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Aimar a Valencia, tras una interminable reunión

Estará en el club español hasta junio de 2008; el acuerdo se cerró a las 2.30 de la madrugada
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31 de enero de 2001  

VALENCIA.- Por la tarde de ayer, la euforia que generó entre los hinchas la llegada de Pablo Aimar al aeropuerto de Manises, de esta ciudad. Por la noche, las intensas negociaciones entre Valencia y River, que se prolongaron por siete horas y que concluyeron a las 2.30 de la madrugada de España de manera feliz: finalmente, el cordobés se convirtió en jugador del club español hasta junio de 2008, por el pago de 20.000.000 de dólares.

Hoy, Aimar se someterá a la revisión médica y por la tarde será presentado como nueva incorporación de Valencia. Seguramente mañana se pondrá a las órdenes del director técnico Héctor Cúper.

En la extensa reunión hubo siete protagonistas. Por River estuvieron el presidente, David Pintado; el tesorero, Roberto Jakobi, y el asesor letrado, Eduardo Galeano. Por Valencia, el presidente Pedro Cortés, el consejero delegado, Manuel Llorente, y Javier Subirat, secretario técnico. Yen el medio, el empresario Fernando Hidalgo, colaborador de Gustavo Mascardi, representante de Aimar.

Todo se complicó cuando los dirigentes millonarios reclamaron mayor dinero neto para el club por la transferencia. Se encontraron con la dura posición de los españoles y de ahí surgió una idea: obtener dinero del porcentaje que le corresponde a Aimar por la transferencia. Traducido en cifras, querían 500.000 dólares de los 2.550.000 que irán para el cordobés por el 15% del pase.

Mientras tanto, Aimar estaba expectante en el Valencia Palace Hotel. Cuando se enteró de esta nueva jugada de los dirigentes de River, el futbolista se puso en llamas y dejó en claro que de ninguna manera iba a ceder parte de su dinero. Es más: a los gritos, les enviaba un mensaje por teléfono a los dirigentes, vía Matías Aldao, colaborador de Gustavo Mascardi:"¡Deciles que la próxima vez en el avión me manden con ellos a primera clase y no a turista!" Después, se limaron las asperezas y se llegó a una solución. Aunque no trascendieron los términos, se comenta que Valencia acortó los plazos de pago y River obtuvo algo más de dinero de forma inmediata.

¿Qué había sucedido antes?

A las 17.16 de España, cerca de quinientos hinchas le dieron la bienvenida al cordobés en el aeropuerto de Manises. Lo recibieron al grito de "vamos, vamos campeón", envueltos con banderas y distintivos del club español, tras una hora de espera, ya que Aimar y los dirigentes perdieron el enlace del vuelo previsto inicialmente desde Madrid.

Una pancarta decía: "Con Aimar, a ganar sin parar. Bienvenido pibe", y el jugador evidenció la sorpresa en su rostro, mientras contemplaba el revuelo de los medios de prensa, con 12 cámaras de televisión, 20 fotógrafos y cerca de cien periodistas.

Como sucedió con Martín Palermo, que recibió un jamón a su llegada al aeropuerto de Valencia por parte de hinchas de Villarreal, la anécdota del recibimiento al volante nacido en Río Cuarto la protagonizaron dos seguidores de Valencia, conocidos como "los gemelos de Rafelbunyol", quienes detuvieron el vehículo que transportaba a Aimar al hotel y le entregaron un canasto con naranjas, fruta típica de Valencia.

No ve la hora de jugar

VALENCIA.-En medio del enredo de cables y micrófonos en el aeropuerto valenciano de Manises, Pablo Aimar dijo sus primeras palabras en tierra española: "Quiero empezar a entrenarme cuanto antes. Todo el mundo me ha hablado muy bien del club. La liga española se ve mucho en la Argentina y es muy competitiva".Enseguida agregó: "Estoy satisfecho por haber llegado a Valencia, a donde tenía muchas ganas de venir. El Burrito Ortega y Claudio López me hablaron muy bien de este club". Finalmente, Aimar se refirió a unas declaraciones de Diego Maradona desde Frankfurt, en las que elogiaba al jugador. "Eso habla muy bien de mí y se lo agradezco". Y no hubo mucho tiempo más, porque enseguida se dirigió a Valencia Palace Hotel, en donde estuvo atento a las negociaciones. Sólo en un momento, por la noche, el cordobés tuvo tiempo de hacer un breve paseo.

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