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Varado en Buenos Aires

Vino a nuestra ciudad como crítico de la famosa revista Cahiers du Cinéma y en marzo decidió no volver a París. Acaba de terminar de filmar su primer largo
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11 de julio de 2003  

Crítico de la mítica revista Cahiers du Cinéma, Nicolas Azalbert se enamoró de la Argentina cuando vino por primera vez, en 2002, para cubrir los festivales de Mar del Plata y Buenos Aires. Este año repitió la experiencia, pero con una sensible diferencia: esta vez decidió no regresar a París y desde marzo vive a metros de la plaza Dorrego, en pleno barrio de San Telmo.

Pero este joven bohemio, alto y desgarbado no sólo se transformó en porteño por adopción seducido, según sus propias palabras, "por la diversidad del nuevo cine argentino y por la vitalidad de los movimientos sociales", sino que además invirtió buena parte de sus ahorros en financiar aquí su primera película como director, un proyecto experimental y de audaz título - Si no me ahogo (sinfonía por una nueva percepción del tiempo amoroso) - que está en plena posproducción.

Azalbert asegura no sentirse intimidado por las comparaciones a las que será sometido. Con apenas tres años de trabajo en Cahiers du Cinéma, su salto a la dirección sigue el mismo camino que el de otros críticos de esa revista, como Jean-Luc Godard, François Truffaut, Eric Rohmer y Claude Chabrol, o -más acá en el tiempo- André Téchiné y Olivier Assayas. "No siento ninguna presión: es muy probable que ésta sea mi primera y última película. En verdad, no es más que una carta de amor dedicada a una novia que tuve cuando vivía en Toulouse."

Si no me ahogo... es un drama sobre los celos protagonizado por Mariana Anghileri (una de las encantadoras protagonistas de Sábado ) y un profesor de filosofía alemán que está en Buenos Aires por un año. Si bien se centra en un triángulo amoroso de consecuencias trágicas, en el film sólo aparecen dos personajes ("el tercero, Paul, es visto, pensado y sentido por la cámara", comenta Azalbert). En apenas 23 escenas, el novel director desentraña esta historia de adulterio y obsesiones, pero en el terreno formal la apuesta es bastante más ambiciosa. Narrada en tres formatos diferentes, los planos fijos en súper 16 milímetros color muestran aquello que Paul ve (cámara subjetiva), el video digital -cuyas imágenes aparecen ralentadas- expresa todo lo que el protagonista piensa, mientras que con el súper 8 en blanco y negro se muestra todo lo que ese personaje siente.

El futuro del trabajo es un enigma. "Mi idea es terminarla en octubre y luego tratar de conseguir un subsidio en Francia para su ampliación a 35 milímetros. Luego, querría estrenarla en el Festival de Toulouse para que la vea la persona a quien está dirigida", dice con una sonrisa algo pícara.

Azalbert luce feliz con su nueva condición de vecino de San Telmo. En el coqueto bar Nanaka los mozos lo saludan con un beso. "Es que vengo todas las madrugadas y me quedo hasta la hora de cierre -confiesa-. Me encanta la noche de Buenos Aires, voy todo el tiempo a encuentros culturales o a actividades de grupos piqueteros. En París es muy difícil acceder a los intelectuales de moda, pero aquí uno puede conocer a un artista y a los pocos minutos estar tomando un café con él."

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