Munchi, la más rica

María del Carmen Sundblad de Perez Companc convirtió su apodo en una marca y abrió con éxito sus negocios propios. Cómo vive, cómo piensa, y cuáles son las pasiones de esta mujer de bajo perfil. Su influencia en el grupo económico más poderoso de la Argentina
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6 de julio de 2003  

Sólo grita si sus toros le dan una alegría en alguna exposición rural. En cualquier otra ocasión, María del Carmen Sundblad (de 61 años) no necesita levantar el tono para hacerse entender. A Gregorio Perez Companc, su marido y el hombre más rico de la Argentina, le clava la mirada cada vez que lo descubre fumando a escondidas detrás de un árbol o en un pasillo. Sobre todo desde que Goyo empezó con sus malestares cardíacos, en marzo de 2002.

A sus siete hijos y herederos de una fortuna estimada en 1600 millones de dólares, a sus gerentes, cabañeros o cualquiera de los 3500 empleados del holding familiar, les envuelve órdenes firmes en sonrisas cálidas y palabras suaves. Munchi -tal como la apodaron cuando todavía era soltera- es, por extensión marital, la mujer más rica del país y una de las mayores de América latina: su fortuna supera a la de Amalia Lacroze de Fortabat o Ernestina Herrera de Noble.

Y por si fuera poco, en los últimos tiempos su figura tuvo dimensión pública cuando hizo pesar su opinión en la histórica decisión de vender Pecom a la brasileña Petrobras en 1027 millones de dólares (ver recuadro). También creció en protagonismo al incorporar a los negocios del Perez Companc Family Group (PCFG) sus propias iniciativas. Sí, aunque deteste la exposición, Munchi convirtió su apodo en la marca de una cadena de heladerías que ya tiene 24 sucursales en todo el país y planea exportar a Inglaterra, Estados Unidos, Australia y Japón.

Y este mes se cumple un año de la inauguración de Temaikèn, el parque temático más grande de América latina, que ella decidió construir en Escobar, la localidad donde los Perez Companc edificaron un país propio.

"Siempre le gustó la zona y fue viniendo de a poco. Ellos invirtieron millones en Escobar a cambio de nada. Jamás pidieron un favor. Aquí son unos vecinos muy queridos que van a la pescadería como cualquier otro", describe el ex comisario e intendente de Escobar, Luis Patti.

Munchi y todos los Perez Companc rinden culto al perfil bajo. Son extremistas del anonimato y la sencillez. Su estilo despierta respeto, cariño y temor: nadie quiere quedar mal con los Perez.

En algunos casos, el pánico llega a extremos. Uno de sus asesores de prensa, atemorizado por la seguridad de la familia, se negó a contestar... ¡si el chocolate se vendía más o menos que el dulce de leche Munchi’s! Y aunque María del Carmen Sundblad y los Perez Companc le ruegan a Dios pasar inadvertidos, hay veces que se hace imposible porque no son unos vecinos comunes.

En Escobar construyeron un hospital modelo, cinco escuelas, tambos de la cabaña San Isidro Labrador que Munchi visita todas las semanas, un zoológico de 34 hectáreas y 3500 animales, un autódromo privado (donde Goyo y sus hijos Jorge y Luis aceleran su colección de autos), refaccionaron dos capillas y cien calles, e instalaron sus viviendas propias que hoy reemplazan a la antigua casa de Barrio Parque.

Escobar es la base de operaciones donde Munchi, poco a poco, empezó a soñar y construir su propio negocio. Así como su marido heredó el control de Pecom a los 43 años, en 1977 ella también empezó sus emprendimientos de grande, cuando ya había vivido lo mejor y lo peor que le puede pasar a una madre.

