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A mano con los All Blacks

De la mano de Hugo Porta, que logró todos los puntos, los Pumas consiguen en el estadio de Ferro el mejor resultado de su historia contra los All Blacks: 21-21
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16 de septiembre de 2003  

El 2 de noviembre de 1985 los Pumas consiguen en el estadio de Ferro Carril Oeste el mejor resultado de su historia contra el seleccionado de Nueva Zelanda; el empate 21 a 21 se concreta con una notable actuación de Hugo Porta, que marca todos los puntos argentinos, y con la unión y el coraje de un equipo que cerró de manera brillante esa temporada inolvidable.

Apenas cuatro meses después de las batallas que significaron los dos partidos contra el seleccionado francés en Ferro, los Pumas enfrentaban otro desafío extremo en esa temporada de 1985: llegaban al mismo escenario los poderosos All Blacks.

Después de la primera victoria de la historia ante Francia, el seleccionado gozaba de una gran popularidad. Había una gran expectativa para ver a los Pumas medirse con los neozelandeses y algo era seguro: la cancha estaría repleta en los dos test. Ferro empezaba a quedar chico para tanto entusiasmo.

El plantel que le haría frente a ese exigente cierre de temporada no tuvo demasiadas variantes en sus nombres, aunque Javier Miguens, uno de los que se había lucido contra los franceses, renunció por problemas de estudio (una cuestión muy común en aquellos tiempos). El puesto de medio scrum quedó entonces para un joven de Olivos que venía pidiendo cancha con sus actuaciones en el torneo local: Guillermo Holmgren.

La capitanía y el liderazgo indiscutido del equipo seguían estando en manos de Hugo Porta, que volvería a ser un protagonista central de esta historia. Los 21 puntos que brotaron de sus pies fueron una de las explicaciones de aquel memorable empate en el segundo partido de la serie. "Lo primero que me viene a la mente cuando me hablan de aquel partido es que no jugamos tan bien como lo habíamos hecho siete días antes, en el primer test. Es indudable que la fuerza que ejerce el resultado es muy importante a la hora de recordar aquellos enfrentamientos con los All Blacks. Tengo muy claro que en la derrota por 33 a 20 jugamos un rugby extraordinario y merecimos mejor suerte, pero en la memoria de todos quedará aquel empate en 21 puntos."

Porta, con la perspectiva más amplia que da el transcurso de los años, analiza el equipo y las circunstancias de aquellos choques con los hombres de negro: "Aquel equipo pretendía jugar un rugby dinámico y de ataque, y creo que tenía intérpretes como para hacerlo contra los mejores. Todos se acuerdan de la pelota que perdemos con el scrum avanzando en el último segundo del partido, pero para llegar a ese momento los Pumas exhibieron un montón de virtudes y fueron construyendo una actuación fenomenal. El resultado fue un empate contra el mejor equipo del mundo y lo mantuvimos con una formación a centímetros del in-goal rival, lo que tiene un mérito mayor.

"En ese segundo test sufrimos la gran superioridad de los All Blacks en el primer tiempo. Nos superaron en todos los sectores y nos marcaron tres tries, pero en el marcador la cosa no se veía tan despareja: nos fuimos al entretiempo abajo por 18 a 9. No hubo nada especial en la charla que tuvimos en el descanso. Con Pochola Silva tratamos de reforzar esa idea que teníamos de tratar sobre la base a entrega y solidaridad."

Porta, que en esa temporada fue reconocido como el mejor medio apertura del mundo, revive la sorprendente remontada de los Pumas para poner a los All Blacks contra las cuerdas: "Entramos al segundo tiempo metiendo mucha presión en toda la cancha. La manera en que dimos vuelta el resultado no tiene mucha explicación. Yo me sentía inspirado para intentar hacer puntos con el pie desde todos lados y no hice más que seguir mi instinto. Es como el basquetbolista que empieza a meter triples y no para; hay que seguir dándole la pelota. Metí tres drops y el último fue un poco insólito, en una posición esquinada y sobre la derecha. Es que no seguía ninguna lógica en el momento de decidir las patadas; simplemente lo hacía.

"Los All Blacks eran un equipo extraordinario. Yo era muy amigo de muchos de sus jugadores porque los había enfrentado antes y por los partidos había disputado en ese país con diferentes equipos invitación. Tenían una mezcla de experimentados y jóvenes que más tarde formarían aquel plantel fabuloso que ganó el Mundial del 87, con Kirwan, Fox, Kirk y los mellizos Whetton. Ellos hacían un rugby diferente del europeo: imponían más potencia y menos improvisación, y nuestro negocio estaba en sacarlos de esa estructura que ponían en movimiento y que les servía para desordenar y dominar a sus rivales", cuenta Porta, que después de acertar tres penales en el primer tiempo selló la igualdad en 21 con tres drops y otro penal sobre el final.

Los jugadores sólo fueron reconociendo el valor de ese empate contra los mismísimos All Blacks a medida que los ánimos se enfriaban y llegaba la hora del análisis. La primera sensación, una vez que el árbitro australiano Kerry Fitzgerald terminó el partido, fue de desazón por una victoria que estaba al alcance de la mano. Es que las acciones concluyeron con el famoso knock-on que cometió Ernesto Ure cuando el scrum se metía en el in goal neozelandés.

"Esa jugada es la que más se recuerda -comenta Porta-. Fue sin duda una gran oportunidad perdida. En el momento le dije de todo al pobre Flaco, por la desesperación lógica del momento, pero después le pedí disculpas en el vestuario. De ninguna manera fue responsabilidad de él que se escapara la victoria. Hace poco nos encontramos y recordamos esos momentos. Cuando terminó el partido pensé que era una chance única que se nos escapaba. Si uno se poné a repasar la historia de los enfrentamientos contra Nueva Zelanda, cree que ése era "el" momento para derrotarlos. Sin embargo, es probable que sigan apareciendo oportunidades como la que se presentó hace dos años, cuando los Pumas perdieron en la última jugada en la cancha de River. Alguna vez será."

El Flaco Ure, el protagonista principal de esa jugada, cuenta su versión: "Si tuviera que hacerlo otra vez, también levantaría la pelota del scrum para intentar hacer el try. Tuve la mala suerte de que se me cayó, pero no estoy arrepentido de haberlo hecho. Nadie me dijo nada después del partido. Ese era un grupo unido".

"Yo no iba a jugar esa serie -confiesa Ure-. Después de los partidos con Francia les dije a Hugo (Porta) y a Pochola (Silva) que no iba a formar parte de la serie con Nueva Zelanda porque tenía que rendir las últimas materias en la facultad. Pero en el medio se produjo la primera derrota de Buenos Aires en el Campeonato Argentino. A los pocos días, me llamó Hugo y me dijo: "Ernesto, necesitamos que juegues con los All Blacks". Y tres semanas antes del primer test comencé a entrenarme con el equipo."

Porta retoma el relato para destacar la importancia de Héctor Silva en la conducción de aquel exitoso plantel: "Para aquellos Pumas fue fundamental tener al frente a un hombre como Héctor Silva. No soy objetivo cuando analizo su actuación porque es uno de mis grandes amigos en el rugby. Pochola es importante en un grupo actuando como jugador, entrenador o dirigente. Es una personalidad que infunde respeto y aquel equipo tuvo su sello. Para mí, un momento perfecto en el rugby sería entrar en la cancha como capitán de los Pumas, tener a Pochola Silva como entrenador, y conseguir un triunfo contra los All Blacks. Más no puedo pedir, y estuve muy cerca de lograrlo".

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