El faro de Quequén brilla como una estrella

Los encantos nunca se apagan en este lugar de la costa
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21 de septiembre de 2003  

QUEQUEN, Buenos Aires.- Siete kilómetros antes de las ventosas playas de Necochea, la costa argentina tiene un centinela que ha sentido su amor propio herido. Es el longevo faro Quequén, que ya acumula 82 cumpleaños y se encamina hacia la lista de los faros centenarios.

Es cierto, el de Quequén no tuvo un lugar protagónico en la nota sobre los 61 faros de la costa atlántica publicada en este suplemento el 24 de agosto último. Sin embargo, ausencia no es olvido ni omisión.

En todo caso, no pudo ser esa vez porque no respondía a los parámetros temáticos de esa investigación (los faros centenarios, los más visitados, los más extraños y los más aislados).

Si el misterio del faro del Fin del Mundo subyugó a escritores lejanos como Julio Verne, el de Quequén parece encandilar a los cineastas. En torno de él Mario Soffici filmó algunas escenas de La dama y el mar , con Zully Moreno. Javier Torre lo eligió en El camino de los sueños , y Teo Kofman para su historia de dos hermanos marginales en Los perros de la noche .

Pasando el Monumento a los Caídos en Malvinas y la Estación Hidrobiológica, un camino no asfaltado, pero que puede transitarse bien conduce a terrenos que oportunamente fueron sembrados con 5000 eucaliptus y 50.000 tamariscos para que el agua no los devorara.

Vista desde lo alto

Justamente allí, en donde el río Quequén se abraza con el mar Argentino, crecieron el faro y el puerto, con una familia en común: el personal de la Armada Argentina que vela por el faro controla también las balizas del puerto.

El faro es una columna de mampostería de 34 metros, y está emplazado sobre un terreno alto que eleva su luz a 64 metros sobre el nivel del mar. Así, es un vigía de toda la actividad portuaria.

Dos familias y varios solteros viven en él. Todos los días, alguno de ellos recibirá de buen grado a los turistas que se animen a la escalera de 163 peldaños que conduce hasta la garita, desde donde se aprecia el parque que lo rodea, el movimiento de los barcos en el puerto y toda la extensión costera de Necochea. La entrada cuesta $ 2.

Aunque los vientos marinos y los achaques de la tercera edad no pudieron con él, sus clásicas franjas (negra, blanca, negra) necesitan una mano de pintura y algunas refacciones.

El capitán Carlos Alberto Marti, cuya jurisdicción se encuentra el faro de Quequén, o cualquiera de los padres adoptivos que cuidan de él, recibirían de buen grado cualquier ayuda estatal o privada para que este coqueto faro octogenario siga brillante y enhiesto, como se lo merece.

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