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Las voces ocultas

Cómo se preparan quienes les prestan sus cuerdas vocales a luminarias del cine y de la TV mundial
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6 de agosto de 2003  

No dicen "che" ni se refieren en rioplatense a la lluvia como "yubia" ni aspiran la letra ese como haría cualquier hijo de vecino argentino. Hablan de "tú", dicen " io quiero" y dan sonoridad a las eses como moscas voladoras. Aunque tampoco es posible reconocer en la nueva y ascendente camada de doblajistas argentinos un ápice de tonada mexicana, colombiana o venezolana. Para los más competitivos índices de calidad, la dinámica de la globalización hoy impone que cuanto menos se reconozca el origen de una voz, mejor.

Así, como cantando bajito, la industria de doblaje argentino que tuvo en los 80 su hito máximo con el doblaje de "El show de Benny Hill" compite hoy cómodamente en los mercados internacionales por su calidad y sus precios. Y de a poco se propone crecer hasta convertirse en una suerte de meca del doblaje para América latina como lo es hoy México, pionera desde hace cuarenta años en la industria.

Vale recordar que en los años sesenta la comedia "Yo quiero a Lucy" fue doblada en la Argentina por Canal 13 con una acentuación porteña que provocó tanto rechazo en el público que

No dicen "che" ni se refieren en rioplatense a la lluvia como "yubia" ni aspiran la letra ese como haría cualquier hijo de vecino argentino. Hablan de "tú", dicen " io quiero" y dan sonoridad a las eses como moscas voladoras. Aunque tampoco es posible reconocer en la nueva y ascendente camada de doblajistas argentinos un ápice de tonada mexicana, colombiana o venezolana. Para los más competitivos índices de calidad, la dinámica de la globalización hoy impone que cuanto menos se reconozca el origen de una voz, mejor.

Así, como cantando bajito, la industria de doblaje argentino que tuvo en los 80 su hito máximo con el doblaje de "El show de Benny Hill" compite hoy cómodamente en los mercados internacionales por su calidad y sus precios. Y de a poco se propone crecer hasta convertirse en una suerte de meca del doblaje para América latina como lo es hoy México, pionera desde hace cuarenta años en la industria.

Vale recordar que en los años sesenta la comedia "Yo quiero a Lucy" fue doblada en la Argentina por Canal 13 con una acentuación porteña que provocó tanto rechazo en el público que Goar Mestre decidió abandonar el intento de equiparar a México. Hoy, hasta la serie de producción nacional "Los simuladores", que se emite por Telefé, viajó a México doblada al neutro en un programa piloto, y ya fue comprada por Televisa, que seguramente la doblará en mexicano para su propio mercado.

Acento argentino

Si el control remoto del televisor se estaciona en alguna de las seis señales de Discovery Channel o en las de National Geographic, Fox Kids o Disney Channel se escuchará un buen elenco de voces argentinas que relatan, por ejemplo, cómo copulan los osos polares, o se adentran en los misterios más dolorosos de una operación quirúrgica de un deportista ignoto de Dakota del Norte.

Los doblajistas argentinos también van ocupando lugares en el cine: el film animé "El viaje de Chihiro", del director japonés Hayao Miyazaki, recientemente estrenado en la Argentina, fue doblado integrante en el país. Y no pasará mucho antes de que Disney doble todas sus películas animadas en la Argentina para su comercialización en el mercado latino.

Hay cinco empresas en Buenos Aires que se dedican al negocio del doblaje: Media ProCom por medio de Non Stop (que cuenta con siete salas de doblaje en un piso del edificio de Disney), Palmera Records, Videorecord SA, Video Dub, Civisa e Imagen Satelital. No sólo compiten entre ellas, sino que también se juegan en cada producto su lugar frente al resto de las realizaciones latinas.

Se calcula que en la Argentina hay un centenar de doblajistas, en comparación con los 600 que hay en México y cerca de mil en España. En la Argentina, estos trabajadores del doblaje capaces de darle nueva voz a Al Pacino para la televisión viven uno de sus mejores momentos laborales desde que la devaluación de la moneda local hizo que muchas compañías miraran hacia la Argentina para realizar el doblaje de sus productos.

Sus teléfonos celulares suenan en todo momento y ellos corren de doblar un film para niños para hacer la locución para una publicidad y hasta para poner sus voces en un film porno. Muchas veces se enteran del contenido de los films, de las historias o del carácter de su personaje frente al atril, con las imágenes de fondo. Doblar íntegramente una película puede llevar de tres a nueve días y costar aproximadamente unos tres mil dólares. Un programa de TV se puede doblar en sincronicidad con el que habla (la más cara de las opciones); en voice over (se escucha levemente el idioma original y se dobla encima lo más perfecto posible), o se puede hacer un "híbrido" (sólo se dobla el narrador y los testimoniales se subtitulan).

