Suscriptor digital

Diminutivos y sobrenombres

Famosos que, ya crecidos, mantienen sus apodos del comienzo
(0)
18 de agosto de 2003  

Hace poco, en un programa de radio, la actriz Laura Bove se encrespó porque el conductor la llamó Laurita: "No, por favor, decime Laura. Ya soy abuela. Me lo merezco", explicó la actriz iniciada en la actuación cuando ni siquiera sabía leer. Y agregó: "Cuando me dicen Laurita pienso que me están negando un crecimiento". En otro programa, el director Cibrián Campoy, que creció como Pepito, aclaró que no le molestaba ser llamado así, porque se identificaba con el diminutivo. El también empezó cuando era un chico.

En un país en el que las trayectorias artísticas se adelantan o se prolongan de un modo igualmente antinatural, ahí están ocupando sus lugares, chiquititos o grandecitos, Pablito Rago y Marianito Mores; Pablito Codevila y Guillermito Fernández; Amelita Vargas y Juanito Belmonte; Anita Martínez, Juanita Viale y Marita Ballesteros.

***

Mas allá de que nos gusta y nos resulta afectivo ponerles diminutivos a las personas y a las cosas -no olvidar que en la Argentina se cimentó la leyenda del gran Carlitos-, conviene preguntarse hasta cuándo alguien es una promesa o una revelación. Por prepotencia de telenovelas y peso de vida vivida, Andreíta del Boca se convirtió en Andrea, así como otra ex niña prodigio, María del Carmen Valenzuela, dejó atrás su añeja identificación, Mariquita. Y así como muchos artistas achicaron sus identidades para empezar a ser grandes, no son pocos los que quedaron para siempre en la memoria colectiva amarrados a un sonoro sobrenombre, más allá de Negros y Negras, de Gordos y Flacos, de Lungos y Petisos, de Tanos y Rusos, que esos abundan en la consideración masiva.

Es evidente que no les ha ido nada mal presentándose como Gogo (Andreu) y Coco (Silly); Lito (Nebbia,Vitale) y Nito (Artaza, Mestre); Roly (Serrano) y Rolo (Puente); Mimí (Ardú, Pons) y Maru (Botana); Tato (Pavlovsky) y Tito (Cossa); Gabo (Correa) y Betty (Gambartes, Elizalde); Ronnie (Arias) y Ricky (Pashkus).

En un ambiente en el que las figuras más famosas casi han renunciado a sus apellidos (Mirtha y Susana, Mario y Marcelo,Víctor y León), también están los ejemplos de quienes hábilmente pudieron pilotear una simpática identidad de fantasía. Hoy cualquiera sabe de quién se está hablando cuando se escucha mencionar a China, a Norma, a Alfredo, a Teté o a Daddy.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?