Mujer convincente

María del Carmen Sundblad nació el 15 de abril de 1942, es de Aries, y fue la cuarta de los once hijos de Luis Sundblad y Sara María Beccar Varela. A los 22 años se casó en el Santísimo Sacramento con Gregorio Perez Companc a quien ya le llevaba ocho centímetros de altura: ella mide 1,75. Eligió dedicarles su juventud a sus hijos y pasaba largas estadas en los campos que la familia tiene en Santa Cruz y Quila-Quina, a 36 kilómetros de San Martín de los Andes. Junto a ellos crió caballos cuarto de milla (Rosario, la mayor, es experta en el tema) y descubrió la pasión por lo que sería la piedra fundamental de sus negocio personales: las vacas Jersey.

A los 37 años, en 1979, mientras Goyo aprendía a tomar las riendas de Pecom tras la muerte de su hermano Carlos, Munchi fundó la cabaña San Isidro Labrador e importó las primeras vacas desde Uruguay. Dos años después, en diciembre de 1981, fundó junto a otros 10 cabañeros la Asociación Argentina de Jersey, de la que hoy es presidente elegida sin necesidad de ballottage. "Su gestión es un éxito. Con sencillez, inteligencia y modales suaves, María del Carmen siempre consigue lo que quiere. ¿Si es seductora? Es convincente. ¿Ejemplos? A ver... una vez yo iba a renunciar a la asociación y me escribió una carta cariñosa pidiéndome que me quedara y no pude decir que no", relata su amigo y colega de Cabaña Marcha, Carlos Videla.

Pero la pasión de Munchi por las Jersey es anterior a su mandato presidencial. ¿Por que se enamoró de estas vacas? Al parecer, hay razones materiales y espirituales. Primero, cifras frías: comparadas con las Holando, las Jersey pesan menos y su leche produce un 23% más de queso cheddar, 20% más de mozzarella, 20% de queso suizo, 18% de queso cottage, 32% más de manteca, 10% de leche en polvo. Pero las Jersey son mucho más que queso y Munchi les encontró otro costado. "Las Jersey son únicas. Tienen un carácter dócil y sociable como ninguna otra raza", suele decir. Por eso, durante años las ordeñó con sus propias manos junto con todos sus hijos, en especial Catalina y Pablo.

Sin embargo, el fervor inicial con el que inició su proyecto se vio interrumpido por una tragedia que conmovió a la familia Perez Companc. Un día después de que Munchi cumpliera 42 años -en 1984-, su hija mayor, Margarita, murió en un accidente en Santa Cruz, a los 19 años. La familia intentó superar el drama y fortaleció su fe con Nuestra Señora de la Patagonia, la Virgen de la que es devota la madre de Goyo, Margarita Companc de Perez Acuña.

Visionaria

Con el tiempo, María del Carmen Sundblad retomó la cría de las Jersey. Su marido hacía crecer el grupo como nunca antes. Tras las privatizaciones, pasó a facturar de 900 a 1800 millones de dólares. Entre 1989 y 1996, Munchi arremetió con su cabaña: los premios de sus vacas, junto a los casamientos de sus hijos más grandes, le regalaron los mayores momentos de euforia. "En las exposiciones daba saltos de alegría y lanzaba pequeños gritos cuando premiaban a sus ejemplares", describe un testigo que la vio celebrar muchas veces. En mayo último, en la muestra de Mercoláctea en Córdoba, la emocionó vender dos ejemplares, pero los premios fueron para la estancia de su amiga Teresa Fornielles de Sojo.

Por estos días pasa largas horas junto a su asistente, Juan Pablo Chevalier, seleccionando los ejemplares para la próxima Exposición Rural. Munchi sabe cómo mirar una vaca. Ajusta sus anteojos y les regula sus ángulos, las revisa desde el pelaje, el vientre y el morro hasta pestañas y hocico.

Pero su verdadera visión llegó en forma de cucurucho cuando, en 1997, lanzó sus helados artesanales y salió a competir en un mercado que hoy mueve 100 millones de dólares anuales.

A Sundblad le encantan sus helados, dulces, sanos y cremosos. En Capital Federal, este año ya sumó 9 puntos de venta a los 15 que ya tenía y sueña con exportar los helados y los lácteos (quesos y dulce de leche) por lo menos a tres continentes. Aunque tiene gerentes propios, Sundblad no descuida los detalles: en el último verano viajó a Pinamar para el aniversario de la sucursal e invitó a todo el personal a una comida en un restaurante.