Ni actores ni locutores

Pero los doblajistas insisten en que son doblajistas, no actores ni creativos locutores. "No creo que la mayoría de los actores o la mayoría de los locutores pueda hacer doblaje, porque este oficio es un cóctel de técnica y arte", opina Hernán Chiozza, de 37 años, que en su currículum ostenta el haber doblado a Jim Carrey en "La máscara" para cine y video, a la Rana René para los 180 capítulos de "El show de los Muppets" y a un sapito que trabaja en el sauna de "El viaje de Chihiro".

¿Dónde se aprende el español neutro? Probablemente, la generaciones más jóvenes de doblajistas hayan comenzado su aprendizaje desde la cuna, siguiendo por televisión los dibujos animados y en las tardes de "Cine de superacción". Aun así, la práctica del neutro es otra cosa: "Cuando empecé a trabajar en doblaje tenía que meterme en los estudios para escuchar de costado a los más experimentados. A su vez, grababa los programas del canal Discovery para escucharlos en el walkman y que se me pegara el canto. Después fui aprendiendo con el trabajo. Ahora hay cursos, que en muchos casos damos nosotros porque la oferta laboral es cada vez mayor y las empresas necesitan más surtido de voces", cuenta Lucila Gómez, de 24 años, que voz dobló al personaje de la nena que protagoniza "El viaje de Chihiro". Su voz también acompañó alguna vez la imagen de Sharon Stone en "Simpático", la de Liz Hurley en "Austin Powers" y la de Kate Winslet en "El viaje de Julia".

Para muchos argentinos la idea del doblaje genera escozor. Imposible imaginar la vida cinematográfica bajo, por ejemplo, el proteccionismo español que hace más de cuarenta años impone el doblaje de todo film que se cruce por el cine o la TV en su propio territorio. Chiozza considera que en la Argentina deberían existir las dos opciones: doblaje y subtitulado, como sucede con las películas animadas que se estrenan en el país. "El doblaje fue una solución para paliar el tema del analfabetismo, y para las personas mayores o que tienen problemas visuales", dice Chiozza. "A veces en una película te perdés los gestos de un actor al tener que leer los subtítulos. Por otra parte, con el doblaje te perdés la voz de Pacino."

Por este rechazo cultural al doblaje en el cine, los dueños de la empresa Videorecord decidieron seguir la estrategia de no alertar a la crítica ni a los espectadores sobre el tratamiento del film japonés "El viaje de Chihiro". "Los argentinos somos muy críticos. Por eso queríamos que el público viera la película sin la advertencia del doblaje", explicó Gustavo Jepes, gerente técnico de la compañía, pionera en el doblaje en la Argentina cuando formaba parte de los laboratorios que doblaron para América latina a "El show de Benny Hill".

El presidente de Walt Disney para América latina, Diego Lerner, dijo a LA NACION que lo que está sucediendo actualmente en la Argentina "es el principio de una nueva industria". "En la época de la convertibilidad se importó todo tipo de equipos técnicos. Cuando el valor del dólar cambió, los servicios se ofrecieron a un costo menor. Por eso, hoy en la Argentina se ofrece una gran capacidad técnica, a un costo reducido, con una gran capacidad profesional y una capacidad extraordinaria de talento creativo", agregó. Así es como próximamente todo el doblaje de Disney Channel se hará en el país, "y nada nos impedirá que hagamos también en la Argentina el doblaje de los films animados. Porque hasta para encontrar voces que puedan interpretar a personajes como Mickey Mouse existe una gran capacidad actoral en el país".

Cada década

Los 60: Proartel dobló al castellano series como "Sargento Bilko", "Cuero crudo" (con la voz de Aldo Barbero como Clint Eastwood) y "Yo quiero a Lucy" (con la voz de Carmen Vallejos y un elenco de actores de radio: Barbero, Pepe Lastra, Mario Morets, Elbio Nessier, Marga de los Llanos y Julio Fontana).

Los 70: en los estudios Tecnolfilm, Phonalex y Solano se doblaron clásicos de la animación japonesa: "Jet Marte", "La princesa caballero", "La princesa de los mil años" y "Candy Candy".

Los 80: inicia sus actividades VideoRecord SA, donde se realizó el doblaje de "El show de Benny Hill" para toda América.

Los 90: con la era de los documentales la calidad del doblaje en la Argentina alcanza un nivel tan alto que el 50 por ciento del material de Discovery Channel, Discovery Health, Discovery Travel & Adventure, People & Arts, Animal Planet y National Geographic Channel es nacional.

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