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Astrónomas argentinas, en el primer puesto

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9 de junio de 2003  

"La Argentina ocupa el primer lugar en el mundo en las estadísticas que muestran el número de mujeres dedicadas a la astronomía", dice Gloria Dubner, del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), en la Ciudad Universitaria. "Las investigadoras profesionales en esta disciplina ascienden al 35 por ciento del total, cifra todavía no alcanzada por ningún otro país con una base de más de cien expertos en esta categoría."

Los datos registrados por la Unión Astronómica Internacional, con algo más de 8500 miembros, muestran también que las argentinas que asoman sus narices al cosmos casi triplican el promedio mundial, de apenas un 12% de presencia femenina.

Si bien las exploradoras del universo siguen siendo minoría, de a poco es posible hallarlas en cargos jerárquicos y con algunas peculiaridades locales. Sin ir más lejos, la dirección del propio IAFE está en manos de una mujer: Marta Rovira. "En este instituto, el plantel masculino y femenino está dividido en partes iguales", grafica.

En estas últimas décadas se han producido cambios que llevaron siglos. "La primera vez que fui al Observatorio de Cerro Tololo (Chile), en 1982, no había baño para mujeres en el sector del telescopio de mayor dimensión", recuerda Dubner.

Otra anécdota de la actual directora del Observatorio Europeo Austral, la franco-argentina Catherine Cesarsky, ilustra en detalle cómo era la situación para las mujeres que querían dedicarse a la astronomía hace más de 30 años. En ese entonces, ella cursaba en un colegio de la comunidad gala en Buenos Aires cuando tuvo una entrevista con un inspector visitante que cambió su destino inmediato. Ella le comentó su interés en continuar estudiando matemática y ciencia en la prestigiosa Ecole Polytechnique. ¿La respuesta? "Se rió y me dijo que no había mujeres en la Ecole Polytechnique. Esto recién cambió en 1972", relató en una conferencia sobre la mujer en la ciencia.

Tras este esclarecedor encuentro, Cesarsky decidió ingresar en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y allí se graduó.

Historia de estrellas

Desde la época de la astrónoma y matemática Hipatia de Alejandría hasta el presente, no fueron pocas las apasionadas por develar los misterios del cosmos.

Estas verdaderas estrellas terrenas vieron más de una vez opacada su luz, mientras el brillo se lo llevaban sus maridos, hermanos o jefes, tal como relata Dubner: "Caroline Herschel (1750-1847) hizo el más tedioso trabajo de ordenar, clasificar y escribir el catálogo de las 2500 nebulosas que detectó su hermano William, descubridor del planeta Urano. En una ocasión, él le regaló un telescopio para que se entretuviera, y ella descubrió ocho cometas en los siguientes once años. Por esto recibió una medalla de oro de la Sociedad Real de Astronomía de Inglaterra, que en 1835 la nombró miembro honorario, ya que su condición femenina le impedía ser miembro pleno".

Estas diferencias de clasificación perduran hoy de manera más sutil, como puso al descubierto un ingenioso test de la American Astronomical Society.

¿De qué se trató? Un mismo trabajo científico o paper fue enviado a distintas publicaciones firmado, en un caso, con un nombre de pila masculino; en otro, uno femenino, y en un tercero sólo aparecían las iniciales, es decir, el jurado no podía deducir el sexo.

"Cuando el autor aparecía como hombre obtenía un buen puntaje; si era mujer, menos, y ante las iniciales, la calificación era intermedia", dice Dubner.

Si de este estudio se desprende que las Marías corren con desventaja ante los Marios, de otro trabajo particular se observa cómo influye la maternidad en la producción científica femenina. Dubner comparó en total veinte currículum de hombres y mujeres-madres investigadoras. A ellas les pidió que le marcaran los años de sus partos. Llevadas las historias personales a un gráfico de ejes cartesianos, los varones mostraban un nivel de producción constante que se reflejaba en una diagonal ascendente, en cambio las mujeres tenían picos y caídas.

"La producción de trabajos en congresos y publicaciones aumenta significativamente durante el embarazo, y luego cae a cero en el primer año de vida del bebe. Más tarde se recupera, hasta otro embarazo o hecho familiar que le quita tiempo a la investigadora. Pero con el paso de los años éstas alcanzan o superan el nivel de los hombres que muestran una carrera más estable", señala Dubner, que tiene tres hijos.

La experiencia es la misma para Rovira, casada, con dos hijos y un nieto. "La carrera femenina es más lenta. Llegamos al mismo lugar que alcanzaron los hombres, pero con más edad que ellos", puntualiza. Rovira y Dubner son hoy las únicas dos mujeres investigadoras principales del Conicet en astronomía en actividad.

Impuestos maternales

Por otra parte, esta profesión obliga a frecuentes viajes a observatorios ubicados en lugares recónditos del mundo. "Particularmente, hasta que mis hijos tuvieron 10 o 13 años, no tuve oportunidad o no busqué viajar. Fue una elección, privilegié a mi familia –testimonia Rovira–. Cuando mis tres chicos eran pequeños, volvía de cada campaña cargada de regalos y decía: «Voy a pagar mis impuestos». Hoy, el menor de ellos tiene 17 y ninguno me reprochó mis viajes", señala Dubner, que no olvida que un cálculo astronómico puede a veces resultar menos complejo que conciliar la multiplicidad de obligaciones que es necesario armonizar a lo largo de un día de rutina familiar.

Difícil ecuación es la de familia y profesión... Tanto, que las astrónomas de México, Chile, Brasil, Venezuela y la Argentina dedicaron varias horas a reflexionar sobre este asunto entre mesa y mesa del Congreso Regional Latinoamericano realizado en 1980.

Aquello que empezó como una charla de café terminó conformando la Asociación Latinoamericana de Mujeres Astrónomas (ALMA), que hoy brega, entre otras cuestiones, por el reconocimiento de la licencia por maternidad a las becarias, o por ampliar la edad a la hora de presentarse en una beca en el caso de investigadoras con hijos, teniendo en cuenta el atraso que provoca la maternidad.

Si bien han recorrido un largo camino, aún resta desandar un buen tramo.

"La idea es evitar plantear la ecuación como carrera versus familia; lo que queremos es mantener y desarrollar carrera y familia", concluye Dubner.

Un sistema patriarcal

Niemela Virpi se doctoró en astronomía en 1974 y es una de las dos únicas mujeres que integran la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Llegó al país a los 17 años desde Finlandia, "un país matriarcal", define. Quizá por eso a su familia no le extrañó cuando decidió estudiar astronomía en La Plata. En esa época eran muy pocos estudiantes, tanto hombres como mujeres. "Sólo con la serie de "Cosmos", de Carl Sagan, la inscripción pasó de 20 a 120 alumnos", señala.

¿Sufrió discriminación por ser mujer en su carrera? "La discriminación no es de los científicos. Pero el sistema es patriarcal, está acostumbrado a que los jefes sean varones", indica. A lo largo de su trayectoria no olvida que escuchó planteos como: "Si tenés marido, ¿para qué querés un cargo rentado?", ni la colaboración estratégica de una persona clave, la niñera, para unir su profesión con su familia de dos hijos (hoy cuatro nietos). "Las carreras de las mujeres suelen construirse sobre los hombros de otras mujeres. Muchas veces el precio es limitar el número de hijos o no casarse", subraya.

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