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Fernando Bravo: con vocación y humor

Se reserva el papel de bastonero en el programa, pero asegura funcionar como una dupla con Alfredo Leuco
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22 de junio de 2003  

Abrazó la causa radial en su San Pedro natal y marcó el camino para toda una generación. Hoy, con 36 años frente al micrófono, revalida el rol de bastonero que aprendió de sus maestros y la utilización del humor como una eficaz herramienta para acercarse al oyente.

Su nombre es sinónimo de radio y televisión, y en ambos medios marcó un estilo en el que conviven la calidez y la impronta humorística. El gen de comunicador radial se despertó, sin embargo, en su San Pedro natal en la adolescencia, cuando prácticamente jugaba con el micrófono en la propaladora APA, donde más tarde lo harían Lalo Mir y tantos otros hombres de radio oriundos de esa ciudad. Quizás es ésta una de las principales razones por las que hoy, en esa ciudad, Bravo posea su propia emisora (la FM 88,7 La Radio) y en esta creación se yuxtaponen su mejor tributo a la radio y al pueblo que lo vio crecer. No resultan casuales -y su audiencia las comparte- las transmisiones en dúplex, que en más de una oportunidad Bravo realiza desde su querida San Pedro.

En la actualidad, Fernando Bravo conduce "Aquí estamos", por Radio del Plata (AM 1030), en el competitivo y revalorizado horario del regreso (de 17 a 20) y abre el juego a quienes lo secundan en su labor: Alfredo Leuco, reconocido periodista independiente, que tiene a su cargo el análisis y comentarios de actualidad y política. Claudio Federovsky, quien asume toda la asignatura deportiva, en todas sus disciplinas, y, de la misma manera, la locutora Gabriela Delelisi, que es la voz de las noticias. Todos, si así lo desean, participan además en temas y debates que se suscitan en el desarrollo del programa. El staff se completa con la participación especial de Marcelo Zlotogwiazda, que aporta diariamente sus puntuales y rigurosos comentarios económicos.

"En "Aquí estamos" -continúa Bravo- ocupo el lugar que más me gusta: el de administrador, locutor, animador, el que crea el campo propicio para que los columnistas tengan su destacada y merecida participación."

Bravito o Fer, como le dicen sus compañeros y también sus oyentes, habla con visible entusiasmo en la descripción de su programa y "en el aire" su labor permite redescubrir el rol de bastonero, tan importante en un formato que aglutina información, reportajes, comentarios, editoriales, música y por supuesto muy buen humor. Está siempre atento y da instrucciones precisas a los columnistas y al operador para ir colocando, según sus propias palabras, "esos ingredientes que hacen al calor y al color del programa".

-¿Qué es lo diferente en este ciclo?

-A decir verdad, con Leuco, funcionamos casi como dupla en el programa. Su participación es más que relevante y con su columna, titulada "Le doy mi palabra", le dio forma radial a un espacio que estaba perdido o dejado de lado en general: "la nota editorial de cada día", que lleva su estilo y le da un perfil distinto cada día. Porque Leuco no sólo analiza y comenta los hechos que surgen de la realidad sociopolítica, sino que el costado humano siempre está presente; sin ir más lejos, su columna con motivo del Día del Padre fue quizá de las más solicitadas y elogiadas, y por supuesto muy conmovedora. Los oyentes la esperan, la celebran; no es casual que ya haya editado un libro con algunas de sus mejores columnas, y que día tras día la busquen con avidez en nuestra página de Internet.

"Instituí el furcio"

-El humor en sus programas, ¿es una constante o un estilo?

-El humor es el ingrediente que yo utilizo básicamente para que el mensaje sea más digerible o que sea un poco más agradable. Desde la observación, proceso palabras o situaciones que entiendo enriquecen el mensaje. Con el humor, me coloco del otro lado y hasta puedo editorializar, reflexionar, pero no me quedo en el simple cascabillo sino que me planto en el juego de palabras e ideas seleccionando, por supuesto, los temas. La repentización fue en mí una cuestión natural, desde siempre, y la asumí por igual en la radio y en la TV y hoy la considero mi forma de abordar mi trabajo o, si prefieren, un estilo laboral. Esto me viene de chico: yo era el presentador en los actos de la secundaria, animé fiestas de egresados, hice teatro vocacional y hasta integré un conjunto folklórico que se presentó en el viejo Canal 7. Nunca tuve pánico escénico. De alguna manera, la risa es contagiosa: Leuco tiene un formidable humor cordobés y con el resto de mis compañeros compartimos momentos divertidos y delirantes. Y quizá por esa misma razón prácticamente instituí el furcio. Lo comenzamos a instrumentar en Radio Rivadavia, en el 75. Allí trabajaba junto a Rina Morán y Wilmar Caballero: leíamos muchísimas publicidades y así también nos equivocábamos. Nos causaba tanta gracia que decidimos grabarlas, editarlas y los viernes ponerlas en el aire con el título de "El show del furcio", con tan buena repercusión que lo que comenzó como un micro terminó durando casi media hora. Las tengo todas guardadas, atesoradas, porque algunas son absolutamente antológicas. Pero atención, el furcio es para el locutor lo que para el peatón pisar una baldosa floja. Siempre lo señalo a los estudiantes de locución. Si te parás a limpiarte el pantalón, perdiste. Cuando cometiste un furcio, cerrá los ojos y seguí adelante. Después se puede recrear, interpretar y, por supuesto, divertirse.

