Buen debut de Andrés Tolcachir

El joven director argentino actuó al frente de la orquesta filarmónica de Dresden
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26 de junio de 2003  

DRESDEN.- Sobre las tablas de un escenario atípico para la música clásica, el del reciclado Antiguo Matadero, de Dresden, Andrés Tolcachir (1970) debutó frente a la prestigiosa Filarmónica de esa ciudad, demostrando ante un entusiasta público de casi mil personas sus excelentes dotes de conductor (curiosamente zurdo), su capacidad para una marcación clara y precisa (un tanto sujeta a la partitura durante el inicio, pero ganando en soltura a medida que avanzó el concierto), y una muy buena presencia escénica que, con seguridad, funciona como una de sus principales ventajas a la hora de subirse al podio. "La Filarmónica de Dresden, diferente", es el ciclo en el que el joven director presentó un extenso programa íntegramente argentino, con obras de Ginastera, pero en su mayor parte de Piazzolla o del género del 2x4 identificado como "Symphonic tango".

Brillante y de alto impacto, la performance se completó con las intervenciones de una estupenda pareja de bailarines integrada por Claudia Codega y Esteban Moreno (argentinos radicados en Francia), sobresalientes por sus llamativas coreografías y elegante virtuosismo. Solistas invitados: el bandoneonista Per Arne Glorgiven, el trío noruego Tango for 3, y el guitarrista checo Martín Mastik. El SŠchsische Zeitung, de Dresden, subrayó, además de los ricos valores del repertorio argentino -"que ofrece mucho más que tango"-, la especial entrega de Tolcachir, la "alta intensidad hasta el último acorde de la "Milonga del ángel" y la energía pura en el "Tangazo""; habló también de "un toque pleno de poesía y colores percusivos", de "dinamismo, ritmo y marcado temperamento".

Egresado del Conservatorio Nacional y de la Universidad Católica Argentina, donde se formó con los maestros Benzecry y Scarabino, Tolcachir continuó sus estudios en la Indiana University de Bloomington, "una de las escuelas más importantes del mundo sobre todo para la ópera", comentó a LA NACION; luego, en la prestigiosa Accademia Chigiana de Siena, "donde -agregó- fui alumno activo de Gianluigi Gelmetti (director de la Opera de Roma)"; llegando a semifinalista de la competencia internacional "Maazel/Vilar", mérito que en febrero le valdrá un concierto con la Orquesta de Cámara de Viena, en el Konzerthaus de esa capital. Instalado en Berlín, beca Ricardo Gruneisen mediante, otorgada por el Mozarteum Argentino, Andrés mantuvo esta charla después de su promisorio debut.

-¿Por qué elegiste Berlín?

-Conversando con el Mozarteum, llegamos a la conclusión de que lo mejor era Berlín y entonces solicitamos un permiso para asistir a los ensayos de Barenboim en la Staatsoper. Ellos vienen apoyándome desde hace tres años y es una institución clave en todo mi desarrollo profesional, en el sentido humano, afectivo y económico. En la decisión también pesó el hecho de que en Berlín todavía se puede disfrutar del movimiento musical de dos ciudades, unidas hace relativamente poco, lo que implica una escena de tres óperas e innumerables orquestas y organismos.

-¿Qué rol cumplirá la capital alemana en tu carrera?

-Berlín es una escena musical fantástica. La cantidad de cosas que pasan aquí al mismo tiempo es increíble. Tuve la suerte, por ejemplo, de asistir al concierto inaugural de Simon Rattle con la Filarmónica, un acontecimiento histórico; lo he visto trabajar a Barenboim, he asistido a ensayos de la Filarmónica. Sólo ver a grandes maestros como Kent Nagano, Harnoncourt, Rattle, es una escuela difícilmente superable. Busco oportunidades para desarrollar mi carrera y poco a poco veo que van surgiendo. A propósito, algo muy positivo que quiero destacar es que tras el concierto en Dresden, fui contratado para dirigir la Berliner Kammerorchester, en un concierto con el que tendré mi debut en la Philharmonie de Berlín, en la temporada 2004.

-¿Cómo resultó la experiencia de un repertorio popular frente a una orquesta tradicional?

-°Sensacional! Por la gran tradición que ellos tienen, antes de ir al primer ensayo estaba lógicamente bastante nervioso. La respuesta, sin embargo, fue muy buena y se generó un ambiente de trabajo excelente. Hubo respeto, ganas de trabajar (con un programa bastante largo por delante), gran colaboración. Para mí, fue interesante descubrir que, desde una actitud de humildad, yo también tenía algo para darles a ellos. Justo en esos días estaba leyendo la biografía de Barenboim (Ed. El Ateneo 2003), donde él dice que los jóvenes directores no tienen que tratar de impresionar, ni tienen que buscar que la orquesta los ame, sino que solamente deben tratar de que la orquesta los respete por su trabajo. Descubrir esa sensación fue muy importante para mí.

-¿Se puede hablar de escuelas, estilos de dirección, personalidad orquestal, en la Argentina?

-Me cuesta hablar de escuelas porque creo que hay sólo individuos, tratando de dirigir cada uno a su manera. Luego, el movimiento orquestal tampoco es tan grande como para permitirnos hablar de diferentes sonidos, ni siquiera hablaría de perfiles de repertorio. Es muy difícil encontrar eso en la Argentina, pues se trata de intentos aislados. Nuestros organismos más tradicionales, por otra parte, siguen los habituales sobresaltos de la administración argentina, con lo que finalmente no se logra conformar una verdadera tradición en el trabajo. Tampoco puedo hablar de una evolución, pues la posibilidad de los jóvenes de acceder a esos organismos oficiales es muy baja o casi nula.

-¿Te sentís parte de una joven generación, formada en el país, pero con experiencia internacional, capaz de producir cambios y volcar esa información del mundo en proyectos locales que revitalicen la escena de nuestro país?

-Si bien he pasado estos últimos años en el exterior, siempre deseo con todas mis ganas poder trabajar en la Argentina. De hecho, tenemos, junto con mi hermano (el actor y director Claudio Tolcachir), el proyecto de una nueva compañía de ópera con la cual vamos a hacer "Figaro" en Buenos Aires (septiembre próximo). La idea consiste en buscar gente joven, preparada, que aún no ha tenido su oportunidad, pero que sí tiene ganas de hacer cosas. Como decía antes, dado que cuesta tener acceso a esos organismos oficiales, considero que nuestro desafío es el de crear nuevos grupos y nuevas formas de gestionar proyectos musicales.

-¿Cómo planean las producciones de esta nueva compañía lírica?

-Haremos audiciones abiertas para cada rol (las convocatorias se abrirán en julio), no apuntaremos a nombres consagrados y, otra idea muy importante, es el tema de la régie (a cargo de mi hermano Claudio), pues haremos mucho hincapié en lo actoral. En cuanto al lugar, estamos definiendo espacios muy interesantes por lo inesperado de la propuesta, pero por el momento prefiero no adelantarlo. Creo que hay mucha gente de mi generación para emprender alternativas como ésta: estamos formados, queremos hacer cosas en la Argentina y lo único que sucede es que todavía estamos un poco dispersos... °Si mi sueño más grande sigue siendo dirigir en el Colón! De hecho, si lo hubiera conseguido antes, creo que nunca me habría ido de Almagro.

Tolcachir:

"El Mozarteum me viene apoyando desde hace tres años y es una institución clave en mi desarrollo profesional, en los aspectos humano, afectivo y económico"

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