, aunque sea teatro en inglés y sea un musical, me siento como en mi casa. El teatro tiene un lenguaje muy internacional; no depende tanto de la lengua en que lo estás haciendo; hay algo que supera al lenguaje que tiene que ver con ritmo, distancias, otros elementos, que me siento en mi territorio."

Con Almodóvar

Conocido primero a través de las películas alternativas de Pedro Almodóvar y luego gracias a su éxito en films norteamericanos de gran presupuesto, Banderas, de 43 años, podría haberse quedado muy tranquilo en el privilegiado sitial que ya tiene ganado en Hollywood, pero prefirió correr detrás de su sueño de cantar y bailar sobre un escenario. Ningún tonto: en "Nine" lo hace acompañado de un elenco de 16 mujeres, entre las que se destacan la legendaria Chita Rivera, Jane Krakowski y Mary Stuart Masterson, las tres también nominadas a premios Tony, al igual que el director, David Leveaux.

Ya lo han venido a ver varios amigos, sus colegas y compatriotas Penélope Cruz y Javier Bardem, entre otros famosos, y su mujer, Melanie Griffith, no se perdió ninguna de las primeras funciones. Ahora ella está del otro lado de la calle 48, en el Ambassador, ensayando para interpretar próximamente a Roxie Hart en "Chicago". Dicen las malas lenguas que es tan celosa que no quiere estar muy lejos de su marido. Planean dejar pronto Los Angeles e instalarse en la Gran Manzana, ya que, según afirma él, piensa dedicarse mucho más al teatro a partir de ahora.

"No quiero ser uno de esos actores que vienen de Hollywood a Broadway, ponen una bandera aquí, hacen una gran entrada y se largan -dice-. A mí me gustaría mantener una relación con Broadway y con el teatro en general, puede ser off Broadway, off off Broadway o incluso España otra vez. Me gustaría mantener una relación más directa y no esperar otros quince años a hacer un espectáculo porque es muy satisfactorio."

Más cine

Viene de rodar tres películas, "Once Upon a Time in México" y "Spy Kids III", ambas de Robert Rodríguez, en las que comparte pantalla con Salma Hayek, e "Imagining Argentina", de Christopher Hampton, con Emma Thompson, filmada en Buenos Aires. En sus obligaciones contractuales todavía tiene la secuela de "El Zorro" y luego tiene el proyecto de filmar "Tarántula", con Penélope Cruz y la dirección de su amigo Pedro Almodóvar. En principio, seguirá con "Nine" hasta septiembre, pero con el éxito de público y de crítica que está teniendo, puede alargarse más.

"A mí me podían haber crucificado en Times Square y por 25 centavos me daba una patadita en el culo todo el que hubiera querido -bromea-. Pero no, las cosas han ido muy bien", reconoce.

Declarado fanático de las películas de Fellini y admirador de Marcello Mastroianni, quien en "8 y 1/2" dio vida a Guido Anselmi, el personaje en el que se basa el Guido Contini de "Nine", Banderas asegura que le hacen falta muy pocas cosas para ser feliz trabajando. Son los "placeres primitivos de la vida", como él los define: comer bien, beber bien y tener una buena mujer. "Es muy primitivo y al mismo tiempo muy sofisticado -explica-. Yo me acuerdo de que Marcello iba a rodar en Barcelona una película y le preguntaron en una entrevista si tenía en Barcelona todos los elementos que necesitaba para hacer una película. Y él dijo, en contra de todos los actores americanos de método: ¿hay mujeres en Barcelona? Sí. ¿Hay vino en Barcelona? Sí. ¿Hay comida en Barcelona? Sí. Ya está, cojonudo, es todo lo que necesito."

-¿Cómo creés que hacer teatro en Broadway va a afectar o impulsar tu carrera en el cine?

-No me importa tanto la carrera como hacer las cosas que estoy haciendo en el momento en que las estoy haciendo. Y esto forma parte también de esto. Estoy contento con el recibimiento de la crítica. Haber recibido ya dos premios digamos que te relaja mucho en el escenario, te permite jugar mucho con el personaje y no estar pensando "Dios mío, tengo que demostrar algo", simplemente uno viene y lo hace. Puede que sea un punto de inflexión en mi carrera, pero no porque yo lo haya pensado, sino porque de todas formas iba a ocurrir. Tengo ganas de dirigir, tengo ganas de trabajar menos en el cine, vengo diciéndolo desde hace tiempo, pero creo que es el momento ahora de hacerlo y poder elegir los trabajos de otra manera.

-¿Te sentís más cómodo en el teatro que delante de las cámaras?

-Sí. Llevaba como quince años sin hacer teatro y me había olvidado de lo que significaba para mí esa actividad. Los procesos son totalmente diferentes. En el cine uno no es el dueño totalmente del proceso, en las películas uno deposita un material y alguien va a venir después y lo va a montar, le va a dar una forma, va a poner música que tú no sabías que existía, las emociones durante 20 segundos, dos minutos si tienes la suerte de hacer un master largo, pero estás en la mitad de un proceso. Y en el teatro no; en el teatro el actor está al final. Llega un momento en que el cordón umbilical que uno mantiene con la dirección se corta y en ese momento uno pertenece al público.

-Acabás de venir de filmar en la Argentina y en "Nine" trabajás con un coreógrafo argentino, Gustavo Zajac, con quien pusieron un número de tango que no existía. ¿Qué tan cerca te sentís de nuestro país?

-Tengo una relación muy larga con la Argentina. Yo viajé allí por primera vez en 1984, con la Compañía Nacional de España, trabajando con un maestro, Alfredo Alcón. Hicimos "Eduardo II", de Marlow, durante un mes. Nos recibieron muy bien, fue muy exitosa nuestra presencia en el teatro Cervantes. Recuerdo que entraba por la calle Cerrito. Desde entonces he mantenido una fuerte relación con amigos que me hice en aquella época y después con muchos actores argentinos que trabajaron en España. Concretamente con Cecilia Roth, ella me presentó a Fito y con él he conocido a mucha más gente. Como que me siento muy en casa cuando voy a Buenos Aires, me pasa lo mismo con México, donde ya son seis películas las que he hecho ahí, si pones el tiempo junto he pasado quizá casi dos años de mi vida ahí en México. Cuando uno comparte la vida diaria de los argentinos o de los mexicanos, todos los días, los problemas, uno termina involucrándose de una manera u otra con la gente y siente cuando las cosas van bien o cuando van mal en esos lugares.

-Este ha sido tu debut en Broadway; en un mes y medio ya ganaste dos premios -el del Drama Desk y del Outer Circle- y estás nominado para un Tony. ¿No se te sube a la cabeza?

-No, la verdad, después de veintisiete años de trabajo, habiendo chupado todo lo que yo he chupado en la vida es muy difícil que las cosas se suban a la cabeza. La verdad es que no lo esperaba; esperaba cumplir las funciones determinadas, poder hacer una presentación decente y salir más o menos airoso del trámite, y cumplir un sueño.

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