-¿Cómo resumiría la experiencia que adquirió en sus 36 años en el ejercicio de la profesión, en diferentes emisoras y horarios?

-Me recibí en el ISER en el 68 (viajando diariamente de San Pedro a la Capital), pero ya durante el 67 y 68 participé en las transmisiones automovilísticas del equipo de Alfredo Curcu. Con la obtención del carnet de locutor, en enero del 69, comencé a trabajar como animador, informativista o conductor en la primera mañana; en el clásico de 9 a 12, por la tarde y ahora en este denominado "la vuelta" y en varias emisoras: Antártida, Argentina, Belgrano Mitre, La Red, Rivadavia, El Mundo y Del Plata; prácticamente recorrí todo el dial de AM. Mi paso por Rivadavia en el 75 me dejó una marca indeleble. Claro, en esos años la grilla incluía a Larrea, Carrizo y José María Muñoz. Yo conducía el segmento que iba entre "La vida y el canto" y "La oral deportiva". Recuerdo con emoción la posta entre el ciclo de Carrizo y el mío que a veces se extendía por media hora (él hablando de General Villegas y yo, de San Pedro), era una diversión enorme y una experiencia inolvidable. Fue en Rivadavia donde aprendí lo que era el estilo de una radio, con el "Rotativo del aire" y el vértigo de la información en una radio líder. Me di cuenta de que el oyente percibía cómo corría un tipo por un pasillo llevando una noticia para ponerla en el aire. El micrófono es radiográfico y además mide sentimientos y sensaciones; por eso cuando no se genera un buen clima o los integrantes de un programa no se llevan bien, el público lo detecta, al igual que cuando un conductor -al que la gente admira- tiene algún problema personal. Tan sólo cuando dice: "Buenas tardes", del otro lado se preguntan: ¿qué le pasa que está tan cambiado? Este fenómeno sólo lo registra la radio y crea una exigencia, de palabra, opinión y pensamiento. Porque de esa manera el oyente te coloca en un lugar especial. Esta exigencia de la profesión nos lleva a jugarnos políticamente, es propia de los tiempos que corren, pero no se dio en generaciones anteriores. La democracia nos ha pavimentado el camino. Podemos señalar que no estamos de acuerdo con el gobierno de turno y seguir trabajando, más allá de los años de la dictadura.

Referentes de antes y ahora

-Usted hizo radio en la denominada "época de oro" y lo sigue haciendo, ¿cuál es el balance?

-Altamente positivo. De la "época de oro" tengo tres referentes. De Cacho Fontana intenté tomar la seguridad, la dicción y el estilo; de Carrizo, su impronta, su capacidad y su cultura, y de Juan Carlos Mareco, esa cuota de humor sin desvirtuar la esencia, sin perder el primer plano ni de vista al entrevistado, ni a su propio mensaje. Pertenezco a una generación que sentía casi idolatría por sus maestros y llegamos a esto por auténtica vocación. Como contrapartida, actualmente hay muchos que ingresan para hacer un "negocito" y, lo que es peor, para hacerlo "de taquito" y entonces utilizan un lenguaje chabacano que, además, revela que poseen vuelo corto y bajito. De estos últimos años, la "gran revolución" la provocaron con talento, creatividad y energía Lalo Mir, Mario Pergolini y Ari Paluch. Me gusta el periodismo que hace Luis Majul, me parece que Rolando Hanglin es el mejor entrevistador y que Alejandro Apo hace uno de los mejores programas con "Todo con afecto". El soporte de Internet es el otro gran cambio. Es increíble comprobar cómo sorpresivamente se suscita un debate entre un oyente de Washington y otro en París. Algo insospechado hace diez años. Esto sumó aún mas instantaneidad a la radio que, a mi juicio, es el medio de mayor nobleza y el que la gente siente como el más confiable y solidario.

Por adentro

  • La producción: está a cargo de un grupo muy joven y laborioso integrado por Favio Paradiso, Karina Ojeda, Juan Pablo Planes y Josefina Meglio.
  • Operación técnica: Roberto de los Ríos, un profesional con muchas horas de vuelo en este "métier", con rápidos reflejos e impronta humorística.
  • Llamadas y mails: alrededor de 100 mails diarios e igual cifra de llamadas telefónicas, varias de las cuales son puestas en el aire.
  • Música: la elige el propio Bravo y su espectro abarca desde las últimas novedades discográficas hasta los clásicos de su predilección.
  • Móviles: Alejandro Gomel, Verónica Rosales y Gustavo Abu Arab son los encargados de realizar las diferentes coberturas.
  • Informativo: cada hora, toda la información escrita y dicha por Daniel Fernández.
  • Informe del tránsito: desde Central de Tránsito, cada media hora, con Martín Cangini.
  • Target: de 25 a 60 años.
  • La competencia, de 17 a 20

    Rating

  • Radio Diez: 4,28
  • Mitre: 2,53
  • Rivadavia: 1,00
  • Continental: 0,89
  • Del Plata: 0,85
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