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Nadie creía en ellos y recaudaron un millón

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30 de agosto de 2003  

La historia es más o menos la siguiente: Manuel Sanabria y Carlos Villaverde, dos estudiantes de cine de Madrid, escriben a los 24 años un guión llamado "La fiesta" con el objetivo de rodarlo en video digital y casi sin presupuesto. La idea del dúo es recuperar el espíritu de las comedias juveniles estadounidenses de los años 80 (con "Porky´s" como principal referente) y apelar al humor absurdo e irreverente del director independiente norteamericano Kevin Smith ("Cajeros", "La otra cara del amor"). Esta mirada a las desventuras sentimentales de dos chicos y una muchacha que comparten un departamento para estudiantes transcurre durante tres días y el punto culminante es la celebración de una fiesta llena de enredos y desenfreno, que termina cambiando sus vidas.

Todos en contra

Ni siquiera los familiares de Sanabria y Villaverde parecen demasiado entusiasmados con el proyecto y recién 18 meses más tarde y tras ocho versiones del libreto consiguen reunir los 5700 euros necesarios para iniciar la producción.

Sanabria y Villaverde deciden hacer todo de manera más que artesanal: pegan carteles en las escuelas de cine convocando a un casting y, de los más de 400 aspirantes que se presentan, eligen a los seis protagonistas y a unos 20 actores secundarios. Todos tienen menos de 30 años y, al igual que los técnicos, aceptan trabajar gratis.

"La fiesta" se filma en 15 jornadas con travellings concretados con sillas de ruedas y los dos directores deciden llevarse el material a sus casas para trabajarlo en una pequeña computadora. Tardan medio año en armar una copia definitiva en VHS y empiezan a recorrer productoras y distribuidoras. Todos los ejecutivos los rechazan, algunos de muy mala manera.

A punto de abandonar definitivamente el intento tras un año de continuas frustraciones, Sanabria y Villaverde son invitados a participar en el festival de cine inédito de Madrid. Allí exhiben por primera vez en público "La fiesta" y la platea estalla en risas. Entre los asistentes se esconden los responsables de Buena Vista International España, la subsidiaria local del grupo Disney. Al día siguiente, los dos muchachos son convocados a las oficinas de la multinacional y firman un contrato impensado: Buena Vista aporta 150.000 dólares para mejorar el producto final y realizar la ampliación a 35 milímetros, y asegura además una importante campaña de marketing para su lanzamiento.

El dúo filma algunas escenas adicionales, añade nuevos títulos iniciales, elimina siete minutos para hacer más ágil la narración, mejora el sonido y, gracias a un acuerdo con la discográfica Warner, utiliza 38 temas de lo más granado del pop español (Los Piratas, Hombres G, Los Secretos, Celtas Cortos, Seguridad Social, Antonio Vega, Carlos Jean, Deluxe, Danza Invisible o Mojinos Escozíos) que se escuchan durante toda la fiesta.

"La película más barata en la historia del cine español", tal como se la promociona, fue lanzada por Buena Vista el 8 del actual en nada menos que 100 salas y con una inversión similar a la que la misma distribuidora había hecho para "El otro lado de la cama", la película ibérica más exitosa de 2002.

A casi un mes de iniciada su carrera comercial, "La fiesta" ya es "el" film español del verano con casi un millón de euros recaudados... y sigue sumando. La frescura de sus personajes y el lenguaje creíble de los diálogos, que apela a términos que utilizan hoy los jóvenes madrileños, son algunos de los argumentos que los especialistas esgrimen a la hora de analizar semejante fenómeno de complicidad entre el público y los realizadores.

En una entrevista publicada en La Luna, suplemento del diario El Mundo, Sanabria indicó que uno de los méritos principales "fue haber escrito un guión ajustado al presupuesto que teníamos, ya que todo transcurre en tres escenarios: un pub, un supermercado y un departamento. Apenas alcanzó para la comida y las luces".

Hoy, ambos cineastas tienen 28 años y les llueve todo tipo de tentadoras ofertas.

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