La historia del Banco Ciudad, relatada en un novedoso museo

Impecable repaso de la relación entre la institución bancaria y su comunidad
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8 de agosto de 2003  

La inauguración del Museo Monte de Piedad, del Banco Ciudad, que se pondrá en marcha hoy, a las 18, en Boedo 870, es una muy buena noticia, que agrega una verdadera joya al patrimonio cultural de los porteños.

Joya porque, inteligente en su concepción y sin grandes artificios, logra con creces un cometido complejo: contar la historia de la relación del banco con la comunidad.

Y vaya si será interesante -y desconocida- esta historia de más de cien años que habla de una institución financiera que nació y logró ser exitosa movida por el noble objetivo de asistir a la población más humilde, algo no muy común en estos días.

Así las cosas, la visita comienza por el auditorio, sitio elegido para futuras muestras, conciertos y conferencias. "Para ser un foco cultural del sur de la ciudad", dice a LA NACION Ana van Raap, curadora y directora museológica. Aquí se exhibe un video pensado especialmente para los chicos sobre los conceptos básicos de un banco y la relación con su comunidad.

"Lo pensamos para ellos, porque lo que entienden los chicos lo entienden los grandes; nunca al revés", agrega Van Raap.

El siguiente paso es el puerto. En esta sala, las fotografías de los inmigrantes contrastan con una colección de valijas antiguas. "La idea es mostrar a qué tipo de población atendía el banco, a los más humildes", explica Van Raap. Y, entonces, el descubrimiento: lo que hoy es el Banco Ciudad se fundó en 1878 como Monte de Piedad, una institución que trabajaba sólo con préstamos pignatarios, es decir, con empeños.

"Nació para combatir a los usureros -dice Van Raap-. Estaba dirigido a los más humildes, pagandoles más dinero por los objetos y pidiéndoles bajos intereses por los rescates."

Bajo una vitrina, el Libro de Actas N° 1, de 1878, consigna que en la primera operación el Monte de Piedad pagó $ 250, por un objeto tasado en $ 500, a un tal Rubén Fernández, aunque no se aclara cuál fue el objeto empeñado.

De repente, entre el ir y venir de los preparativos para la inauguración, Van Raap da una orden a un compañero: "¡Mandame el efecto!". Entonces se apagan las luces de la sala y una enorme fotografía antigua de la fachada del Monte de Piedad -que funcionaba en Perú y Belgrano- se diluye y se convierte en una maqueta en tamaño natural del interior de la institución. De alguna manera, el visitante es transportado a la oficina de empeños de 1878, con maniquí de un empleado y todo.

La baranda abollada

Lo que sigue es la caracterización, a través de las distintas salas, del museo a lo largo de la historia, sin dejar de lado nunca las referencias a la comunidad. Se suceden entonces las bibliotecas y las herramientas de trabajo de los empleados, como sacapuntas, cuños de medallas, relojes fichadores, calculadoras a manivela y balanzas de precisión, entre muchos otros. En otra sala se reproduce el ambiente del café Biarritz y de la peña Pacha Camac, que funcionaron en este mismo edificio, congregando a la bohemia de Boedo de la primera mitad del siglo.

Finalmente, entre uniformes, vajilla y hasta la caja actual de un Banco Ciudad -con lector de código de barras incluido- se llega al archivo oral de la memoria, donde, auriculares mediantes, es posible escuchar viejas historias del banco contadas por sus empleados más antiguos.

Antes de la salida, todavía hay tiempo para utilizar las tres PC que reproducen un didáctico banco on line para los chicos, y para ver una baranda de bronce completamente abollada, llevada de la casa matriz de Florida y Sarmiento. "Quedó así por los martillazos de los ahorristas -dice Van Raap-. Representa otro momento de nuestra historia: la ruptura de la comunidad con los bancos."

Finalmente, la curadora explica que "éste es un museo de conceptos. Y uno de los principales es mostrar cómo, a través del bien público, se puede mejorar la calidad de vida".

El museo funcionará de lunes a viernes, de 10 a 17, y la entrada será gratuita.

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