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Así despertó la leyenda

El seleccionado argentino surgió a la consideración internacional el 19 de junio de 1965, con un triunfo sobre los Junior Springboks por 11 a 6; fue el primer gran impacto de los Pumas
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2 de septiembre de 2003  

19 de junio de 1965. En el Ellis Park, la Argentina derrota a los Junior Springboks por 11 a 6, llevando al punto más alto de su historia, hasta ese momento, al rugby argentino. Desde ese día, cada jugador vestido con la camiseta celeste y blanca empezó a hacerle honor al animal que estaba bordado en el escudo que llevaba en el pecho: desde ese día, la palabra Puma comenzó a ser símbolo de garra, corazón y entrega. La pasión disfrutaba de su primer capítulo grande.

"Podría decirse que todo empezó en el Sudamericano de 1964, en San Pablo, cuando Danny Craven, en ese entonces el dueño del rugby en el mundo, nos ofreció hacer una gira. Nos parecía algo imposible, increíble, pero ganamos ese torneo por demolición y a la vuelta la invitación estaba hecha: en 1965, un seleccionado argentino iba a hacer su primera gira más allá del océano."

Aitor Otaño, capitán de ese equipo que marcó un antes y un después en el rugby nacional, recuerda todo con una precisión asombrosa. Cuenta que en Sudáfrica había cierta incredulidad por el rendimiento de los sudamericanos. "En la primavera del 64 llegó a la Argentina Izak van Heerden, del que podría decir que fue el padre de los Pumas. Los entrenadores eran Alberto Camardón y Angel Guastella. Me acuerdo de que el día del primer entrenamiento, en Gimnasia y Esgrima, llovía torrencialmente. En esa época, cuando había mal tiempo no hacíamos nada. Van Heerden llegó y vio que en la cancha no había nadie. Estábamos en el bar, jugando al truco. El tipo nos hizo cambiar inmediatamente. Fueron dos horas infernales de entrenamiento, con saltos de rana y cuerpo a tierra. Había cambiado el método; Van Heerden nos sometió a un trabajo inusual, de extrema dureza. Hacíamos doble turno, mañana y noche, y en el medio trabajábamos. Cuando llegaba a casa, mi mujer me ponía un cartel, al lado de la puerta, que decía: Estamos bien, los chicos crecen... Fue durísimo, pero vimos los resultados", dice Otaño.

Nicanor González del Solar, hoy periodista, fue otro de los hombres que alimentaron el mito. "Van Heerden se fue al poco tiempo. Camardón y Guastella preseleccionaron a 40 jugadores. Nos dieron las instrucciones de que en el verano no descuidáramos el físico. Por esos años, nadie se entrenaba entre diciembre y marzo. En el verano del 64 empecé a hacer el servicio militar. Cuando salía, me iba a San Fernando y allí me esperaban García Yáñez, Etchegaray y Foster. Subíamos las escaleras del edificio con uno arriba del hombro y las bajábamos sin carga."

Los recuerdos van y vienen. Van Heerden, el mentor, aparece en escena otra vez. "Era un ex entrenador de los Springboks, con imagen devaluada en su país. Por eso, él también tomaba la gira como un desafío. ¿Dinero? La gira la pagó Sudáfrica, pero yo me acuerdo de que tuve que vender una moto para pagarme unos gastos. Es más, viajé sin botines y me los compré en Rhodesia", comenta González del Solar.

"Unos 45 días antes de la salida, Van Heerden volvió a la Argentina. Sin regalarnos elogios, nos empezó a dar mucha confianza. Van a volver con no menos de la mitad de los puntos en disputa, decía; pero nosotros creíamos que era una utopía. Fue así que partimos rumbo a Rhodesia (hoy Zimbabwe); llegamos el día en el que Ian Smith, el hombre que provocó la ruptura política con Inglaterra, fue elegido presidente. Los dos primeros partidos fueron terribles y tuvimos que pagar el derecho de piso. Fue tan duro que de un saque, en el segundo encuentro, nos lesionaron a tres jugadores", prosigue Otaño.

González del Solar cuenta que era tanta la potencia de los adversarios que durante un partido Luis Gradin estaba a punto de embolsar una pelota cuando se encontró con tres adversarios de frente, en plena carrera. "En vez de tomarla, Lucho, ante la intimidación que le provocaban los rivales, la cabeceó al touch. El árbitro no sabía qué cobrar, porque esa acción no estaba en el reglamento. Finalmente, dio un line. A la vuelta, ese recuerdo me llevó a escribir un cuento: "Cuando la ovalada fue redonda".

La potencia física y el desleal roce que proponían los equipos anfitriones se transformaron en un tema crucial para los Pumas, según cuenta Otaño. "Nos juramentamos no dejarnos castigar más. Podían ganarnos, pero no llevarnos por delante. Fue así que empezamos a dar vuelta la historia. Jugábamos con equipos de los suburbios de las ciudades, pero el partido clave en lo anímico fue el triunfo ante Universidades del Sur, la fábrica de los tres cuartos de los Springboks. Los diarios titularon: Los Pumas destrozaron la cuna del rugby sudafricano", agrega Otaño, de 65 años, padre de tres hijos y abuelo de seis nietos, en la antesala del relato del momento cumbre: la victoria ante Junior Springboks.

"Ese día, los Springboks habían perdido por primera vez con Australia. La gente llenó el Ellis Park para ver ganar a Sudáfrica. Había 50.000 personas y por primera vez sentimos el público en contra. Antes del partido les dije a mis compañeros que no miraran las tribunas. En el fondo, pienso que ellos tuvieron más presión que nosotros. Apenas pasó un cuarto de hora y Pascual se tiró de palomita para anotar el try que pasó a la historia. El esfuerzo había dado sus frutos, enormes. Nos habíamos recibido de Pumas, nacía una escuela de vida que, por suerte, no perdió vigencia", afirma el capitán.

La historia no terminó allí. Al regreso a la Argentina por primera vez se sintió la fiebre Puma, cuando enfrentaron a Section Paloise, el campeón francés, en la sección Jorge Newbery, de Gimnasia y Esgrima. Tres días antes, los franceses habían jugado contra el CASI, prevaleciendo con rudeza y mala intención. Muchos recuerdan el rostro ensangrentado de Luis María Caña Varela.

El público quería limpiar esa afrenta. Ese sábado 24 de julio no cabía un alma en Palermo: había 12.000 hinchas rugiendo. Rápidamente, los argentinos frenaron la prepotencia francesa. Y, como un símbolo, Otaño, el gran capitán, marcó un try entrando en el in-goal con tres rivales colgados de su cuerpo.

Los Pumas fueron arrolladores. A tal punto que, durante el segundo tiempo, François Monclá, el capitán francés, se dirigió al palco donde estaba ubicado el embajador de su país para pedirle que intercediera a fin de que los argentinos aflojaran un poco; caso contrario, retiraría el equipo del campo de juego.

Ese día, Otaño se fue en andas. Ese día, los Pumas confirmaron su cepa. Ese día, se ganaron el corazón de la gente, agigantando una pasión inagotable.

Redacción: Alfredo Bernardi y Fernando Pedersen. Edición: Carlos Losauro, Daniel Arcucci, Claudio Cerviño y Eduardo Ahmar Dakno. Diseño: Alejandro Dufau. Edición fotográfica: Carlos Crusoe

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