La ingeniera liberal que prefirió ser diva y funcionaria de Menem

El ex presidente marcó un giro en su vida
Hugo Alconada Mon
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13 de agosto de 2003  

María Julia Alsogaray puede decir, a los 60 años, que lleva vividas dos vidas en una sola. Por lo menos, si se toma en cuenta que ayer pudo haber comenzado su tercera, tras quedar detenida en la Unidad Antiterrorista de la Policía Federal.

Cómo se explica, si no, que una ingeniera recatada, liberal y antiperonista se convirtiera luego en polifuncionaria menemista, flirteara con el vedettismo y los escándalos, y terminara por acumular un cuantioso patrimonio, una quincena de denuncias penales y cinco procesamientos.

El peso de la historia familiar en su trayectoria personal y profesional es elocuente, como hija y seguidora acérrima del ya mítico militar, político y economista Alvaro Alsogaray.

Unica entre varios hermanos, también afrontó una carrera profesional por entonces sólo de hombres. Se graduó de ingeniera en la Universidad Católica Argentina en 1969.

Se casó y tuvo dos hijos. Después de trabajar para el Servicio de Comercio Exterior de la Nación, con el regreso de la democracia se dedicó a la actividad partidaria en la Unión de Centro Democrático (Ucedé).

El partido fundado por su padre le sirvió de trampolín y de escuela política. Por entonces comenzaron sus enfrentamientos recurrentes con otra figura paradigmática de los años 80 y 90: Adelina Dalesio de Viola.

En 1985 ganó una banca como diputada nacional. Durante los siguientes tres años encarnó la oposición de centroderecha al gobierno de Raúl Alfonsín y el contrapunto del peronismo histórico.

"Era una díscola que, al final de la gestión de Alfonsín, nos pegaba por todos lados", recordó ayer un ex funcionario de aquella administración.

De aquellos años quedan algunos de sus proyectos legislativos, como el presentado en julio de 1986 en respuesta a la idea de trasladar la Capital Federal a Viedma. María Julia Alsogaray propuso ir más allá: establecer una capital "nómade", que sería trasladada cada cinco años para fomentar el "desarrollo integral" del país.

En octubre de 1988, a seis meses de las elecciones presidenciales de 1989, llegó a decir incluso que "votar por Angeloz (Eduardo, candidato de la UCR) es votar por Carlos Menem", al sostener que eran lo mismo y que sólo la Ucedé representaba una opción.

En mayo de 1989 aún mantenía su prédica antiperonista, al calificar de "falaces, disparatadas y ridículas" las versiones sobre un supuesto pacto liberal-peronista."En realidad, jamás se desmintió. Hay que reconocer que fue la primera que se dio cuenta de que Menem era algo muy distinto del peronismo histórico, de que era más cercano a la derecha de lo que todos los demás suponían", admitió el ex funcionario radical.

Ese punto de inflexión o, como dicen algunos de sus allegados, su "segunda vida", ocurrió en las nubes. Los responsables de las campañas presidenciales de los menemistas y de los liberales coincidieron en un avión.

"Si no recuerdo mal, fue en enero de 1989 cuando coincidieron en un vuelo a La Rioja y ella pudo conversar con Alberto Kohan, aunque para entonces ella ya había hecho su clic personal, que era visible en su vestuario, porque comenzó a mostrar más su cuerpo, sus piernas", recordó un antiguo partidario liberal.

A confesión de parte, eximición de prueba. En agosto de 1989, anunció que los electores logrados al salir tercera en las comicios por una senaduría apoyarían al peronista Eduardo Vaca, perdedor ante Fernando de la Rúa, para birlarle la banca.

Se transparentó el pacto con Menem y éste le encomendó la privatización de Entel, a la que se sumarían las de Somisa y del hotel Llao Llao.

Diva en el Riachuelo

Transformada al fin, en julio de 1990 salió en la portada de la revista Noticias con apenas un tapado de piel, mientras arreciaban las versiones sobre su separación y el supuesto "romance" con Menem.

En marzo de 1991 sostuvo que "toda mujer lleva una diva adentro, sólo tiene que dejarla salir". Pero también comenzaron a surgir las primeras denuncias y sus enfrentamientos con los ministros José Luis Manzano, Roberto Dromi y Domingo Cavallo.

"Era sólida. Equivocada y con dudosos principios morales, pero estudiosa y con agallas. La interpelación que le hicimos por la privatización de Entel duró siete horas y no se levantó ni una vez, ni siquiera para ir al baño", recordó un ex funcionario de la Alianza.

Luego comenzó su paulatino ostracismo, que se aceleró tras su gestión al frente de la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable. Prometió limpiar el Riachuelo en 1000 días, pero no pudo controlar los incendios forestales en el Sur ni, según su contador, su propio patrimonio.

El destino le jugó ahora una mala pasada, con dejos de ironía. Ella, que buscó con afán mostrar su lado más femenino, sexy en lo posible, debe compartir el único baño previsto en prisión con 10 hombres.

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