Trabajo por intercambio

La Red Telar reúne a profesionales que ofrecen su tiempo por servicios
(0)
8 de junio de 2003  

Los lunes, a las 4 en punto, se repite el ritual. Un grupo de personas se reúne en un bar de Palermo a dar, por intercambio, lo que mejor sabe hacer. La variada oferta incluye desde atención médica y psicológica hasta masajes, servicios de belleza, y clases de música o computación.

Se trata de la Red Telar, un banco de tiempo que se gestó en diciembre de 2001 y que finalmente vio la luz en junio del año último. La madre de la criatura es Margarita Llada, contadora interesada en las distintas vertientes de la economía social. Fiel a su estilo, decidió trocar las cacerolas por un aporte concreto a a la comunidad.

Muchos de los miembros son profesionales que, por la crisis económica, quedaron con varias horas libres -ociosas, según el código de los intercambiantes- y que las ofrecen por servicios brindados por los socios de la red. Otros están desocupados y encuentran en el intercambio no sólo una manera de mantenerse activos, sino también una forma digna de acceder a lo que la falta de empleo se empeñó en vedar.

"Poco a poco, la clase media se vio forzada a relegar algunas cosas, desde el estudio de idiomas o el cuidado personal hasta cuestiones más serias como la salud. A esto se sumaron profesionales con varias horas disponibles que podían ofrecer su trabajo a cambio de otros servicios", cuenta Llada.

Aunque la asociación con el sistema de trueque es inevitable., la contadora se encarga de diferenciarse. "En la Red se valora el trabajo, en cambio en el trueque se pondera el producto, no importa el esfuerzo puesto en él. Además, no utilizamos créditos, sino puntos, que son virtuales, por lo que no se alienta una economía paralela", explica.

Dar y recibir

El funcionmiento de Red Telar es puramente virtual. Salvo las reuniones de los lunes, los miembros realizan sus transacciones laborales por medio de la página www.redtelar.com.ar . Allí, a modo de aviso clasificado, se publican los servicios ofrecidos y un teléfono o mail. Los nombres se mantienen ocultos hasta que los intercambiantes se contactan.

Actualmente, la Red cuenta con 300 inscriptos dispuestos, por ejemplo, a reparar la computadora a cambio de un arreglo de caries o una limpieza facial. También hay abogados que ofrecen asesoraramiento legal por clases de inglés o guitarra, y sastres que confeccionan un traje para obtener apoyo psicológico. "La idea es que cada persona aproveche sus conocimientos y los ofrezca de manera responsable en la Red. Se permiten hasta tres ofertas", detalla la contadora.

Sin embargo, no todos lo servicios se valoran de la misma manera. Ni lo que alguien ofrece puede ser del interés del otro. Por eso, existe una moneda que es el punto. "En la Red fijamos un valor de intercambio por categorías. Creemos justo que el que se esforzó más obtenga más puntos. Por eso la hora de un médico se valora más que la de un albañil calificado", aclara Llada.

Pero la tabla es sólo una guía. No es obligatorio respetarla. "Incluso, si una persona hace tortas puede cobrar en pesos por los insumos que utiliza y en puntos por la hora trabajada", agrega. Como el ingreso es libre y gratuito, Red Telar se reserva el derecho de permanencia. Si hay quejas respecto de la prestación de un servicio, la administración tiene la libertad de expulsarlo de la Red.

Un proyecto social

Miriam es contadora y la dueña de Rustico Pub, el bar donde los intercambiantes se reúnen los lunes. En Red Telar ofrece asesoría contable y las instalaciones de su espacio gastronómico para dictar cursos y clases de gimnasia, yoga o baile.

"En este momento estoy arreglando la computadora por intercambio. Y tengo promociones en el bar para la gente de la Red", cuenta. Ella se desencantó del trueque. "Me fui al poco tiempo porque los profesionales no teníamos lugar-opina-. Red Telar es una propuesta interesante porque lo que se valora es el trabajo, el conocimiento, y además existe la posibilidad de cobrar en pesos", destaca Miriam.

En una de las mesas del fondo, Blanca cuenta su historia. "Me acerqué motivada por el intercambio entre profesionales. Pero como soy capacitadora en gestión de microemprendimientos también me interesó la propuesta desde el punto de vista del proyecto social", dice.

El problema es que, como no sabe navegar por Internet, todavía no pudo anotarse. "Lo primero que voy a tomar cuando logre inscribirme es un curso de computación", bromea. A su lado, un profesor de informática se apuró a tomarle los datos.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios