La ciudad de la furia

Mar del Plata

Conocida por su eterno apodo, La Feliz, el balneario más popular de la Argentina se acostumbró a ser noticia en los últimos años por sus violentas protestas, el récord nacional de desocupación y los índices de inseguridad. Retrato de una urbe agobiada que busca recuperar su gloria perdida
Laura Rocha
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3 de agosto de 2003  

MAR DEL PLATA

Todavía se la conoce como La Feliz, pero Mar del Plata, el balneario por excelencia de la costa argentina, por lo ocurrido en los últimos años podría ser rebautizada como la Ciudad de la Furia. La crisis que comenzó a incubarse en los noventa y que estalló en diciembre de 2001 puso en primer plano no sólo las consabidas imágenes de veraneantes arracimándose en playas atestadas. Otras menos corrientes ocuparon también su espacio en los medios: la de ahorristas enfurecidos o la de tumultuosos festejos futbolísticos que terminaron en desmanes superlativos. Sus altos niveles de inseguridad y su récord de desocupación también se volvieron noticia. Y, como si algo le faltara, cosechó su propio asesino serial.

Pero, ¿cómo aquellos tiempos de sosiego desembocaron en esta actualidad tensa y frenética?

A fines del siglo XIX, Mar del Plata aparecía como el lugar que les faltaba a los porteños. "En aquellas tierras sólo vivían unas pocas familias -recuerda el arquitecto e historiador marplatense Roberto Cova-. Había un saladero, un pequeño muelle, un molino de harina y grandes estancias alrededor".

Con la llegada del tren en 1886, viajar ya no resultaba tan tedioso. "El viaje desde Buenos Aires duraba diez horas. El tren era una flecha comparado con el viaje en diligencia, que llevaba seis días", agrega. Dos años después se inaugura el lujoso Bristol Hotel y en aquel pueblo todo cambió. La clase alta porteña comenzó a elegir a Mar del Plata como destino de sus vacaciones y a dar paseos por una rudimentaria rambla de madera.

"El hotel era un chalet de estilo inglés, de planta baja y dos pisos. Al principio contaba con 15 habitaciones, pero en pocos años llegarían a ser 500. Era tal el lujo del Bristol que tuvo luz eléctrica antes que la propia ciudad", describe el historiador.

Fernando Fagnani, autor de Mar del Plata. La ciudad más querida. Desde sus orígenes hasta hoy, relata que "hacia 1910 empiezan a llegar familias aventajadas de clase media en ascenso que gastaban allí sus ahorros. En los veinte ese lote se multiplica, y a fines de la década del treinta, con la inauguración de la Ruta 2 se consolida como centro balneario. Con la llegada del peronismo en 1946 asomaron los primeros atisbos del turismo sindical".

Durante esos años, por cada turista que llegaba a las costas, podían vivir casi seis habitantes de la ciudad. Las migraciones eran constantes. Mientras en 1914 los habitantes eran a 32.940, en 1960 la cifra había ascendido a 224.824, según datos del Indec. Fue también en esos años cuando se desarrollaron de manera notable la industria, la pesca y la construcción.

Pero, contra lo que profetizaban sus pioneros, el balneario no fue mutando en aquel lugar exclusivo con que soñaron. Por el contrario, se convertiría en la playa más popular de la Argentina y albergaría por temporada a casi seis millones de turistas. Este es el punto de inflexión que muchos señalan para explicar la Mar del Plata de hoy y sus conflictos.

El periodista marplatense Felipe Celesia la define del siguiente modo en el ensayo La ciudad enemistada: "Contraste eterno, el balneario luchó contra la ciudad, el puerto pujante con la llanura prometedora, el inmigrante con el criollo, el Centro con el Gran Mar del Plata. Ciento veinte años no bastaron para responder a esta inquietud".

Nativos y no nativos

Pero para que La Feliz se convirtiera en la gran urbe de hoy pasaron muchos años. Y sólo hace una década la relación entre los nativos y los no nativos alcanzó el 50 por ciento. "Es más -cuenta el sociólogo marplatense Abel Ayala-, hasta hace poco tiempo existía el Centro de Residentes Marplatenses".

La gran inmigración que se produjo hacia el balneario provino de Buenos Aires. En 1970, la ciudad tenía 323.350 habitantes. Veinte años después 532.845, lo que da una variación censal que supera el 50%, según el Indec. Hoy la ciudad cuenta con 564.056 vecinos.

Gran parte de esas personas fueron ubicándose en la periferia de la ciudad, al otro lado de la avenida Juan B. Justo. Aquellos que habitan esa franja de la urbe viven hoy una realidad totalmente opuesta a la del centro. "Mar del Plata toda la vida ha tenido otro espejo. Hoy hay chicos que, viviendo en esta ciudad, no conocen siquiera el mar", continúa Ayala.

Una de las razones que esgrime el sociólogo sobre la contracara de Mar del Plata es que "nunca se ha definido; ha tenido miedo de definirse como ciudad: si es mixta, o si es turística o si no lo es".

La falta de una dirección política clara y la cantidad de gobiernos que tuvo la ciudad desde su fundación en 1874 tal vez puedan acercar una respuesta. "Se ha perdido de vista desarrollar una gran ciudad. Hasta los ochenta, Mar del Plata tenía una metalúrgica, tenía una industria más o menos pujante, era uno de los lugares del país donde se fabricaban materiales agrícolas. Y todo eso fue desapareciendo", sostiene el sociólogo que destaca que, en 129 años, hubo más de 80 administraciones.

Antes y después

Pero la última década del siglo XX se encargó de mostrar la contracara de Mar del Plata, aquella que el resto del país desconocía. Los números explican bien este contraste inesperado y, en buena medida, la furia reinante. Entre 1990 y 2001 la industria textil desapareció sin chances de competir con los productos importados. Algunos locales, que sobrevivieron al derrumbe, continúan explotando los recientes beneficios de la devaluación sobre la avenida Juan B. Justo, pero sólo los más acaudalados tienen algún local en el centro.

En 1999, el 47 por ciento de los hogares marplatenses estaba bajo la línea de pobreza y en 2001 el 30,1% mientras que el 13,1% por debajo de la línea de indigencia. "Hablamos de algo más de 300.000 almas en una urbe habitada por menos de 600.000", subraya Ayala.

El cementerio de barcos en el puerto es una imagen del deterioro de la industria pesquera que hoy intenta recuperarse. La colonia de lobos marinos, símbolos de la ciudad, que habita allí observa la actividad en el astillero que, de a poco, empieza a ponerse en movimiento. Es que a la brutal caída de las ventas se sumó, en la última década, la entrega de permisos desregulados. El sindicato de Obreros de la Industria del Pescado es un fiel reflejo de esta crisis: hace treinta años tenía unos 17.000 afiliados. Hoy, hablan de unos 2000.

Con aquellas cifras, La Perla del Atlántico tiene el triste récord de encabezar el nivel de desempleo en el país. Según el Indec, que dio a conocer sus últimos índices el jueves último, hoy llega al 21,9 por ciento. En las 17 mediciones que hace el Indec entre octubre de 1995 y mayo de 2002 sólo cuatro veces el reporte marplatense fue menor al promedio general. A estas estadísticas se suma la decadencia de la salud de la población.

"El deterioro económico ha sido muy importante. Lo que más notamos es el avance de la desnutrición en las madres embarazadas -comenta Jorge Luis González, jefe del servicio de Obstetricia del Hospital Materno Infantil de la ciudad-. La desnutrición en las madres tiene influencia en el feto y en la gestación de ese bebe. Eso, sumado al aumento del 20% que hubo en embarazo adolescente".

En diciembre de 2001, la olla a presión en que se había convertido el balneario explotó. Las imágenes de televisión mostraban al país a los ahorristas marplatenses furiosos por el corralito. Sus disfraces, máscaras, carteles y crucifixiones dieron la vuelta al mundo y sólo sus colegas porteños los acompañaron en esta compulsa con quienes los acorralaron.

La crisis económica, el desempleo, la angustia y la desesperación que se respiraba tal vez fueron algunos de los motivos que tuvieron miles de jóvenes marplatenses para abandonar la ciudad. En dependencias oficiales se estima que desde 1999 hasta hoy, unos 50.000 vecinos emigraron de la ciudad con destino a España, Italia y los Estados Unidos.

Para completar el caótico panorama, el 3 de marzo del año último el intendente Elio Aprile (PJ), elegido por segunda vez con más del 60% de los votos, renunció a su cargo. "Durante los últimos días tenía que gobernar desde un hotel", cuenta Fagnani en su libro. Al frente del ejecutivo municipal quedó quien en ese entonces era concejal, el radical Daniel Katz.

Las marchas y las aglomeraciones frente a los bancos son hoy más esporádicas, menos ruidosas , pero otro flagelo acucia a la ciudad: la inseguridad. Aunque el director de Narcocriminalidad e Investigaciones Complejas de la Policía Bonaerense, comisario mayor Carlos Pérez, aclaró que "el cuadro delictivo de la ciudad no es tan grave si se lo compara con el conurbano", el crecimiento en el nivel de la delincuencia alcanzó niveles significativos.

Y también lo hicieron las manifestaciones violentas de otra índole. Durante los festejos de los hinchas del club Boca Juniors por la obtención de la Copa Libertadores de América, Mar del Plata fue una de las ciudades más castigadas. La mañana del 4 de julio último, después de la obtención del título, aparecieron vidrieras de locales y cajeros automáticos destrozados. La policía dejó demoradas a 58 personas, acusadas por saqueos y destrucción de varios ómnibus.

Según publicó La Nacion el mes último, además aumentó la tendencia de los vecinos que recurren a las armas como una solución al problema. "Los vecinos van, compran su arma y van a un polígono de tiro para que les enseñen cómo usarla", cuentan en una dependencia policial. Y, aunque no hay cifras oficiales, también crecieron en la ciudad los asesinatos y los robos no esclarecidos. Los últimos dos ocurrieron a plena luz del día, en el microcentro.

También permanecen sin resolverse los doce crímenes de prostitutas que en un principio se le atribuyeron al bautizado "Loco de la Ruta". Aunque apenas empezaron los asesinatos, en junio de 1996, fueron adjudicados a un psicópata homicida, las investigaciones revelaron que detrás de esos crímenes había involucrados miembros de la policía provincial.

La otra Mar del Plata, mientras tanto, intenta ganar la batalla. En los últimos meses, una de las actividades que comenzó a recuperar los índices históricos es el turismo, aunque con rasgos diferentes de los de las épocas de gloria. La devaluación y el cambio en el perfil del turista ayudaron a que la ciudad recibiera durante el último año a casi seis millones de turistas. Una cifra que no se alcanzaba desde hacía décadas. Sin embargo, remontar esta industria fundamental tampoco es sencillo. En esto inciden los cambios de hábitos de la población y la diferencia en el valor de la moneda. "La moda, durante los años 2001 y 2002, fueron los alquileres de cinco o seis días y los hoteles de categoría veían cómo sus huéspedes recurrían al delivery de las rotiserías y los restaurantes para la cena. Los precios ayudaron. Durante ese enero era más barato vivir en Mar del Plata que en Buenos Aires", escribe Fagnani.

Carlos Patrani, director del Ente Municipal de Turismo (Emtur) explica que "hubo una clase que desapareció de Mar del Plata y por tanto desapareció de todos los lugares que solía frecuentar. Llegó un momento en que ni siquiera los contingentes sindicales o el turismo subvencionado podía venir a la ciudad".

"En los últimos años fue impresionante la transferencia de los hoteles sindicales a los privados -continúa Patrani-. Además el perfil del turista fue siempre altamente dinámico y ha variado." En el mismo sentido, Ayala agrega que "la oligarquía, que era la que podía disfrutar de esto, empieza a transformarse y a perder poder económico. Aparece la nueva burguesía, que irrumpe en la ciudad y compra propiedades. Los Troncos (tradicional barrio residencial) sigue en su lugar; los que no están son sus viejos habitantes".

"Mar del Plata es un desafío fenomenal. Es un desafío hacia adentro porque a los primeros que hay que satisfacer es a los marplatenses. Es muy fácil satisfacer hacia afuera", explica Patrani.

Es que, según cuentan en el Emtur, "para cualquier destino del país completar 30.000 plazas es espectacular. Para Mar del Plata representa sólo el 10 por ciento de su capacidad de recepción".

Para Patrani la otra Mar del Plata, la Mar del Plata empobrecida, no incide en la industria turística. "Nadie exhibe turísticamente un barrio carenciado, pero tampoco hay paredones que lo oculten. Ocurre así en todos los lugares del mundo". Pero para Ayala hay que entender que el turismo también mutó: "Ya no se veranea tres meses, ni siquiera un mes, ahora uno sólo puede tomarse quince días. Las cifras indican que la ocupación de fin de semana tiene mucho éxito. Mar del Plata se estableció como una ciudad de todo el año y convoca turismo de negocios, de salud, de deportes y cultural. Dicen que el que tiene todo no tiene nada. Y bueno -dice el funcionario-, para bien o para mal, Mar del Plata tiene todo."

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