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Nelson Goerner: la lección de piano

Homenajeará a su maestra Carmen Scalcione, dictará clases y brindará conciertos
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17 de julio de 2003  

Para Nelson Goerner, este nuevo regreso musical a la Argentina no es uno más. El destacado pianista argentino que desde Ginebra, Suiza, está cimentando una sólida y madura carrera artística, vuelve a Buenos Aires luego del fallecimiento de su maestra, Carmen Scalcione, ocurrido en septiembre de 2002.

Y, por esta razón, todas las actividades que tiene previstas para estos días son, directa o indirectamente, un homenaje a la pianista y pedagoga formada en la exigente escuela de Vicente Scaramuzza. Goerner comenzó a tomar clases con ella siendo aún un adolescente, pero el vínculo se mantuvo aún después de finalizada la formal relación maestra-alumno.

Hoy, a las 20.30, en la temporada de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Goerner será el solista en el Concierto para piano de Giuseppe Martucci, una obra de este virtuoso del teclado de mediados del siglo XIX que fue un "caballito de batalla", precisamente, de Scalcione. "Y una obra que ella insistió mucho en que yo toque", comenta el pianista argentino en diálogo con LA NACION.

El lunes próximo, a las 20, organizado por la Asociación Amigos de la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la UCA, Goerner ofrecerá un recital en homenaje a su maestra, con el fin de recaudar fondos para las becas "Scalcione", destinadas a jóvenes intérpretes. Allí tocará obras de Schubert, Schumann y Liszt.

Entre los dos conciertos se pondrá el traje de maestro, una especialidad que, al menos por ahora, ejerce esporádicamente. Mañana y pasado mañana brindará dos clases magistrales en el Salón Dorado del Teatro Colón, a raíz de una propuesta de la directora del Centro de Estudios Pianísticos Cucucha Castro y organizada por la Fundación Teatro Colón.

Según explica Goerner, el dictado de clases "es algo que no suelo hacer con demasiada frecuencia. Di clases en Suiza, en Polonia y en Inglaterra, pero no enseño regularmente".

De todas formas, Goerner valora estos encuentros, breves, pero que busca que sean fructíferos: "Trato de que tengan la mayor intensidad, porque yo también me acuerdo de mis experiencias como alumno. Este tipo de clases puede ser muy estimulante o muy decepcionante.

-¿Qué es lo que intentás trabajar en este tipo de clases?

-No es mucho lo que se puede llegar a hacer en poco tiempo, pero podés transmitir una nueva visión de una obra, que pueda ayudar a una persona a encontrar su camino. Un enfoque que le pueda servir para elaborar algo propio.

-¿Qué importancia tiene para un pianista joven participar de una clase magistral?

-Es importante como fogueo. Cuando tocás para alguien a quien admirás, eso te moviliza, hace que trates de dar lo mejor que tenés. Y la admiración te hace cambiar las cosas que tenías pensadas. El resultado es que no todo sale según lo planeado. Esto es justamente lo que me interesa cuando dicto clases magistrales. En esos instantes afloran las diferentes y verdaderas personalidades de los músicos. Ves más allá de cómo armó la obra con su maestro, cuánto hace que la estudia y si comprende bien o no.

-¿Y qué te aporta a vos?

-Me enriquece mucho también porque me veo confrontado con problemáticas distintas, algunas que son mías y muchas que no.

-¿Esto incluye tanto los aspectos técnicos como los estéticos?

-Depende de cada caso, pero en general trato de aunarlos. Intento explicar un procedimiento técnico y por qué utilizarlo puede servir para un determinado fin estilístico. Aquí, lo importante es la apertura a otras ideas. Es lo interesante; forma parte de la experiencia necesaria enfrentarse a diferentes escuelas y abordajes en forma sana. Así no se producen conflictos y en el mejor de los casos es un enriquecimiento, viendo algo que no habías pensado, por ejemplo, un recurso técnico inusitado o una resolución estética inesperada.

-¿Cómo llegaste al concierto para piano de Martucci, que tocarás hoy con la Filarmónica?

-Llegué a este concierto porque era una de las obras preferidas de Carmen. Ella lo hizo varias veces en el país, tengo grabaciones. Recuerdo que lo tocó dirigido por Scaramuzza. Es un hermoso concierto para piano, espléndidamente escrito. Es una obra de gran romanticismo y me pareció oportuno hacer este concierto. Ella siempre quiso que lo tocara y por muchas razones lo elegí.

-¿Cuándo conociste a Carmen Scalcione?

-La conocí cuando yo tenía 15 años; empecé a estudiar un año más tarde. Fue una relación muy intensa que se prolongó durante muchos años. Después, aunque me fui a Europa, nunca perdimos el contacto, seguí tocando para ella. Carmen hizo tres viajes a Europa y continuamos trabajando. Fueron años muy importantes y significativos para mí y por eso su muerte fue una gran pérdida.

-¿Qué recuerdos tenés de sus clases?

-Muchos. Si algún día yo tuviese que formar un alumno, me gustaría hacerlo de la manera más parecida posible a la que empleaba ella. Era una maestra integral. En sus clases no se hablaba sólo de piano, sino de la música en todo su conjunto. Carmen era una persona de gran sensibilidad y cultura y hacía que las clases fueran apasionantes. Eran clases semanales de duración indeterminada. Lo importante es que se metía en la personalidad del alumno mismo, y sobre eso trabajaba, no había imposición de un estilo ajeno.

-¿Sobre qué base elegiste el repertorio para el recital del lunes?

-En principio, es el que estoy tocando este año. Siempre trato de mantener un delicado equilibrio entre lo que me piden los programadores y lo que yo quiero estudiar. Cuando te piden un autor y una obra es un buen incentivo para estudiarlas. Pero creo que no se puede tocar suficientemente bien algo que uno no desea con mucha fuerza. Por eso también dejo descansar algunas obras después de un tiempo de tocarlas. La fantasía de Schumann me acompaña desde hace años. Pero estuve sin tocarla casi una década y la retomé este año; la de Liszt es una obra que vengo tocando desde la adolescencia.

-¿En qué medida el paso del tiempo modificó el enfoque de las obras que tocás?

-Tengo grabaciones de chico de la fantasía de Schumann: hay cosas que no me gustan y otras que sí, porque me reconozco, porque son el germen de cosas que hoy estoy haciendo. Me parece que la clave es que siempre es bueno recordar que la primera impresión es la base, si es que el concepto ha sido bueno. Por eso no me gusta demasiado tocar las obras año tras año y suelo darles descanso.

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