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Primer vuelo de SW-Lafsa

Está previsto para el 3 del mes próximo; toman a 200 empleados de LAPA y Dinar
Francisco Olivera
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18 de septiembre de 2003  

El primer avión con los logotipos de Southern Winds (SW) y Lafsa, la empresa aérea estatal creada por el gobierno de Eduardo Duhalde, despegará probablemente el 3 del mes próximo hacia San Miguel de Tucumán, Río Gallegos y Comodoro Rivadavia. Así lo afirmaron ayer las autoridades de ambas aerolíneas, que anunciaron además la incorporación de dos aviones Boeing 737, que se sumarán a los tres que tiene hoy SW para el mercado de cabotaje.

Estas dos nuevas aeronaves permitirán empezar a concretar el objetivo que se propuso este convenio desde el momento en que se ideó: incorporar a los 850 empleados de LAPA y Dinar que esperan en tierra desde hace cuatro meses, tras el cierre de ambas empresas. La otra condición del acuerdo es que el Estado pagará a Southern Winds hasta 3,2 millones de pesos por mes en combustible.

Alberto Bidart, presidente de Lafsa, dijo ayer a LA NACION que la medida permitiría que unos 200 empleados comiencen a trabajar en la firma en los próximos días. "Otros 100 van a sumarse cuando llegue el tercer avión, y otros 50, cuando rehabilitemos el taller que era de LAPA", expresó. Bidart proyecta que a fines de año podrá contar con siete u ocho unidades, lo que se acerca bastante a las 10 que obliga el convenio.

El papel de Eurnekian

El alquiler de los dos 737 anunciados ayer estará a cargo de SW, tal como fija el documento firmado por el presidente Néstor Kirchner. La operación presenta una particularidad: se trata de aeronaves que utilizó LAPA y que pertenecían a las empresas de leasing Patagonia Air Company, Santa Fe Air Company, La Pampa Air Company y La Rioja Air Company. Parte de los paquetes accionarios de esas firmas pertenecen al empresario Eduardo Eurnekian, que tiene también el 30 por ciento de SW.

A simple vista, parecería que es el propio Eurnekian el que se alquila a sí mismo, por lo que la locación no tendría costo para SW. Maggio aclaró ayer que, si bien los dos aviones habían pertenecido a LAPA, el contrato se hacía a través de la compañía de leasing Apolo Aviation, con sede en Miami, cuyo dueño es un empresario norteamericano.

LAPA utilizaba además un tercer avión, pero no está todavía en condiciones de sumarse a SW: está desguazado y llevará algún tiempo repararlo. Ayer, Maggio dijo que llegaría a fines de octubre.

Con todo, las operaciones tendrán cierto grado de riesgo económico, al menos durante los primeros meses, porque aún no están creadas las partidas presupuestarias en cada ministerio, lo que hace que el dinero del acuerdo no haya llegado todavía a pagar el combustible. En estos momentos, Southern Winds vuela gracias a una concesión que le hace la compañía Repsol YPF, que suministra su producto JP1 gratis, mientras espera que llegue el referido monto.

Hasta ayer, la deuda del Estado con Repsol YPF por el combustible de SW ascendía casi a $ 2 millones. Un pedido de espera del ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, a las autoridades de la empresa de capitales españoles permitió la continuidad de SW. La situación no significa por ahora un inconveniente para la petrolera, que puede descontar el monto más adelante, en el momento de pagar el impuesto a las exportaciones. Pero podría generar mayor tensión si los ministerios de Economía y Defensa y Planificación Federal -accionistas de Lafsa- no apuran las cosas.

El otro problema por resolver involucra a los empleados. Por un lado, SW tiene unos 150 trabajadores suspendidos con goce de sueldo y obra social, pero que esperan volver a la actividad. Maggio explicó a LA NACION que uno de sus proyectos era adquirir aeronaves turbohélices que, después de la crisis mundial, tenían un precio bajo en los Estados Unidos y podrán ocupar a los suspendidos. "Pero si eso no ocurre, con los 737 van a ser tomados de a poco, junto con los de LAPA y Dinar", agregó.

Hay, además, otro costado complejo: el del personal de LAPA y Dinar que aún no fue siquiera convocado. Son unas 100 personas que no recibieron la comunicación de los gremios, y que podrán también hacer oír sus quejas si se sienten discriminadas.

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