Kirchner y Scioli, lejos de reconciliarse

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21 de agosto de 2003  

La penitencia de Néstor Kirchner para Daniel Scioli se cumplió ayer con rigidez: los principales ministros reprocharon en público la conducta del vicepresidente, a quien nadie del Gobierno llamó siquiera por teléfono para tramitar una reconciliación.

Los esfuerzos del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y de la primera plana del oficialismo por descartar que existiera riesgo de una crisis institucional tras el recorte anunciado el día anterior al poder de Scioli fueron acompañados por críticas para nada disimuladas.

"Aquí hubo unas declaraciones de un vicepresidente que se chocan de cuajo con las expresiones de todo un gobierno", dijo el jefe de Gabinete. Y agregó: "Un gobierno es un proyecto que define el Presidente y los que lo integramos no podemos estar cuestionando las políticas públicas. No somos opinadores".

Con igual contundencia, negó la posibilidad de que Scioli renuncie al cargo. La recomendación fue que "tiene que seguir cumpliendo las funciones que le corresponden al vicepresidente".

El ministro del Interior, Aníbal Fernández, reconoció que hubo "una colisión" entre Kirchner y Scioli, mientras el vocero presidencial, Miguel Núñez, y el secretario general, Oscar Parrilli, aportaron durante el día dichos que enfriaron más la relación. Ninguno de ellos habla ante la prensa sin consentimiento del Presidente.

El discurso oficial destacó que sólo el jefe del Estado tiene la facultad de decidir el rumbo de la administración y que no se va a tolerar una construcción de poder paralela dentro del oficialismo.

Nadie intentó siquiera dar un argumento distinto a que la remoción de toda la conducción de la Secretaría de Turismo y Deporte, que respondía a Scioli, fue consecuencia directa de las declaraciones del vicepresidente sobre el posible aumento de tarifas y sus críticas a la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final.

Gran preocupación

El conflicto en la cabeza del poder despertó una fuerte preocupación en el ambiente político y en especial entre los aliados del Gobierno. El ex presidente Eduardo Duhalde habló con varios de sus allegados y comentó su pesar por un cortocircuito de semejante magnitud a menos de tres meses de la asunción del gobierno.

"Está molesto con la conducta de Scioli, pero también cree que se debería recomponer la relación", sintetizó un diputado que dialogó con el líder del peronismo bonaerense. Anoche se especulaba en la posibilidad de una gestión duhaldista para promover una reconciliación.

El gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, una voz de peso en el peronismo, fue uno de los tantos dirigentes que pidió distensión. "Es mi deseo como argentino que tengamos un gobierno que se armonice, que resuelva problemas y que no haya conflictos", afirmó.

Quienes conocen a Kirchner creen que por el momento es altamente improbable que recupere la confianza en su vicepresidente, con quien -en realidad- nunca tuvo más que un trato superficial.

La actividad de uno y otro escenificó ayer la distancia que los separa.

A media mañana, Kirchner recibió por primera vez a la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que encabeza Luis Pagani.

Al terminar el encuentro, el jefe de Gabinete reafirmó que "sólo el Presidente" conduce la relación con los empresarios, en lo que se interpretó como un tiro por elevación a Scioli. En el Gobierno había caído pésimo que el vicepresidente abriese canales de diálogo con los ejecutivos sin haber pedido permiso.

Más tarde, el Presidente acompañó al jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, a recorrer una villa de emergencia en el sur de la ciudad (de lo que se informa en la página 16). No hizo referencia alguna a Scioli, que en ese momento participaba de un acto proselitista de Hilda de Duhalde, en Ramallo.

El vicepresidente quiso mostrarse optimista y minimizar lo ocurrido el día anterior. "No soy una persona de disenso sino de consenso. Acá no hay ninguna crisis institucional, no voy a renunciar", afirmó.

Unas horas después machacaría con ese último concepto al entrar en el Senado para conducir la sesión en la que se discutió la anulación de las leyes exculpatorias. Le resultaba difícil ocultar la cara de preocupación.

"Voy a seguir ocupándome de los problemas de la gente. Tengo mucha fe y esperanza", completó antes del debate parlamentario. Una frase que le sirve casi para cualquier ocasión.

También en la Casa Rosada hubo esfuerzos por descartar de plano el recuerdo de la salida de Carlos Alvarez del gobierno de Fernando de la Rúa.

"Los personajes son totalmente distintos. Acá no existe ningún riesgo de renuncia. No hay motivos para que eso ocurra y de ningún modo el Presidente le va a pedir la renuncia. A él también lo votó la gente para que ocupe el lugar que tiene. Dejemos el tema en eso", destacó Alberto Fernández.

Sin palabras

Por más que le preguntaron durante el día, el ministro se negó a anticipar cuándo se reestablecerá el diálogo entre el Presidente y su segundo.

Diversas fuentes consultadas en la Casa Rosada señalaron que Kirchner esperará por lo menos hasta que pase la ebullición del conflicto antes de permitir una reunión con Scioli.

"Después del gesto de autoridad de recuperar el control de la Secretaría de Turismo, no sería lógico buscar una reconciliación inmediata", explicó un ministro del gabinete.

La estrategia del Presidente consiste, por el momento, en esperar cómo se comporta Scioli en los próximos días.

En principio, le desagradó que ayer hiciera más declaraciones durante el acto de campaña de Hilda de Duhalde (que estaba agendado desde hace dos semanas), indicaron las fuentes del Gobierno.

Al cortar indefinidamente el diálogo con Scioli, Kirchner supone que desactivará cualquier plan del vicepresidente para construir poder propio.

Ya desautorizó las gestiones que pueda encabezar con líderes de las cámaras empresariales (a quienes difícilmente vuelva a recibir en su casa del Abasto) y vació de valor cualquier opinión que exponga sobre la marcha de la administración.

También cree que al quitar a Scioli el manejo de la Secretaría de Turismo y Deportes lo deja sin la plataforma desde la cual edificó su buena imagen pública.

El Gobierno confirmó ayer que el santacruceño Enrique Meyer reemplazará a Germán Pérez en la secretaría y trascendió que el ex futbolista Ubaldo Matildo Fillol sería subsecretario de Deportes. "El Presidente decidió retomar el control de una dependencia en la que creía necesario introducir cambios funcionales", explicó el ministro del Interior. Deslizó así que también disgustaba a Kirchner la forma en que se manejaba el área.

Uno de los miedos que alertaron al kirchnerismo en la actitud de Scioli es que sus desavenencias con la línea política y económica de la gestión pueda convertirlo en un imán para los opositores que deambulan en el peronismo, como Ramón Puerta o los ex seguidores de Carlos Menem.

Scioli dijo una y otra vez que no tiene proyectos contradictorios con los del Presidente. "Mi único interés consiste en que la Argentina recupere el empleo y la producción", repitió ayer, rodeado como nunca en su vida por un enjambre de periodistas que lo persiguió día y noche.

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