Poesía en contacto

PUENTES/PONTES Selección de Jorge Monteleone y Heloísa Buarque de Hollanda-(Fondo de Cultura Económica)-540 páginas-($ 39)
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21 de septiembre de 2003  

En nuestros días posmodernos, las antologías pueden ser ñcomo indica Heloisa Buarque, responsable de la selección de textos brasileños de Puentes/Pontes ñ un gesto teórico, un impulso de registro histórico o un ejercicio particular de lectura. En todo caso, un recorte que sabe de su potencial arbitrariedad y de la subjetividad de su antólogo. Como en una partida de ajedrez, las aperturas y desarrollos posibles son múltiples, pero se hace necesario definir una estrategia.

Esta singular colección bilingüe no escapa a la regla. Sin embargo es más que una simple antología. Contiene una cantidad de poemas considerable, pero no pretende sentar precedentes definitivos. Busca poner en contacto dos corpus poéticos singularmente distintos (la poesía argentina y la brasileña) y tiende puentes entre ellos, pero es al lector al que compete usufructuar esa rara obra de ingeniería civil para, mientras la atraviesa, encontrar posibles correspondencias.

En términos culturales, la cercanía geográfica no garantiza ninguna clase de vínculo profundo. La relación de las literaturas argentina y brasileña son un claro ejemplo. Hay grandes nombres que suelen ser leídos de uno y otro lado (Drummond de Andrade o Borges), pero las obras de otros autores de relieve apenas circulan en uno y otro país. Tal vez por eso, para salvar una brecha tan abismal, Puentes/Pontes se propone como una suerte de Jano bifronte: no pretende forzar un diálogo, sino dejar que dos antologías poéticas autónomas interactuén por contraste. Es también un libro ambicioso: cada apartado incluye 25 poetas, nacidos entre 1920 y 1950.

Para corroborar que ambas secciones son autónomas basta cotejar los criterios de selección utilizados por Jorge Monteleone, antólogo de los poemas argentinos, y la ya nombrada Heloisa Buarque.

Monteleone opta por armar una trama de lecturas "que remite más a su actualidad (la de los poetas) que a su genealogía." Vale decir, dar preminencia al peso de la obra individual y a su influencia sobre el campo de la poesía que se lee y produce hoy. El método de Buarque, por el contrario, hace hincapié en la relación de la obra con la historia: lo que le interesa es ver cómo se posicionan los poetas brasileños en relación a la decisiva tradición modernista inaugurada en 1922 y de qué modo intentan reapropiársela.

Monteleone pone el acento en las poéticas personales. En su prólogo , emparenta a los diversos autores según algunos de sus rasgos más notorios (aquellos que priorizan lo biográfico y la memoria; los que consideran el espacio poético como terreno sagrado; aquellos que contemplan el mundo y los objetos con una mirada personal y desapasionada). Su elección es amplia y con múltiples registros. No faltan los poetas insoslayables (Alberto Girri, Alejandra Pizarnik, Joaquín Giannuzi, Juan Gelman, Olga Orozco, Roberto Juarroz), otros de valía que antologías menos sustanciosas se dan el lujo de postergar (César Fernández Moreno; Francisco Madariaga, Amelia Biagioni) y también los nombres actuales que han despertado el fervor crítico en las últimas décadas (Hugo Padeletti, Leónidas Lamborghini, Arturo Carrera). El toque personal está dado en la elección de los autores, por llamarlos de algún modo, inesperados. Entre esos hallazgos, en los que se ve la amplitud de criterio y el talento del antólogo, se destacan las voces de Susana Thénon (particularmente la inclusión del "Poema con traducción simultánea español-español") o Diana Bellesi, pero también la de una poeta mucho menos conocida como María del Carmen Colombo. O, por nombrar otros dos casos, la inclusión completa del último poemario de Héctor Viel Temperley, Hospital Británico, junto al rescate del delicado, parquísimo rosarino Aldo Oliva.

Heloisa Buarque, por su parte, opta por una selección mucho más heterogénea en la que se intercalan lo que denomina "poetas universales" y "poetas contextuales" (aquellos atados a un tiempo y una coyuntura histórica precisa). Esta decisión encuentra fundamento en la extrema singularidad del movimiento poético brasileño. A diferencia de la mayor independencia de sus pares argentinos frente a escuelas o tendencias, resulta imposible que un poeta brasileño no se haya visto obligado a tomar posición frente al modernismo que, con la célebre frase de Oswald de Andrade ("Sólo la antropofagia nos une"), marcó a fuego toda actividad poética del siglo XX en Brasil. No hubo en ningún otro país una vanguardia que haya calado tan hondo en su intento de conciliar novedad estética y cultura popular para fundar un arte nacional.

La metodología de Buarque implica decisiones extremas: dejar de lado a un brillante exponente del alto modernismo como Joao Cabral de Neto (que nació en 1920 y por tanto no contradice el período que trabaja la antología) o descartar algunos poemas fundamentales que, al menos para un lector argentino, no son necesariamente conocidos. Por ejemplo: no hay siquiera un fragmento del "Poema sujo", de Ferreira Gullar, aquel largo texto escrito en Buenos Aires, en 1975, que alcanzó una popularidad tal que obligó a la dictadura brasileña a permitirle al poeta exiliado el regreso a su país. Del recientemente fallecido Haroldo de Campos se privilegian los últimos poemas en detrimento de los celebrados "Ajedrez de estrellas" o de "Galaxias".

Sin embargo, estas ausencias le permiten a Buarque abrir el juego y dejar que salgan a la superficie bloques de un témpano poético novedoso y extraño. La inclusión de Mario Faustino, tempranamente muerto en 1962, nos hace ver por qué era considerado una de las máximas esperanzas de la literatura brasileña, con su original y torrencial uso de la métrica y de la sonoridad de las palabras. La excelente selección de versos de Ana Cristina César también permite adentrarse en la obra de la mítica poeta suicida, fallecida en 1983, a los 31 años, y que escribió entre tantas hermosas líneas la siguiente: "Te presento a la mujer más discreta/del mundo: la que no tiene ningún secreto".

El resto del apartado brasileño contiene páginas de escritores mucho menos conocidos aún, siempre siguiendo de cerca su linaje dentro de la tradición: pueden encontrarse exponentes de la vertiente más experimental del modernismo, pasando por el concretismo de fines de los 50 (Affonso Avila o José Paulo Paes), la generación que hace un balance de esa tradición incorporando el compromiso político (Duda Machado o Paulo Leminski), los representantes setentistas de la autodenominada poesía marginal (Francisco Alvim, Roberto Piva) o casos individuales como el de Paulo Henriques Britos. Mención aparte merecen las mujeres, que no dejan de interactuar con sus célebres antecesores, pero desde una posición más personal e intimista (además de César, Hilda Hilst, Lidia Coelho o Elisabeth Veiga).

Puentes/Pontes es, de este modo, una antología rara, productiva, que va más allá de sí misma, que invita a interrogarse por el mundo invisible que se extiende más allá de lo que contiene: el de una poética tan cercana (para los lectores argentinos, la brasileña; para los brasileños, la argentina), diferente e injustamente ignorada.

Queda algo por destacar: la calidad de las diversas traducciones y la hermosa edición, cómoda a pesar de su formato intimidante.

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