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Rada: candombe para los más chicos

El músico uruguayo estrena hoy en Buenos Aires "Rubenrá", su espectáculo infantil que es un éxito en Montevideo
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22 de julio de 2003  

MONTEVIDEO.- Un coro de madres desborda el escenario y en los pasillos del teatro alguna corre para no quedar fuera del espectáculo. Los niños -y sus padres- miran desde la platea; les brillan los ojos y, con orgullo, cada uno saluda a su murguista preferido. La mamá de Pilar, una bella niña de 3 años, que por vergüenza se había quedado en su lugar, se anima y sale corriendo. "°°Mamá, sacate la campera!!", le grita Pilar, que la quiere ver linda en ese coro que el Negro Rada dirige para combinar voces agudas y graves que cantan una versión candombera del "Antón Pirulero".

El show no está sólo en el escenario. Está en todo el teatro. Así, con esa locura del creador del candombe-beat, se desarrolla el espectáculo de vacaciones de invierno "Rubenrá", que toma su nombre de un flamante superhéroe que da título al nuevo disco de Rubén Rada. Junto al disco se entrega una revista con historietas del personaje y su amigo Tamborete. Hasta en eso Rubén Rada no se separa de sus tamboriles.

Con entradas agotadas todos los días, el show se hizo en la Sala Zitarrosa, en la avenida 18 de Julio de esta ciudad, y ahora se traslada al teatro Ateneo, de Buenos Aires, donde estará en cartel desde hoy hasta el 3 de agosto. Para los niños argentinos y uruguayos habrá también una función especial en el hotel Conrad, de Punta del Este, el sábado.

"Tengo una mala noticia para darles", dice Rada cuando se sienta frente a sus tambores al inicio del show. "El gerente del teatro me comunicó que ha sucedido algo que no es costumbre acá: hay una pulga en la sala; para sacársela hay que moverse así", dice el Negro mientras sacude sus hombros hacia adelante y atrás. Y la platea comienza un ejercicio que durará toda la hora y media en que transcurre el show.

El espectáculo de Rada es un concierto, con músicos de primera línea: guitarra, bajo, batería, dos excelentes percusionistas (aparte de Rada), dos tecladistas, el coro que lo acompaña hace años encabezado por Lea Bensassón, y el grupo de danza Jexe!, que aporta un colorido y un movimiento que son fundamentales en la participación de la platea.

Las canciones tienen la calidad que acostumbra el músico, especialista en fusionar todos los ritmos. "Los músicos que tocan conmigo tienen que haber pasado por todos los estilos, no pueden ser sólo de rock and roll, tienen que saber candombe, rumba, boleros, jazz, todo", me cuenta Rubén en el camarín luego de terminar la primera función y mientras la platea se llena de nuevo.

Una voz con canciones

El Negro es todo música. Por eso, cuando llego a la redacción y escucho la media hora de grabación de la conversación en su camarín me doy cuenta de que está llena de canciones. Cada vez que nombra un tema lo hace cantando unas pocas palabras, golpeando en la mesita frente al espejo o haciendo mil sonidos con su voz.

Las canciones no son del tipo "políticamente correcto" y los niños que entienden las letras las disfrutan plenamente. Los más chiquitos bailan sin parar y muchas butacas quedan vacías, porque los niños prefieren hacerlo en los pasillos. Los escolares cantan con el Negro la canción hecha "para pedirle a mamá que nos deje ver los dibujitos antes de hacer los deberes". Un bello candombe-beat que dice que el "tiempo es un de repente, un instante, un santiamén", que "tiempo son cuatro segundos, ocho siglos, dos por tres" y que también el "tiempo es infinito, es un abrir y cerrar de ojos... tiempo es no hago los deberes y los dejo para después". Y los chicos gritan el estribillo "porque tengo tiempo mama (sin acentuación al final), que tengo tiempo".

Con sus canciones y comentarios, Rada pasa otros mensajes. En "Amor con faltas" (sobre enamoramientos en la escuela y una carta a la maestra en la que puso "ceres" por "queres" y "hamor" por amor), el Negro les dice a los chicos: "En el amor hasta hoy me bochan por faltas (...) por eso vos tenés que aprender que en el amor los deberes hay que hacer, y sin faltas y sin borrones, para que te quieran bien".

Juega también con su superhéroe Rubenrá. En el escenario aparece el personaje (un disfraz) y baila con el ballet juvenil al estilo Batman. También en la pantalla se proyectan dibujos animados de Rubenrá.

El relajo se arma cuando el Negro baja del escenario y antes de cantar "Me revienta" pasa el micrófono a chicos y grandes para que digan "me revienta que...". Un niño respondió: "Me revienta bañarme", una madre dijo: "Me revienta que en casa dejen todo tirado" y un padre dijo: "Me revientan las plantas artificiales en casa". Rada me explica luego que la gente se saca las ganas y dice cosas como: "Me revienta estar desempleada".

Las buenas malas palabras

Con la canción sobre las "malas palabras buenas", dice que "quiere enseñarte algunos insultos de buenas palabras que puedas decir sin que te rezonguen: taza de lagañas, moco de piraña, cara de zapato, baba de alpargata, licuado de morcilla, dulce con puré de palanganas, compota de champiñones sucios con helado de avestruz".

En cada tema, Rada busca algo para interactuar con los niños y los padres. En un particular pericón canta sólo cuando toda la platea sacude un pañuelo, una bufanda, una media, un calcetín o cualquier cosa. Hace cantar a las madres, gritar a los chicos y luego pide que los padres se paren. "Ahora escucharán algo que nunca sintieron, niños: que canten fuerte los padres."

Con otro tema parodia el aburrimiento de los niños: "Me aburro si no hago nada y si hago algo me aburro". Exige que le pidan "porfi Rú" en una canción sobre los padres que ordenan tareas a sus hijos como "hacer los mandados".

Hace una contraversión del clásico "Mambrú se fue a la guerra ..." en un canto a la paz: "Mambrú no quiere matar a los mambrucitos de otro lugar". Canta: "La paz es como un beso de mamá y papá, es un juguete nuevo, un gol de media cancha". Tampoco falta la canción futbolera con gritos de gol.

El final es con una canción sobre "la globalización" que incluye un juego -que no contaremos para no romper la sorpresa-, lo que logra transformar a los padres en niños. Es por eso que el de Rada no es un espectáculo infantil, sino familiar.

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