La idea de Munchi se acopló al cambio estratégico del Grupo Perez Companc que desde 1998, tras la compra de Molinos en 600 millones de dólares, empezó a volcarse al negocio alimentario.

Desde entonces manejan rubros como el del mate (Nobleza Gaucha), leche (Molfino), jugos (Pindapoy), vinos (Nieto, Senetiner), pastas (Don Vicente, Matarazzo), aceites (Cocinero, Lira y Patito), hamburguesas (Good Mark), salchichas (Vieníssima), fiambres (Tres Cruces) y arroz (Máximo) fabricados en casa. Además de incorporar dulzura a su dieta, los helados la impulsaron a concretar otra idea en la que, con la supervisión de su hijo Jorge, invirtió 3 años y 70 millones de dólares: Temaikèn (ver recuadro), un parque de 34 hectáreas sobre la ruta 25 en Escobar.

Los fines de semana, María del Carmen Sundblad de Perez Companc pasea inadvertida entre la multitud que recorre el predio.

La mujer del hombre más rico de la Argentina, que ahora hizo de su apodo una marca, respira el aire de los 1000 árboles y contempla su obra.

Parece una turista más, sobre todo cuando intenta terminar su helado justo antes de que se derrita.

Para saber más

  • www.Temaiken.com.ar


  • www.jerseyargentina.com.ar


  • www.csil.com.ar


  • www.munchis.com.ar
  • Cuestiones de familia

  • Durante los 25 años que su marido estuvo al frente de Pecom, María del Carmen Sundblad casi no intervino en las decisiones de la empresa que, a mediados de los años noventa, se convirtió en el grupo económico más poderoso de la Argentina.
  • Fue testigo de la incursión de su hijo Jorge en el holding en 1989.
  • Preguntó detalles de la compra de Molinos en 1998. Y, tras la devaluación del 2002, por primera vez en 20 años el Grupo Perez Companc pronosticó que perdería millones.
  • Después, Goyo sufrió la primera afección cardíaca de su vida y fue operado de urgencia.
  • La empresa brasileña Petrobras lanzó una oferta de 1027 millones de dólares (755 en efectivo). Munchi encabezó la reunión familiar junto con su hijo Jorge y dijeron basta.
  • Después sumaron a la operación a los históricos hombres de confianza del grupo: Oscar Vicente, el contador Carlos Cupi y el entonces CEO, Mario Lagrosa, más una asesoría de Merrill Lynch.
  • Cuando todos coincidieron en que la venta era razonable, Goyo, que se recuperaba de una angioplastia, terminó de dar el sí y cedió la que era nada menos que la mayor empresa privada de energía de América latina.
  • Hasta ahora, la mayor parte del capital fue destinada a invertir en el sector alimentario a través del Perez Companc Family Group en el que Munchi interviene activamente con dos unidades de negocio: lácteos, por medio de la cabaña San Isidro Labrador y el parque temático de Temaikèn.
  • Goyo, más tranquilo que el año último, no descarta la posibilidad de retirarse e ir a vivir a sus campos en Santa Cruz. Este proyecto es anterior a la victoria de Néstor Kirchner en las últimas elecciones.
  • Tierra viva

    María del Carmen Sundblad tenía la idea de construir un parque temático hacía años, pero sólo lo imaginó posible cuando inauguró la primera heladería.

  • Quería aprovechar el parque de 34 hectáreas que tienen sobre la ruta 25, en Escobar, para construir ese parque natural, mezcla de acuario, zoológico y oceanario.
  • El proyecto tardó 3 años en realizarse, tuvo una inversión de unos US$ 70 millones y Munchi le pidió especial ayuda a su hijo mayor, Jorge Perez Companc.
  • Temaikèn (Tierra Viva, en tehuelche)cumple un año y ya fue visitado por un millón de personas, entre ellos 52.000 estudiantes.
  • Con 3500 animales, pumas, guanacos y delfines incluidos, Temaikèn es un centro educativo y de divulgación.
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